El gran giro de las historias de amor en el cine se dio en los 80, después de que Joanna dejara a Ted (Kramer vs Kramer) y probara que las mujeres tenían anhelos románticos y profesionales diferentes a los que se suponía que por naturaleza, habíamos tenido “siempre”.
Hacia finales de la misma década, la gran comedia romántica ‘Cuando Harry encontró a Sally’ marcó el inicio del boom de un género protagonizado por mujeres con carrera que querían casarse, pero en contextos de más libertad sexual y que, aunque buscaran al “adecuado”, ya no esperaban que fuera un príncipe azul.
Las sit-com de los 90
Antes de los 80, el cine hollywodense romántico era más una coreografía en la que el hombre proponía y la mujer disponía, contadas excepciones en las que la mujer podía ser dura o poco convencional (las protagonizadas por Katherine Hepburn), no mucho más.
Pero no sólo las temáticas y las características de los personajes van cambiando, también las interpretaciones del público. La tercera década del siglo XXI, con pocas rom-com en cartelera y sin series eternas que nos resulten familiares (Friends, Seinfield, Mad about you), nos encontramos en redes sociales con una continua reinterpretación de lo que ocurrió en las más emblemáticas de los 90-dosmiles: quiénes eran realmente los buenos y malos. Y algunas relaciones pasaron a verse tóxicas y a encontrarse muchos finales como inadecuados.

La generación Z reinterpreta
Que si Carrie debió terminar con Big, que sí Betty con don Armando, que sí Ross era un novio tóxico, o que sí Nate el novio en ‘El diablo viste a la moda’ era realmente el malo de la historia. Los galanes pasaron entonces a ser antagonistas.
Según los audiovisuales gringos, su sociedad es de pedida de mano en público y anillo de compromiso y según las novelas latinoamericanas, los finales felices eran necesariamente con boda católica. Pero en los dos escenarios ha habido cambios, incluso en Sex and the city, la boda de Big y Carrie, que ya ocurre en la película, o sea en el siglo XXI, se da como un acuerdo luego de una charla mientras cocinaban, sin anillo.

El fin de la “toxicidad”..
La serie ‘El fin del amor’ (2022) basada en el libro de la argentina Támara Tenenbaum muestra a una mujer que se cuestiona haber priorizado estar con su novio a los planes con sus amigas. En ‘Sex and the city’, a pesar de que la amistad de las cuatro mujeres es el centro de la serie (se hace más evidente en ‘And just like that’, la secuela que está al aire), en alguna conversación Carrie deja claro que sí llega el hombre para ella y está con sus amigas, las botaría del lugar.
Y para cerrar, en un mundo tan bienpensante (pero con los feminicidios exacerbados) ‘Past lives’ (2023), en lo que en otros tiempos como la nueva ola francesa, habría sido un triangulo amoroso intenso y suicida, el esposo que conoce las narrativas románticas clásicas del cine, entiende que él sería el villano que se interpone entre el amor de dos almas gemelas, pero se porta como un tolerante y abierto compañero, aprobando el encuentro de su esposa con su amigo de la infancia.

Dejo claro que no creo que Nate sea el malo de El diablo viste a la moda, siempre lo será la jefe abusiva. Y que lo curioso es que los amores más tóxicos de la televisión reciente los haya dado una serie de adolescentes: Euphoria.


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