EL LIBRO DEL AMOR, ¡AY! 

... /no voy a bajar /

/déjala que suba / ...

/No voy a parar/

/Ya no tengo dudas/

Hay personas que necesitan desesperadamente el melodrama en su vida. A veces, - o siempre -, confunden (¿confundimos?) pasión con amor. A veces el amor NO nos es suficiente.

Pero la vida puede ser más tranquila. La vida puede estar llena de amor, sin necesidad del fango.

Ella, yoguini, medio pi-jipi, comida sana, muy orgánica, muy cero huella ambiental, tendencias étnicas, mucha proclividad hacia una conciencia zen, restaurante vegetariano, meditación, corrección política a la lata, amistades gays, más bicicleta y menos carro (por aquello del petróleo y las nuevas energías renovables emergentes), vinos finos, nada de carne y en casa menos; mucho queso en sus recetas, mucha berenjena, sopas de sidra y de pitaya, velitas artesanales, prendas compradas en Camboya; pescado no, porque ahora ya todo el pescado viene contaminado con mercurio. Conciencia política, empatía social, todo un alma pura o tal vez no tanto, pero igual rumbo hacia la iluminación.

Él: profe de colegio, barriguita incipiente y le encanta el dulce, el helado de chocolate. Seguramente, si ella lo permite, en unos años podría ser un feliz Homer Simpson.

Ella mandoncita, montadorcita, le gustan las relaciones de poder, le hacen falta para reafirmarse en su matrimonio, también un poco ventajosa, buena negociante, medio angurriosa, cositera. Buena amiga de sus amigas, una triunfadora social.

Él, medio psicorígido en sus principios, con una ética exagerada, demasiado pulcro (aprendió esa rectitud en la calle, la mejor escuela moral, en sus viajes de historiador), un niño que necesita ser consentido por mamá, volver a casa, pero que al mismo tiempo le gusta jugar al patriarca bonachón. Nunca le da bola a sus alumnas, que lo adoran.

Un día cualquiera e inconscientemente, ella la caga. Necesita acción para su vida, poner a prueba su matrimonio, a su hombre, a sus ansias de primar. Entonces le pide a él - casi que le impone, le ordena-, que baje de su nube ética, que se enlode, que se revuelque en su fango si tanto la ama: que se unten juntos. Vamos, amor: que es un fango menor, no es tan grande, ni tan profundo como lo pueden ser otros pantanos, otras aguas sucias.

Él decide que es demasiado, que hasta por allá no piensa bajar, que conceder tanto poder tiene sus límites, sobre todo cuando se trata de ética. Mucho le ha costado llegar hasta la azotea, al techo. Que ya estamos maduritos, que somos adultos. Que todo amor tiene un límite, que tal vez en una próxima oportunidad y/o en otras condiciones.

Ella le pide más sinceridad, que se muestre más humano, más conectado con una supuesta monstruosidad muy humana, muy normal, algo natural, algo que puede pasar porque ´´en el mundo estamos´´.

Ella sólo le pide eso: más franqueza, menos cordialidad, porque la cordialidad a veces puede disfrazar lo auténticamente verdadero (WTF) y nos impide crecer.

Tal vez el debería gritar, insultarla, perder la cabeza y destruir los enceres de la casa por causa de una infidelidad. Esa sería la sinceridad que necesita ella: algo bajo, algo que lo convierta a él en una persona tan baja como ella.

Pero él se niega. Quizás lo podría hacer con otra mujer. Pero no con ella. Otra mujer, a la que en verdad ame, porque ese tipo de regalos, el de mostrarse rastrero, sólo se le dan a las personas que de verdad te importan.

Pero a ella no. Para ella sólo cordialidad.

Te quiero pero no te amo.

Tanta cordialidad no permite que dos personas se involucren emocionalmente, pues no hay nada que una a dos personas, tanto, como la cochinada.

O no tanto la cochinada en sí, sino el encochinarse juntos. Donde estemos juntos será nuestro hogar. Juntos, como Thelma y Louise en el abismo.

Tal vez ella tenga razón: él no la quiere lo suficiente, tal vez nunca la haya amado con ese amor desgarrado y enloquecido que la mayoría de las mujeres necesitan. - Así como las mujeres están esperando ese hombre que esté dispuesto a perder la cabeza por ellas, los hombres también estamos esperando esa mujer por la cual despersonalizarnos, perder nuestro yo y disolverlo en el ego de la otra - .

Tal vez, por eso, no haya querido tener hijos con él. Ella necesita un hombre con un amor a prueba de balas, un amor con sangre, caca y mocos. Tal vez ella no necesite un hombre a su lado. En medio de su megalomanía, a ella le parece horrible, inaceptable, que él no haya bajado a ensuciarse con ella, en su pantanero, en aquella quebrazón de huevos. Y, entonces, el universo colapsa, todo se viene abajo. Ella, de victimaria, pasa a ser víctima, así sea en su propio fuero interno.

El pecado de él: no permitírselo.

De aquí para adelante, todo lo que se escriba es puro spoiler. Habría que ver la película.

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