"Mi amigo el monstruo" — Una historia sobre la amistad, la empatía y el valor 

--

Mi amigo el monstruo

Cuando era pequeño, tenía miedo de muchas cosas: los truenos, la oscuridad, y sobre todo, los monstruos. Cada noche antes de dormir, revisaba debajo de la cama, dentro del armario y detrás de la cortina. Aun así, mi imaginación siempre encontraba una forma de asustarme.

Una noche de tormenta, todo cambió.

El viento aullaba y la lluvia golpeaba la ventana con fuerza. Estaba en mi cama, tapado hasta la cabeza, cuando escuché un ruido extraño. Era como un crujido… seguido de un estornudo gigantesco.

—¡AACHÚ!

Salté en la cama, asustado, y miré hacia el armario. La puerta estaba entreabierta, y de ella salió una figura grande, peluda y azul. Tenía cuernos pequeños, ojos redondos y una sonrisa tímida.

—¿Tienes un pañuelo? —me preguntó con voz ronca.

No sabía si gritar o correr, pero algo en él me pareció… triste. Le pasé un pañuelo de papel. Se sonó la nariz con un sonido tan fuerte que movió mi lámpara.

—Gracias. Soy Grufo. Vivo en tu armario, pero cuando llueve se me moja todo y tengo que salir.

Me quedé callado. ¿Un monstruo azul y resfriado? No era como los de mis pesadillas. Se sentó en el suelo, encogido como si tuviera frío.

—No quiero asustarte. Solo busco un lugar seco y tal vez… compañía.

Esa noche, hablamos por horas. Me contó que venía del Mundo Monstruoso, un lugar secreto donde viven criaturas raras, pero amables. Me explicó que los monstruos no son malos, solo incomprendidos. Algunos son tímidos, otros sensibles al ruido o al frío. A veces, se esconden porque temen que los humanos no los acepten.

—¿Y tú por qué estás en mi armario? —le pregunté.

—Porque tú no gritaste —me respondió con una sonrisa.

Desde ese día, Grufo se convirtió en mi mejor amigo. Venía cada vez que llovía. Jugábamos con linternas, construíamos fortalezas de almohadas, y él me contaba historias sobre monstruos que comían libros en vez de dulces o que pintaban cuadros con tinta mágica.

Poco a poco, dejé de tener miedo. Grufo me enseñó que lo desconocido no siempre es peligroso, y que muchas veces, los temores desaparecen cuando los enfrentamos con un corazón abierto.

Una noche, Grufo dejó de venir. Lo esperé durante semanas, pero no apareció. Justo cuando empezaba a pensar que todo había sido un sueño, escuché otro gran estornudo.

—¡Grufo! —corrí hacia él.

Estaba ahí, más peludo que nunca y con una sonrisa enorme.

—Tuve que volver al Mundo Monstruoso. Había monstruos que ya no recordaban cómo jugar. Fui a enseñarles.

Esa noche, jugamos como si nunca se hubiera ido.

Desde entonces, cada vez que llueve, dejo la puerta del armario entreabierta. Porque sé que mi amigo el monstruo regresará.

Y a veces todavía le dejo un pañuelo, por si acaso.

Y aunque ya no tengo miedo de la oscuridad, todavía dejo una esquina de la manta levantada… por si mi amigo quiere acurrucarse al lado.

Porque los monstruos también necesitan amigos.
Con quién puedan hablar y socializar

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.