Una bachata de las que más me han impactado  

Hoy (una vez más) decido hablar de La Bachata de Biónico. Porque una segunda vez viendo La Bachata de Biónico fue una segunda vez pensando en
cómo estamos.

Esta película me causa muchísima nostalgia, y un sentimiento lo suficientemente crudo como el de estar viva junto a ese coágulo de saliva que surge todos los días por el intento pesado (a veces en contra mía) de mantener una vida verdaderamente viva.

Asimismo, entre el montón de cosas malas que pasan en La Bachata de un Biónico, que nos abarca de algún modo a todos, consigo pensar en un sutil y sinvergüenza “na’, pa’lante”, ni siquiera porque se entiende “como algo natural”, sino porque siempre lo ha sido. Así tanto, que esta clase de conflictos de todo tipo nos atraviesan, y no queda más que “seguir” con el clásico “como quien no quiere la cosa”. Sin pensar en lo que acaba de pasar, sin preguntarme, sin procesar, sin llorar dos o tres mares. Sin ni siquiera reírme consciente de que la risa no es feliz. Haciendo consciencia desde el inconsciente porque ya estoy (tristemente hasta ahora) acostumbrada a una mirada superficial, estereotipada y prejuiciosa.

Esta bachata, ¿verdaderamente es ficción? ¿Por qué un docuficción? ¿Por qué pensarla como una bachata? Más allá de la estética, de todas las grandiosidades que a esta pieza de arte crudo atraviesan, ¿Cómo yo pienso a Biónico y cómo él me piensa? ¿Acaso hay que pensarlo o es que ya se reacciona por inercia? Porque en un “todo”, Biónico es la psique de muchas bachatas. Sus maldades y también bondades.

No tengo la menor idea directa sobre estas experiencias, más no dejan de estar siempre bastante cerca de mí y todos desde casa (República Dominicana) e incluso fuera. Es un tema global. Y es capaz de engranojarme la piel porque es de las películas que se hacen desde una realidad que no solo una gente vive, que se piensan para que se piensen, que se vomiten, que se abracen, que se griten, que se censuren, y otra vez: se jodidamente griten.

Esta, La Bachata de Biónico, es de las cosas que están tan mal; que tenemos como verdad y realidad, como una extraña identidad y como nuestro mar y humanidad. Justamente ese don de gente que aunque se disfraza, nunca (en serio, nunca) se pierde.

Gracias a las verdades que desde la comedia se atreven a sostener material que no cuesta masticar. Gracias por cuidar con dignidad y humanidad dicha verdad. Gracias al equipo que hizo esta película posible por atreverse a explorar las múltiples y también formas válidas del contar en medio de un reto tan serio: “encontrar una autentica dominicanidad“, cuando la verdad es que esto es muy difícil de centralizar en un solo eje focal. Gracias por seguir creando aún la olla del artista no sea proporcional a su arte. Gracias a esas Mentes Fritas que se preocupan por el gluten que está presente en los chimis de nuestras esquinas.

Foto de la miniatura por el Director de Fotografía de La Bachata de Biónico, Alexander Viola.

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 4
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.