No sé cómo explicarlo sin que parezca un delirio. Pero lo voy a contar igual, porque si no lo escribo, siento que me va a seguir en la cabeza. Como esa sensación de que algo no cerró.
Era tarde, tipo una y media de la madrugada. Yo no podía dormir, así que me puse a diseñar unas páginas nuevas para el planner de TribuFem. Estaba inspirada. Todo en silencio, salvo el clic del mouse y el tecleo suave. Hasta que escuché eso.
Un golpecito. Apenas perceptible. En la puerta del pasillo.
No le di bola al principio. Pensé que era el viento, o la madera dilatándose (ya me conozco todas las excusas). Pero el golpecito se repitió. Más fuerte. Como un tok tok tok… insistente. Rítmico.
Me levanté. Fui hasta la puerta con la linterna del celular encendida. Cuando la abrí… no había nadie. Solo un papel doblado en el piso.
Decía, con letra extrañamente familiar:
"No cierres los ojos esta noche. Él se acuerda de vos."
Lo primero que pensé fue que alguien me estaba jodiendo. Pero cuando volví al escritorio, el fondo de pantalla había cambiado. No era el diseño que había dejado. Era una imagen en blanco y negro… de mí misma.
Durmiendo.
Con algo... o alguien, parado en la esquina de mi habitación. Alto. Borroso. Como una figura entre niebla. No tenía rostro. Solo una boca enorme, casi como si le hubieran estirado la sonrisa con ganchos.
No podía moverme. No podía respirar. No sé cuánto tiempo estuve ahí. Hasta que parpadeé… y todo volvió a la normalidad.
Salvo por una cosa.
Ahora, cada vez que me miro al espejo, siento que algo me mira también. Desde adentro. Como si no estuviera sola en mi propio reflejo.
Y lo peor es que, muy en el fondo… creo que yo lo llamé.
Con cada historia de terror, con cada monstruo que soñé, con cada idea que imaginé…
Lo traje.
Y ahora me está esperando. Paciente.
Porque sabe que no puedo dejar de escribir.
Quise cerrar la laptop, apagar todo e irme a la cama como si nada. Fingir que era el cansancio, que era yo. Pero algo en el cuerpo no me dejaba moverme. Era como si la habitación respirara distinto. Como si el aire pesara más.
Miré de nuevo la pantalla. Ya no estaba la imagen. Solo el fondo gris de inicio. Como si nada hubiera pasado. Pero el miedo no se iba. Porque yo sabía lo que había visto. No era un sueño. No era un error.
Me acerqué al espejo del pasillo, queriendo ver mi cara para comprobar que todavía era yo. Y entonces lo noté.
Un pequeño rasguño en mi mejilla izquierda. No lo tenía antes. Lo toqué y ardía. Como una advertencia.
La vela empezó a chisporrotear. La llama se alargó. Y justo en ese momento, sentí su aliento detrás mío. Helado. Como si la muerte respirara en mi nuca.
No me animé a mirar. Solo cerré los ojos por un segundo.
Pero recordé el mensaje.
"No cierres los ojos esta noche."
Y ahí supe que había cometido un error.
Uno que tal vez... ya no podía deshacer.
Volví a abrir los ojos de golpe, como si me hubieran arrancado de un abismo. Pero no estaba en el pasillo.
Estaba sentada en mi escritorio.
La vela, intacta. La pantalla de la notebook, negra. La hoja donde había estado escribiendo… en blanco.
Mirá, puedo jurar que no soñé. Que no me dormí. Que algo pasó. Porque ahí, en el borde del escritorio, estaba el papel otra vez. El mismo. Solo que ahora decía algo más abajo:
“Te despertaste a tiempo. Pero él no se fue.”
Me puse de pie lentamente, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper algo frágil en el aire. Caminé hacia el cuarto, con esa angustia sorda que se siente antes de una tormenta.
Abrí la puerta.
Y lo vi.
Estaba parado frente a la ventana, como si mirara hacia afuera. Era enorme. Desproporcionado. Oscuro. No tenía rostro, pero sentí que me estaba mirando igual. Como si sus ojos estuvieran debajo de la piel.
Lo peor fue que… no me asusté del todo.
Lo reconocí.
No de esta vida. De algún rincón antiguo de la memoria. De las historias que inventaba de chica. De los dibujos que hacía sin pensar. De mis pesadillas más viejas.
Era mi monstruo.
Y había vuelto.


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