Hay películas que no solo se ven, sino que se sienten como un suspiro profundo, como un recuerdo que no viviste pero que reconoces en tu interior. The Wind Rises o Kaze Tachinu, de 2013, dirigida por el legendario Hayao Miyazaki, es una de ellas.
Inspirada libremente en la vida de Jiro Horikoshi, diseñador del avión de combate Mitsubishi A6M Zero usado en la Segunda Guerra Mundial por japon, la película no busca glorificar la guerra, sino retratar el alma y los recuerdos de un hombre que soñaba con crear algo hermoso, incluso si el mundo lo utilizó para otros fines.
Soñar, incluso cuando el mundo arde
Desde niño, Jiro sueña con volar pero su miopía no se lo permite pero encuentra otra forma de tocar el cielo, diseñando aviones y en la película lo sigue a lo largo de su vida, entre terremotos, enfermedades, pérdidas y una guerra que se acerca sin detenerse. Aun así, The Wind Rises no es una historia de destrucción, sino de creación, de lucha interna y de amor en tiempos imposibles.Su relación con Nahoko, frágil y profunda, atraviesa toda la historia como el viento que sopla. Es un amor que florece sin alardes, tan unico como el humo que dejan los aviones en el cielo. Nahoko, enferma de tuberculosis, representa la belleza tan propia de la vida que se escapa pero que deja una huella imborrable.Miyazaki, en lo que sería su última película antes de su regreso con El niño y la garza, deja aquí su obra más adulta. El tono es tranquilo, reflexivo y casi poético. La animación, como es costumbre en Studio Ghibli, es unica, pero sin fantasía ni criaturas mágicas , aqui la magia aquí está en lo cotidiano, en el viento, en una mirada, en el sonido del tren o en la caída de una hoja o en la forma de una espina de pescado.
La frase que da título a la película, Le vent se lève, il faut tenter de vivre o en español El viento se levanta, hay que intentar vivir, es una invitación a continuar, a crear, a amar, incluso si el futuro es incierto y deja mucho que desear.
Lo importante que se esconde en lo sutil
Hay algo en The Wind Rises que muchos espectadores podrían pasar por alto. No es solo la historia de un hombre que quiere diseñar aviones. Es también una reflexion sobre el precio de los sueños. Jiro, como muchos creadores a lo largo de la historia, se ve atrapado entre su deseo de hacer algo tan bello y las manos que usarán su obra para destruir. No hay juicio explícito en la película, pero sí una tristeza silenciosa que es acompaña de cada decisión.
Este conflicto interno es uno de los aspectos más humanos y reales de esta historia. ¿Qué pasa cuando tu mayor creación es utilizada para fines con los que no estás de acuerdo, y nos generan preguntas como ¿Es válido seguir soñando en un mundo que se desmorona? Miyazaki no da respuestas claras, pero deja la pregunta flotando en el aire como el mismo viento que da vida al título de esta pelicula.
Otro aspecto sutil pero vital es la figura de Nahoko. Su presencia es suave, casi etérea, pero su impacto es profundo. Ella representa todo lo que Jiro no puede controlar como el tiempo, la enfermedad y la fragilidad de las cosas. Su amor, que florece en medio del dolor, no es estruendoso ni melodramático, es silencioso y fiel, y por eso duele más. La historia de Nahoko nos recuerda que algunas pérdidas no vienen con tragedias ruidosas, sino con un lento desvanecimiento.
Uno de los elementos más poderosos aunque muchas veces pasado por alto en The Wind Rises es su banda sonora, compuesta por Joe Hisaishi, colaborador habitual en la mayoria de proyectos de Studio Ghibli. La música en esta película no busca protagonismo, sino que actúa como una corriente de aire suave que acompaña cada escena, reforzando las emociones sin necesidad de remarcarlas. Es una partitura íntima, melancólica y llena de piano, cuerdas y silencios calculados que envuelven al espectador en una atmósfera nostálgica. Cada tema parece respirar con los personajes, en especial con Jiro, cuyo mundo interior se expresa en la mayoria de las veces no con palabras, sino con notas. La música no impone emoción, la sugiere. Es como un suspiro que se mezcla con el viento, como una brisa que acaricia la historia sin interrumpirla ni opacarla. En la pelicula destacan piezas como A Journey de A Dream of Flight, que acompañan las secuencias con sutileza, evocando la belleza de los sueños y la tristeza de la realidad. Así, la música se convierte en un personaje más, invisible pero esencial, que habla cuando los personajes callan y que da voz a lo que no puede ser decir. En una película que trata sobre lo efímero y sobre lo que se escapa de las manos, la música es esa linea de emoción que se queda con nosotros cuando todo lo demás ya se ha ido.
El viento se levanta
The Wind Rises no grita, susurra. Y es en ese susurro que se encuentran algunas de las verdades más duras y más hermosas del cine como la fragilidad de la vida, el peso del tiempo y la belleza de lo efímero. Es una película que pide paciencia, sensibilidad y sobre todo atención. No para entenderla, sino para poder sentirla.
Porque a veces, lo más importante en una película no es lo que se dice, sino lo que se insinúa. Lo que pasa en los silencios. Lo que el viento se lleva y lo que nos deja. Y eso hace que esta pelicula sea un diamante unico y como se dijo anteriormente The Wind Rises no es una película de acción ni una historia fácil. Es una carta de despedida, y un homenaje a todos los soñadores y un recordatorio de que incluso en tiempos oscuros, se puede construir algo hermoso. Sinceramente esta es una obra que no necesita rezonar con fuerza para quedarse los corazones de los espectadores.
Y como yo espero que ustedes respetados lectores , le den una oportunidad a esta maravillosa pelicula y se dejen llevar por su belleza unica y poderosa


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