LOS GAUCHOS JUDÍOS  

Drama histórico argentino de 1974 dirigido por Juan José Jusid, escrito por Ana María Gerchunoff, Jorge Goldenberg y Oscar Viale, adaptación de la novela homónima de Alberto Gerchunoff. Producida por Leopoldo Torre Nilsson, con música y canciones de Gustavo Beytelman y fotografía de Juan Carlos Desanzo, vestuario de Margarita Jusid.

Actores: Pepe Soriano, Oscar Viale, Dora Baret, Victor Laplace, Jorge Barreiro, Luisina Brando, María José Demare, Ignacio Finder, Golde Flami, Maurice Jouvet, China Zorrilla, Martín Adjemián, Max Berliner, Arturo Maly, Guillermo Marín, Héctor Bidonde, Salo Pasik, Jorge Sassi, Miguel Guerberof, Divina Gloria, los hnos Cuestas, Zulema Katz, Franklin Caicedo, Claudio Lucero, Adrián Ghio, Leopoldo Verona, etc.

También contó con las actuaciones de María Rosa Gallo, Osvaldo Terranova y Gianamaría Hidalgo.

La película es una composición humanista, en el sentido de que pondera las costumbres y los valores socioculturales de la razón, la libertad y la capacidad de transformación de los judíos rusos, inmigrantes que huyeron del antisemitismo de la Rusia zarista, un infierno de pogromos.

Es precisamente el concepto filosófico de “humanismo” el que mejor le cabe a esta obra, porque logra con un muy pintoresco reparto de sobresalientes actores (arriba nombrados, aunque la lista es aún más larga que esta), traducir la desesperación, la tristeza, pero también la esperanza y el hambre de progreso social y económico de seres perseguidos, unidos por un espíritu gregario, no por el colectivismo tiránico, ese que cree que lo colectivo está por encima de lo individual siempre que este se subordine al grupo, sino aquel en el que prima una genuinamente pura solidaridad entre víctimas, que aún a pesar del horror del Holocausto y las matanzas terribles, supieron salir adelante, asimilando los aspectos socioculturales de nuestra patria, como trabajadores campesinos, labradores, artesanos, negociadores, gente con un inmenso amor al trabajo, que supo amasar sus patrimonios con nobleza, con un bello suelo que los cobijó, en la provincia de Entre Ríos.

Al igual que sucedió con los inmigrantes españoles, italianos, ingleses y alemanes que poblaron estas tierras gracias al verdadero progresismo de la generación liberal conservadora del 1880 (sí, verdadero progresismo, no el trucho de hoy), los criollos nacionalistas y xenófobos de la Argentina fueron también verdugos de los desgraciados judíos, incluso a pesar de eso y con un muy profundo sentimiento religioso, alcanzaron el potencial, la voluntad de poder, en palabras de Nietzsche.

El drama se mezcla con la tragedia, la comedia, el drama histórico y el musical, no hay géneros puros sino una permanente fusión armoniosa entre estructuras, cuidadosamente dirigidas por Juan José Jusid (autor de excelentes piezas como Asesinato en el Senado de la Nación, Made in Argentina y otras no tan buenas como Un argentino en Nueva York).

Los números cantables y bailables resultan ser prodigiosos, con vigorosos ritmos y poéticas letras, las actuaciones no caen en impostaciones teatralizadas exageradas, sino que apelan al medio cinematográfico, algo que puede llegar a ser difícil, tratándose de la adaptación de un ensayo que bien podría ser parte de las tablas, pero no reviste dificultad, teniendo en cuenta el talento actoral, resulta maravilloso ser espectadores de artistas con tanta presencia física y psicológica.

La crítica social de Los gauchos judíos es precisamente a los criollos envidiosos, racistas y prejuiciosos, así como también es una vindicación del poder de la unión de los humildes, no en el sentido marxista de la palabra, ya que no eran anticapitalistas, hicieron del capitalismo argentino su hogar.

También tiene una mirada de oposición a los famosos y por suerte ya extintos matrimonios arreglados, aunque debo decir que resulta llamativo que hacia el final de la obra no se presente la opresión de la tradición rígida, es decir, el escándalo de la boda que deriva en caos total, no genera una respuesta de obligación hacia los casados de que accedan a encadenarse, sino que por el contrario, uno de los miembros familiares, dice “no podemos obligarlos a que se casen sino quieren”, para posteriormente ofrecer un acta de divorcio como alternativa, esta es una exhibición explícita de liberalismo filosófico, tomando distancia de los conservadurismos de otras épocas, comunes a las familias muy religiosas.

Finalmente, la vigencia de esta película es una advertencia contra los antisemitas, puesto que si estos brutos e ignorantes que discriminan o tienen opiniones negativas sobre los judíos se culturizaran para conocerlos en profundidad, rápidamente reemplazarían su rechazo por admiración. No obstante, es imposible omitir que hoy, el antisemitismo anti-Israel y pro-islamonazismo o arabofascismo pisa fuerte, sea en el caso de Palestina o Irán, frente a este escenario actual, el combate ético-moral es un deber fundamental, no con las armas que disparan, sino con las armas de la educación, que después de todo, es capaz de modificar mentalidades.

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