Un día prehistórico dé diversión  

¡Los dinosaurios vivos! Serán capaces de entender? Primero intentaría domesticarlos. A un T-Rex, no lo saludaria con las manos pues es harto conocido que las suyas son casi inútiles incluso, para estrecharlas. Le enseñaría que en tiempos modernos las mascotas se disfrazan, y que a el le quedaría perfectamene una corbata de colores.

Para llevar las de ganar, la comida es esencial, si por casualidad lograra hacerles entender que una vaca gorda es mucho mejor que un buffet de humanos, llevaría el nível al siguiente paso. Enseñarles ir a el baño!.

Y para armar la parranda, si un triceratops llega a la fiesta, debe hacerlo bien vestido. Le pondría un sombrero negro y un puro cubano para verse como don Corleone en el padrino.

Al único que se le niega la entrada, es al Velociraptor un grosero mal humorado y, para ello, el portero megalodón debe lucirse mostrando sus dientes afilados.

Aún así, si, por casualidad logro tener exito, me sacaría una selfie con todos ellos para mostrarlo a mis amigos y familiares.

Aunque lo más seguro, es que me vean correr como pollo sin cabeza huyendo de ello.

Por las noches, los llevaría a una excursión. Será una mala idea! No lo sé pero… como mantener el interés en otra cosa que no sea la carne humana.

Bueno los reuniría alrededor de una fogata gigante, les prepararía una paellas con el permiso de los moluscos, camarones y, cantándoles el cumbaya, les relataria una historia de terror de monstruos de colmillos afilados, gigantes escamosos y de garras gigantes que tajan carné.

Upss es el reflejó de ellos en mi cuento.. noooo… Cuidado con el iguanodon con su dedo en forma de poco lo agita contra el suelo. Sabe que son ellos mismos.

Pese a la noche de desconcierto, el cansancio a aparecido. Sus bostezos extendidos generan pánico y consternación. Los enormes herbívoros se recostaron tan largo eran sus cuerpos, mientras que los hadrosaurios se juntaron en grupos de protección para darse calor.

Mientras yo me arruye en la panza del triceratops. Una mala idea porque la paella se fermento en su estómago y entre inhalación y exhalación, una flatulencia engreída hacia acto de aparición.

Pese al temor descarado, la noche estrellada era magnífica. Los dinosaurios comenzaron a sentirse como amigos. Al T-rex le llamé Bob, al triceratops Pepe, al Velociraptor que se colo al grupo sin invitación, José. Mientras que al iguanodon, René. Si… cómo la iguana René de los mopeps.

Pero todo fue efimero, cuando mis ojos a la mañana siguiente se abrieron, no habían monstruos gigantes vestidos elegantemente. Me sorprendi al verme tendiso en el cespet rodeado solo de lagartijas, una iguana solitaria y mi perro labrador negro de pelo liso orion, que con insistencia quizás por el hambre me lamia las mejillas. Todo había sido un sueño tan real, el sombrero de la esquina paso agitando aquellos que vendía y el vecino con puros en mano y la corbata que puse al gordo triceratops me saludaba saliendo al trabajo.

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