La Liga de la Injusticia: Crónica de una Visión Asesinada en la Sala de Edición 

Yo era un creyente. En un mundo lleno de películas de superhéroes que se sentían cada vez más como una fórmula, la visión de Zack Snyder para el universo DC era un soplo de aire fresco, oscuro y operístico. Man of Steel y Batman v Superman eran películas divisivas, lo sé. Pero eran ambiciosas. Trataban a estos personajes como lo que son: mitos modernos. Dioses y monstruos caminando entre nosotros, lidiando con el peso de su poder en un mundo cínico. No todos lo entendieron, pero yo sí. Y esperaba con una fe casi religiosa el siguiente capítulo.

Justice League iba a ser la culminación. Tras la muerte de Superman, en un mundo sin esperanza, los metahumanos restantes tendrían que unirse. Los tráilers iniciales prometían una saga épica, una pintura barroca en movimiento, llena de drama y con una escala monumental. Sería la respuesta de DC a los Vengadores, pero a su manera: más sombría, más grandiosa, más trágica.

Lo que recibimos en los cines en 2017 no fue una película. Fue un acto de vandalismo. Fue el monstruo de Frankenstein cinematográfico, un cadáver reanimado con partes de dos visiones completamente opuestas, cosido con el hilo de la desesperación de un estudio y con una horrible sonrisa digitalmente borrada. Justice League no solo falló; fue un asesinato a plena luz del día, y el cadáver fue la visión artística.

El problema más evidente, el que te golpea en la cara desde los primeros minutos, es el choque de tonos. Es innegable. En una escena, Batman es un veterano torturado que contempla el fin del mundo. En la siguiente, está soltando chistes torpes sobre estar sangrando. La cinematografía operática y oscura de Snyder es interrumpida bruscamente por escenas brillantes y planas que gritan "¡Esto fue filmado por otra persona!". La película no tiene identidad. Es una guerra civil en cada carrete.

Pero el verdadero crimen fue la trivialización de nuestros dioses. Cada personaje fue lobotomizado para encajar en un molde más simple y "divertido":

  • Batman: El detective brutal y estratega de BvS fue reemplazado por un tipo cansado e inseguro cuyo superpoder principal era el dinero y el reclutamiento forzado. Pasó de ser un general a ser el papá nervioso en un viaje por carretera.
  • Wonder Woman: De ser una guerrera sabia y poderosa con 100 años de experiencia, fue reducida a la "mamá" del grupo, encargada de dar discursos de ánimo y explicarle la trama a los demás.
  • Cyborg: Su historia, que debía ser el corazón trágico y tecnológico de la película —un joven que pierde todo y lucha por encontrar su humanidad dentro de la máquina— fue destrozada. Lo dejaron como un adolescente malhumorado que convenientemente podía hackear cualquier cosa que la trama necesitara.
  • Superman: Su regreso, que debería haber sido un evento sísmico, se siente apresurado y extrañamente trivial. Y luego está el infame bigote borrado por CGI. No hay mejor símbolo del desastre de esta película que el rostro digitalmente deformado de nuestro mayor símbolo de esperanza.

Incluso el villano, Steppenwolf, fue una víctima. En lugar de un conquistador antiguo y aterrador, obtuvimos un monstruo genérico de videojuego cuya motivación era encontrar unas cajas mágicas para su "mamá". Era un obstáculo, no una amenaza.

Ver Justice League me hizo perder la fe, pero no en los héroes, sino en el sistema que los produce. Fue el ejemplo más descarado de un estudio entrando en pánico y saboteando su propio producto por miedo. Vieron las críticas a BvS y, en lugar de confiar en la visión de su director, decidieron imitar la fórmula de su competencia, sin entender que lo que funciona para unos no funciona para otros.

Fue un acto de profundo desprecio hacia la inteligencia de la audiencia. El estudio creyó que no notaríamos las costuras, los cambios de vestuario, el rostro de Superman. Pensaron que con un par de chistes y colores más brillantes podrían vendernos un producto roto.

El fracaso de esta película no terminó en la taquilla. Creó una guerra. El movimiento #ReleaseTheSnyderCut fue la rebelión de una fanaticada que se sintió estafada y que luchó durante años para ver la obra original. El hecho de que "La Liga de la Justicia de Zack Snyder" exista y sea una película radicalmente diferente y superior, es la prueba definitiva de cuánto falló la versión de cine.

La Justice League de 2017 es una lección sobre cómo no se debe hacer una película. Es un monumento a la cobardía corporativa. Tomaron a una liga de dioses y, por miedo, la convirtieron en una reunión de personajes de comedia. Y esa, para un fan que creyó en su mitología, fue la injusticia más grande de todas.

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