Cuando Marvel presentó a Miles Morales como una nueva versión de Spider-Man, muchos lo vieron como una propuesta fresca e inclusiva. Pero, siendo sincero, nunca me terminó de enganchar. No por prejuicio, sino porque sentí que la decisión estuvo más motivada por quedar bien con todos que por una necesidad real de la historia.
Peter Parker siempre ha sido un símbolo clásico: un chico común, lleno de dudas y responsabilidades, que conectó con generaciones enteras. De pronto, apareció Miles, con una identidad diferente, un entorno nuevo, y una vibra más actual. Pero más que evolución, se sintió como un reemplazo forzado. Quisieron meterlo en el traje sin dar el tiempo necesario para que nos conectemos con él.
En la animación Into the Spider-Verse, su versión cobró vida con estilo. No se puede negar que el apartado visual fue increíble, la música pegó fuerte, y la idea del multiverso atrajo a muchos. Sin embargo, personalmente, la película me pareció más un experimento estético que una historia profunda. El ritmo acelerado, los chistes constantes y el tono juvenil me sacaron de la experiencia. Sentí que apuntaba más a encantar a las redes sociales que a contar algo que realmente me tocara.
Lo que terminó de romper la experiencia para mí fue el doblaje latino. Le dieron la voz a Juan Guarnizo, un creador de contenido popular, pero sin una formación sólida en actuación de voz. Desde que habló, no pude tomarme en serio al personaje. Sonaba como alguien leyendo un guión sin emoción ni conexión real. Entiendo que Marvel intentó acercarse al público joven, pero poner a un influencer solo por ser famoso no garantiza calidad.
No digo que Miles Morales sea un mal personaje. Tiene cosas que lo hacen destacar y representa a un público que quizá no se sentía reflejado con Peter Parker. Pero, al menos para mí, no logró llenar ese vacío. Su historia se siente armada con prisa, sin ese peso emocional que tenía el Spider-Man original.
Además, hay que decir que parte del rechazo también vino por el momento en el que apareció. Marvel ya había ampliado mucho su universo y saturado al público con variantes, spin-offs y versiones alternas. Cuando llegó Miles, algunos lo vimos como “uno más” dentro de esa ola, y no como una figura que realmente tuviera su propio lugar ganado. El exceso de productos con estilos similares terminó por diluir su impacto.
En resumen, Miles Morales no es un fracaso rotundo, pero tampoco fue el impacto que se esperaba para todos. Funcionó en términos comerciales y técnicos, eso está claro. Pero en lo personal, no conectó conmigo. Y si a eso le sumamos un doblaje con voz poco convincente, la experiencia pierde aún más fuerza. A veces, por querer llegar a todos, se termina perdiendo la esencia.
Al final del día, no todos los personajes nuevos tienen que gustarnos, y eso está bien. Pero cuando el cambio se siente más comercial que narrativo, es difícil conectar de verdad con el héroe.
Miles Morales llegó con ruido, sí… pero no todo lo que hace “boom” deja huella.


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