Buscando a Nemo: una alusión al suicidio 

Una huella generacional

Buscando a Nemo (2003) es una película importante para mí, pues, aunque aún era una bebé que no comprendía su entorno, fue la primera película que mis papás me llevaron a ver al cine. Así que, por puro acto de fe en lo que mi mamá me contaba, crecí guardándole un lugar especial en el corazón a la película que, de alguna forma, fungió como mi iniciación cinéfila.

Conforme fui creciendo, seguí viéndola, de la mano de la prima con la que me crié como una hermana. Siempre disfruté mucho de la historia, especialmente la adrenalina que me hacía sentir la escena de persecución con los tiburones. Pero, claro está, a esto le preceden un par de escenas llenas de tensión y una atmósfera de silencio: la primera, la muerte de Coral; la segunda, el momento en que Nemo es raptado. Y es esta segunda escena la que hacía a mi prima llorar con todo su corazón. Yo sabía que Nemo estaba siendo separado de su padre -su única familia- y su mundo. Pero tenía la certeza de que, al final, todo se iba a resolver. Simplemente no podía entender el nivel de empatía que ella ejercía con ese par de peces, al imaginarse que se trataba de ser separada de su papá.

Un viaje y una nueva visualización

Perdí la cuenta de las veces que vi esta película de niña, pero creo que fue a partir de los catorce o quince que hice una pausa de varios años sin verla. No fue sino hasta el verano de 2022, en un vuelo de Madrid a Ciudad de México, sentada justo en medio de la cabina y sin mucho que hacer en las alturas, que decidí revisar el catálogo del avión. Me alegró encontrar una película que representaba un lugar seguro, así que decidí verla nuevamente.

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Quizás mi experiencia personal no parezca tan relevante, pero sin duda influyó de manera directa en la nueva percepción que tuve de la cinta. Casi toda la vida, mis papás quisieron tener un control cercano sobre mí, temiendo cualquier amenaza que pudiera estar -literalmente- a la vuelta de la esquina. Al crecer, este nivel de protección empezó a sentirse enfermizo y abrumador para quien desempeña el papel de hija sobreprotegida. Así que sí, tuve mi época de rebeldía en la adolescencia, que se sintió como una gran bocanada de libertad una vez que me fui a la universidad. Y fue durante esa época que decidí emprender un viaje a España por mi cuenta. Yo, la niña que siempre fue tímida, callada y temerosa. De más está decir que mi mamá casi no durmió todos esos días por pensar que me pudiera pasar algo. No me di cuenta en su momento, pero yo también estaba contagiada por lo mismo que, en su momento, invadió el espíritu explorador de Nemo.

Marlín: un personaje marcado por la pérdida
Ahora bien, ¿qué hay detrás de un padre sobreprotector? O, incluso de manera más general, ¿qué hay detrás del miedo? Sabemos que es una emoción natural que surge ante una amenaza, y que se supone debería movilizarnos a actuar para evitar el daño. Pero muchas veces este miedo se vuelve paralizante para nuestra vida y, de forma indirecta, también para la vida de los demás. Y cuando esa amenaza realmente se cumple, no hace más que reforzar actitudes nocivas que terminan limitándonos.

Marlín es el ejemplo perfecto de esto. Su vida da un giro de 180° cuando, en lo que parecía ser un hermoso día junto a su esposa Coral, cerca del nido de huevecillos que serían sus hijos, aparece un pez barracuda que le arrebata todo en un instante. O bueno, casi todo, ya que al final Marlín se da cuenta de que no lo ha perdido todo: queda un solo huevecillo, al que decide llamar “Nemo”. Desde ese momento, todo su amor, su atención y su apego se concentran en él.
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Los años pasan y la siguiente escena nos muestra la dinámica familiar entre ambos. Nemo, un niño con capacidades diferentes al tener una aleta más pequeña como consecuencia del incidente, vive emocionado por su primer día de clases. Pero para Marlín, todo es ansiedad. Para él, el mundo simplemente no está hecho para su hijo, y no piensa arriesgarse a perder lo único que le queda en la vida, a quien ha dedicado su existencia por completo.
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El momento clave: la escena en la zona de pesca
De vuelta a esa ocasión en que la vi nuevamente en el avión: fue esta escena la que me quebró por completo. Tuve que aguantarme las ganas de llorar en medio de dos desconocidos. No podía creer cómo una escena que había visto tantas veces en el pasado ahora tenía un significado completamente distinto.

Ya todos conocemos la historia desde que Nemo es raptado, hasta la odisea que Marlín emprende para encontrarlo. Y cómo, en un momento falso, Marlín cree ver a Nemo muerto, desechado en un inodoro. Esto le hace perder no solo el sentido de su búsqueda, sino el sentido de todo. Empieza a nadar, y yo creía que lo hacía sin rumbo, hasta que acaba en una zona de pesca. No fue sino hasta que humanicé la situación que comprendí que Marlín estaba perfectamente consciente de su destino: quería acabar con su vida.

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La alusión al suicidio: una lectura adulta
Esta escena está tan bien ejecutada que trata el tema del suicidio de una forma cuidadosa, sin necesidad de explicitarlo, razón por la que nunca lo percibí así de niña. Es una escena que solo cobra verdadera fuerza al madurar. Pero, claro está, siempre he visto esta película desde mi experiencia como hija, así que lo primero que hice fue contactar a mi mamá para desahogarme de la carga emocional que acababa de experimentar. Resultó que ella siempre lo había interpretado de esa manera.

La importancia de Dory
La historia de Buscando a Nemo da para mucho análisis en sus personajes, y uno que no pasa desapercibido (al nivel de que años después tuvo su propia película) es el pez cirujano Dory. Al igual que Marlín y Nemo, ha sido marginada por la vida, pero ha sido igualmente resiliente a su manera. Se nos presenta como una mujer distraída y divertida, con un problema neurológico asociado a la pérdida de memoria a corto plazo, lo cual la limita en su día a día.

Ella se encuentra sola, no recuerda a su familia, pero encuentra un sentido de pertenencia en su amistad con Marlín y en su adhesión a la misión de encontrar a su hijo. Pese a sus limitaciones, Dory funge como un ancla emocional que mantiene viva la esperanza y juega un papel crucial en momentos decisivos, especialmente para evitar no solo la muerte de Marlín, sino también la de muchos otros peces que nadaban directo a la red de pesca. Gracias a ella, padre e hijo logran reunirse.

Teoría sobre Dory cambia historia de Buscando a Nemo

Reflexión final
Buscando a Nemo me enseñó muchas cosas cuando era niña, pero también me habló de nuevas formas cuando crecí. Entendí que Marlín no solo era un padre sobreprotector, sino alguien que había amado y perdido tanto que el miedo se volvió su única brújula. Entendí que Nemo, como muchos de nosotros, necesitaba probarse a sí mismo para descubrir quién era fuera del nido. Y entendí que Dory, con todo lo que carga, eligió siempre seguir nadando, porque a veces eso es lo único que podemos hacer.

Ahora, cuando pienso en esta película, ya no la veo solo como una historia entrañable de Pixar, sino como una representación honesta del duelo, del miedo, del crecimiento y de la necesidad de dejar ir. Y qué increíble es cuando una película crece contigo y sigue revelándote cosas, una escena a la vez.

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