Mi amigo no es un mounstro  

Era mediados de enero y yo estaba en desacuerdo con ir siempre a la escuela, todos los días era ese problema. Y siempre me metían miedo de quedarme pobre e inculta y me hacían referencias a personas que se veían en las calles, obvio a mi no me importaba, pero un día en un arrebato de ira; no quería entrar ni estar en la escuela, me escape y era puro monte y cerros, allá jugué con tierra, busque bichos, me acosté viendo el cielo y luego un extraño ruido no podía precisar tanto ruido y de dónde provenía, parecía un rugido y ya no me agradaba. Tenía miedo podía ser un animal salvaje, podría comerme, mis piernas empezaron a temblar, mi corazón se aceleró y mi respiración era más rápida de lo normal, iba a entrar en pánico, hasta que lo vi, sinceramente no se que vi, pero era alto, fornido, feo, horrible, tenía cuatro brazos y era del color de la tierra, gruñia fuerte. Me iba a comer como un pollo frito y brinco despiadadamente y yo me agache aterrada pensando aquí quedé. Escuché los gruñidos de un gran gato en una pelea feroz, el ser color tierra tenía con sus poderosos cuatro brazos agarrado al enorme gato, un lince, un malvado lince que me quería como su almuerzo. Fue con tanta fuerza que agarro al lince y que le hizo sentir toda su poder que el gato huyó, el ser de cuatro brazos me miró y vio que estaba bien, asustada, sin palabras y respirando muy rápido. Su mirada era humana como diciendo estás bien, me voy y se fue. Regresé a la escuela los profesores y el director me buscan asustados ya iban a llamar a la policía por causa de mi ausencia. Todo quedó en un susto para ellos y yo sin poder contar el caso extraño que me pasó. Hablaron con mi mamá y se acabó el mundo para mí; castigada por un siglo, presa en mi cuarto, sin televisión, sin celular, sin amigos. Había cometido un pecado mortal desaparecer de la escuela y poner en angustias al personal interno ya que son responsables dei bienestar y yo sin poder contar que iba a ser el almuerzo de un enorme lince. Pase mi castigo esperando retomar mi vida y recordando el suceso de enero ya en febrero decidí que debía portarme bien y no hacer de las mías, aunque ese ser gigantesco se comportó como un protector y amigo aún le temo, pero más le temor al lince que no sabía que esos gatos andaban por ahí tan cerca a la escuela y nadie se dió de cuenta. No quería volver a ver esos ojos amarillos y ese pelaje color tierra del mounstro que me salvó, era un amigo protector, pero mi terror a lo extraño es más profundo y creo que él se dio de cuenta de eso. Es un ser muy inteligente, tal vez no sea un animal he oido de extraterrestres que vienen a la tierra y también que el mismo ser humano desconoce que se oculta dentro de las montañas y cuevas intrincadas. Sea lo que sea me salvó y cambio mi mente, creo en lo que antes no creía o no sabía que existía, pienso también que sea un Yeti, ¡pero este tenía cuatro brazos! Tal vez cuando sea mayor aparezca o sepa noticias de él, por alguna fuente de información. Cuando veo en la televisión o el cine cuentos de mounstro en películas animadas, mi corazón salta de emoción y ya no las veo como fantasía, si no como una realidad enmascarada. Ahora las películas de mounstros son mis preferidas y recuerdo como si ese día fuera ayer, esos ojos amarillos muy humanos que me decían: yo no soy un mounstro. Por eso siempre pienso y me reafirmó esa idea de que mi amigo no es un mounstro.

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