Black Sabbath es cine 

Es imposible hablar de música popular contemporánea sin mencionar los Beatles, pero para enero de 1969, después del icónico recital en la azotea, los cuatro de Liverpool ya no existirían más como banda y ese hecho, sumado al rechazo cada vez más intenso hacia la guerra en Vietnam, el idílico festival hippie de Woodstock y su amarga contracara en el trágico festival de Altamont, marcan claramente el fin de una era, que a su vez suele parir a otra diametralmente diferente.

Y para el año siguiente, 1970, comenzaron a oírse los primeros acordes de algo que no sonaba como ninguna otra cosa sobre el planeta.

Si bien The Who, Jimi Hendrix o Led Zeppelin entre otros, ya tocaban a volúmenes cada vez más altos y distorsionados, y hasta los propios Beatles con Helter Skelter habían llevado su sonido hacia algo más salvaje, tuvieron que llegar otros cuatros músicos para dar una vuelta de página contundente.

Tony, Geezer, Bill y el siempre divino y ahora eterno Ozzy, dieron inicio a un ritual oscuro, ensordecedor, estimulante e irresistible, que en términos materiales se dio épicamente por terminado hace poquito, pero que en términos espirituales hace rato se volvió legendario.

Black Sabbath, la banda que definió al Heavy Metal tal como se conoce y concibe hoy en día, fue producto de la pobreza y la industrialización de la ciudad de Birmingham, de un accidente fabril que le permitió a su guitarrista tensar las cuerdas de una manera completamente diferente y personal, de apariciones espectrales inducidas por ciertas sustancias alucinógenas (escuchamos, pero no juzgamos), del blues y también del cine.

Cuenta la leyenda que el bajista Geezer Butler, la victima de los ghosteos psicodélicos, paso un día frente a una sala de cine, donde un afiche que rezaba Black Sabbath (un título impuesto por los distribuidores angloparlantes) capto su atención alucinógena.

El origen del mito.

La película en cuestión fue dirigida por el italiano Mario Bava y su título original, I tre volti della paura (Las tres caras del miedo) hace alusión a tres relatos de horror que componen su metraje, lisa y llanamente una antología, con un presentador de lujo, el también eterno Boris Karloff.

Si bien muchos podrían pensar a Bava como un híbrido europeo entre Roger Corman y Ed Wood, el realizador italiano supo combinar la escasez presupuestaria con la inventiva exacerbada, armonizando siniestros claroscuros y colores vibrantes con una intrigante elegancia y desparpajo autoconsciente, como puede verse en su Black Sabbath, que luego de tres inquietantes historias de terror, termina con un chiste que evidencia la representación que acabamos de presenciar, o para decirlo con menos rodeos, deja en claro que todo se trata de una película, muchos años antes que lo “meta” se volviera una constante cinematográfica.

Su obra fue una ensalada de talento, desfachatez y caos creativo que fácilmente puede emparentarse con los muchachos de Brimingham.

La influyente sombra de Bava, un producto de esa época dorada del cine explotation italiano que floreció durante la década del sesenta, es tan grande como la de Ozzy y compañía.

En cineastas como John Carpenter, Tarantino, Tim Burton, Joe Dante, Dario Argento o Edgar Wright pueden rastrearse marcas de estilo inspiradas por la cámara de Bava, incluso el viejo cascarrabias de Ridley Scott, quien nunca lo asumiría, debe mucho de su Alien al Planet of Vampires (1965) de Bava, entre muchas otras obras previas.

Y si uno de los grandes aportes de este realizador y de ese cine italiano de explotation fue el giallo, ese híbrido entre terror extremo y policial negro de misterio, Bava también se convirtió en uno de los principales responsables de su posterior evolución al Slasher estilo Halloween y Viernes 13 con su obra A Bay of Blood de 1971, apenas un año después del debut de la banda, donde desplegó pinceladas de rojo intenso y mutilaciones varias para las futuras generaciones.

Bava dejando sus marcas.

En honor a la verdad, el espíritu con el que los músicos británicos construyeron su imagen y estética esta mucho más emparentado con el primer film del realizador italiano, el horror auténticamente gótico en elegante blanco y negro que el mundo algosajón conoció como Black Sunday, pero evidentemente Black Sabbath siempre sonó mucho mejor.

El arte de Bava y el arte de Sabbath.

Hoy en día Bava esta injustamente olvidado y quizás gracias a la magia metalera algún despistado se acerque lateralmente a su obra, como siempre existirá algún ser humano que descubra a Ozzy y Sabbath por primera vez.

No se puede esperar menos de la banda favorita de Tony Stark, otro héroe divertido y complejo, que a su manera también supo irse cubierto de gloria, como Ozzy.

El metalero sabe.

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