Click: por cada click una vida menos  

Al pensar en un artículo sobre comedias recordé la primera vez que ví esta película con mi papá creyendo que sería una película más de todas las que ha escrito y protagonizado Adam Sandler. Pero me equivoque, ver esta película por primera vez a mis 11 años me hizo reflexionar sobre que quería realmente esa corta edad, digo ¿No sería increíble tener un control universal? ¿No sería increíble tener el poder para controlar el universo? Pues déjenme decirles que después de ver esa película termine abrazando a mi papá mientras le decía lo mucho que lo quería.

Hay películas que nos invitan a reír, y otras que nos obligan a detenernos. Click hace ambas cosas, con una sutileza que transforma lo absurdo en enseñanza.


En su superficie, es la historia de un hombre con un control remoto mágico. Pero bajo ese velo de humor y efectos especiales, se esconde una elegía al presente, un poema sobre lo que se pierde al vivir en piloto automático.

Michael Newman es como muchos de nosotros: corre, trabaja, promete que “mañana” tendrá tiempo. Pero cuando aparece un aparato capaz de omitir las molestias, decide saltar directamente hacia lo que él cree que importa.
El tráfico, las discusiones, los días repetidos… fuera del camino. ¿Para qué sentir lo incómodo, si se puede llegar más rápido?

Pero el tiempo, sabio y cruel, tiene su propia lógica.
Y ese salto constante —esa negación del instante— se convierte en un abismo.

El humor inicial —los tropiezos ridículos, los gestos exagerados— empieza a desvanecerse.
Y donde antes hubo risas, empiezan a nacer preguntas:
- ¿Qué recuerdos sembramos si solo vivimos los momentos “importantes”?
alma, si ignoramos lo cotidiano?
- ¿Y si el aburrimiento era una forma secreta de ternura?

El hombre que quiso controlar su vida se ve despojado de ella.
Avanzó demasiado.
Y cuando intenta volver, descubre que las memorias que lo hicieron humano… se las llevó el viento.

El control remoto no es solo un objeto mágico. Es un espejo.
Un reflejo moderno de nuestras rutinas aceleradas:
- Los clics que acortan conversaciones
- Las excusas para no sentir
- El ritmo frenético que premia la productividad, pero castiga el cuidado

En ese control está la tentación del “skip”,
la promesa del “después”,
la trampa del “ya no importa”.

Cuando Michael, viejo y enfermo, ve a su hija llorar,
el tiempo ya no le responde.
No hay botón que lo salve.
El “pause” nunca fue pausa real,
el “rewind” no regresa el cariño perdido.

Y entonces —como si la vida le ofreciera una segunda oportunidad—
despierta.
Con el corazón aún golpeado,
pero con los ojos limpios.
Y decide vivir, sin adelantar, sin omitir.
Solo vivir.

Click es más que una comedia con giro dramático.
Es un canto a los instantes breves,
a las cenas ruidosas,
a los abrazos que parecen triviales.

Nos recuerda que la magia no está en controlar el tiempo.
Está en sentirlo.
En sostenerlo con las manos temblorosas,
y saber que cada segundo —aunque incómodo, aunque lento—
es el lienzo donde se pinta la vida.

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