Continuando con la consigna del desafío cinéfilo sobre películas que predijeron el futuro, quiero adentrarme sobre cuál sería la intención en aquellas proyecciones sensacionalistas sobre nuestro futuro. No importa si se trata sobre la I.A., regímenes totalitarios o pandemias genocidas, la intervención de una élite que actúa para su propio beneficio es la regla constante. Sean empresarios o políticos, estos hacen su presencia arquetípica en películas y series que resultan en producciones contrarias al precepto de la propaganda. Ya que deberían de abundar las utopías por sobre las distopías en los films predictorios, sin embargo, esta realidad ya fue predicha en el libro de ciencia ficción distópica, 1984, de George Orwell. El futuro, según el personaje de O'Brien en la novela, es “una bota que pisa un rostro humano para siempre, donde no hay placer ni individualidad, sólo la embriaguez del poder y la victoria constante sobre los demás”. Esta frase puede resultar brutal, pero si la aplicamos al contenido de los géneros fílmicos, nos encontramos que el cine persigue reflejar la escalada cínica de un discurso supremacista en todos los ámbitos de la vida.
Esta teoría sobre la predictibilidad fílmica recibe el nombre de “primado negativo”. Justamente, al ser negativo el contenido, busca influir en el subconsciente colectivo del público para adormecer y acostumbrar a los eventos que son reflejados en el cine. La percepción sobre un país aliado agresor no se origina de la declaración formal de los mandatarios, sino de cientos de películas en donde nos mostraron a los rusos y árabes como criminales y terroristas, mientras que las agencias de inteligencia, son los grandes héroes en estas historias. El mal no gana en el cine, solo la idea de quienes serían los malos para que en los hechos ellos pasen desapercibidos, como una bota que pisa un rostro humano para siempre.
No solo se fomenta la insensibilidad en los espectadores, al acostumbrarnos con eventos que al ser vistos dos veces, primero en la ficción y luego en los hechos, ya tenemos impresos una predisposición interpretativa desde la ficción, el lugar de partir desde nuestros propios valores. Sino que se nos presenta la moral liberal en su absoluto cinismo, la responsabilidad de que nosotros ya sabíamos lo que iba a ocurrir. Puede ser intencional o no, pero cuando observamos que los propios periodistas son quienes usan al cine como el ejemplo para analizar una pandemia o una guerra, en lugar de la rigurosidad histórica de los pueblos e intereses, con datos fiables, nos demuestra el cinismo del primado negativo. Ya que no parten de la predicción de científicos y expertos, sino de la pirotecnia ideológica del cine norteamericano, que nos responsabiliza sobre nuestra propia preparación a los eventos que están por ocurrir, y el cinismo cultural de un liberalismo que te susurra “ya te lo habíamos dicho”.
El hombre del año (2006)

Habíamos mencionado a Idiocracia, como una película que había predicho la idiotización de la política y pueblo norteamericano, exagerando en su proyección onírica la responsabilidad del pueblo en su propia idiotez genética. Sin embargo, en ese mismo año, 2006, se estrena la película “el hombre del año” protagonizada por Robin Williams, quien hace de Tom Dobbs, un satírico conductor de un programa político, quien decide postularse como candidato a los Estados Unidos. Esto lo lleva a escalar en las encuestas al abandonar un papel de rutinaria seriedad política por uno en el que es él mismo, un comediante. Esta película marca un interesante precedente de ficción sobre el descreimiento en los discursos institucionales y la atracción del público por los personajes mediáticos. Si bien, no es novedad sobre la espectacularidad de la política, si nos demuestra una naturalización sobre lo que estaba por venir, y que el cinismo argumentativo del primado negativo iba a demostrar en un capítulo en particular.
Black Mirror: El momento Waldo (2013)

Black Mirror, una serie originaria de Inglaterra, marcó la génesis premonitoria sobre la influencia de los avances tecnológicos en la política y la sociedad. Particularmente, en la segunda temporada, estrenada en el año 2013, en su tercer capítulo, titulado “el momento Waldo”, nos cuenta de la participación política de un osito digital llamado Waldo. A diferencia del personaje de Robin Williams en el hombre del año, Waldo exacerba la vulgaridad y el odio, con un discurso antipolítico y bromista.
Al margen del mensaje del capítulo sobre el peligro de la vulgarización de la política y los discursos de odio encubiertos como bromas, persiste un metamensaje muy sutil que resulta premonitorio. Al minuto 32 hace aparición un personaje que no volvemos a ver en todo el capítulo, este se llama Jeff Carter quien dice pertenecer a la agencia de Estados Unidos. Jeff se encuentra fascinado por el personaje de Waldo, ya que lo considera una figura política perfecta, porque al no ser real se encuentra ausente las fallas de los humanos políticos. Continúa describiendo que Waldo es una construcción, y que su contenido puede ser intercambiado, siendo por el momento apolítico y en otro llenado de un contenido por el propio algoritmo.
El creador de Waldo reacciona afirmando que no lograran ganar las elecciones, pero el agente responde que claro que no lo lograran porque no ofrecen una base sólida, pero que ellos sí pueden ofrecerlo, y que una vez que terminen con las elecciones podrán hacer una prueba en Sudamérica. Soy argentino, y puedo afirmar que el momento Waldo empezó en mi país en el año 2023 con la asunción a la presidencia de Javier Milei. Más sorprendente es como este capítulo casi nunca es mencionado para señalar por quienes somos gobernados, y en cambio es preferible adjudicar características políticas congeladas en el siglo 20 como el nazismo o el fascismo. ¿Será que toda acción y contradicción es Waldo?, no lo sé, pero la realidad del presente fue la advertencia de la ficción pasada.
Misión Imposible.

Misión imposible, resulta en una de las sagas de películas que más temas premonitorios ha abarcado. En su segunda entrega, estrenada en el año 2000, se nos habla de un virus, llamado Quimera, que es ofrecido bajo chantaje a una farmacéutica para desarrollar una cura tras su liberación, y así volverse ricos. Puede resultar un plan predecible, pero es en esta sencillez repetida en muchas películas por lo que pretender pensar lo mismo sobre las farmacéuticas que desarrollaron la cura del Covid nos resulta improbable, porque no somos Ethan Hunt del FMI (Fuerza de Misión Imposible), porque como su nombre lo indica, su imposibilidad nos predispone a su incredulidad.
En su tercera entrega, en el año 2006, nos presentan un nuevo artefacto que es conocido como “la pata de conejo”. La misma es entendida como un arma biológica ambicionada por el traficante de armas Owen Davian. Casualmente su desarrollo era en un laboratorio de Shanghái, pero al final, se concluye con que era una llave a la verdadera arma que nunca se nos fue revelada. Pasando las películas e historias, la última de todas, “Sentencia final”, nos da una explicación sobre la función de la pata de conejo, que fue ni más ni menos, que una escritura de I.A. que se volvía cada vez más inteligente e influyente en los acontecimientos de cada película.
Esto nos lleva a un nuevo escalón de la manipulación narrativa de las películas, ya que se nos presenta a un Ethan Hunt enfrentado a su propia escritura o “primado negativo”. Ya no es un “Waldo” diseñado por humanos, sino una I.A. que actúa como un demonio fantasmagórico que todo lo manipula, haciéndonos dudar si actuamos realmente por nosotros mismos o de acuerdo a un pronóstico. Aquí, no es la I.A. sino el cine quien te susurra, “es inútil resistirse, porque también contábamos con eso”, acostumbrándonos a un totalitarismo digital estadístico de nuestros comportamientos.
Compilado fílmico de películas premonitoras. (primera parte) ¿predicción, programación o prejuicios?.
El PRIMADO NEGATIVO - El CINE nos prepara para el CAOS - Teoría Conspiranoica y sus agujeros
https://www.youtube.com/watch?v=_t-ivA_654I




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