El director y guionista Zach Cregger nos dijo en 2022 que el cine de terror todavía tenía mucho para dar por fuera de los clichés. En Barbarian el realizador estadounidense armó una base de operaciones con aquello que habita entre los secretos, los miedos y las obsesiones de un pueblo. Y los hizo cine. En la Detroit de Barbarian las cosas se escondían debajo de una vivienda. En su flamante largometraje, Weapons, el terror se despliega en espacios similares y la exploración es aún más profunda, pero en la superficie. ELquid de la cuestión: la desaparición de 17 niños que huyeron de repente y sin dejar mayor rastro que el de las cámaras de seguridad que captaron su salida de los hogares.

La decisión de una introducción rápida y concisa del argumento, que sorprende a fuerza de un prodigioso montaje encadenado, tiene que ver con que Cregger prefiere el terror de los porqué antes que el de los qué.
Los chicos y chicas desaparecidos no son un enigma a resolver sino el indicio de un pueblo intoxicado. La revelación es progresiva y ola tensión aumenta a medida que avanza el relato. Cuando creemos que hay un clímax, todavía falta el siguiente. Y un salto adelante en el tiempo. Y otro atrás. Y otra vuelta más.
Las familias de los niños y niñas del pueblo no tienen respuestas pero cuentan con sospechosos en la mira. Sin embargo, el terror parece acotado a la parte de la población que sufrió la ¿fuga? de sus hijos. En este último punto hay una conexión lateral con la serie alemana Dark (Baran bo Odar, Jantje Friese, 2017—2020). En ambos trabajos las desapariciones funcionan como un agujero negro en el que conviven culpas, secretos y silencios en comunidad.

La elección de Julia Garner (la futura Madonna) para el rol protagónico funciona como parte de la trama. La actriz construyó su carrera bajo la piel de personajes atrapados en estructuras opresivas (para más datos recordar la familia acechada por la sombra de un cartel narco en Ozark). La Justin que compone en Weapons es anárquica y su subjetividad se apodera de la nuestra de forma excluyente desde que hace su entrada en escena. Al menos hasta que se le cruza Archer, a cargo de un Josh Brolin obsesionado por desentrañar qué fue del destino de su hijo.
La vida personal compleja de Justin, su posición como figura señalada por el pueblo, culpabilizada por las desapariciones, conecta directamente con la tradición pueblerina del chivo expiatorio. La escena en la que ella ingresa a un local enorme que vende alcohol las 24 horas es una de las imágenes más elocuentes del film. En medio de escenarios reales del paisaje estadounidense, Cregger aprovecha para hablar sobre consecuente autodestrucción en Estados Unidos. El consumo está disponible a cualquier hora del día; en cambio, el pequeño Alex (Cary Christopher), uno de los niños centrales del relato, no tiene quien se quede con él mientras espera en la puerta del colegio (del lado de afuera) que su padre lo pase a buscar.
Gladys
Más allá del gore, que juega su rol de forma quirúrgica y parece homenajear al Peter Jackson de Bad Taste (1987) y Braindead (1992), el mayor acierto respecto del género en el film radica en Gladys, a cargo de una inmensa Amy Madigan en el papel de su vida. Gladys representa el horror de la cotidianidad rota, de lo truculento en el seno familiar, bajo el techo del hogar dulce hogar. Al igual que Nicolas Cage en Longlegs (Oz Perkins, 2024), la villana que encarna Madigan proyecta una demencia irrefrenable que encuentra raíces, también, en el Joker que Jack Nicholson entregó en Batman (Tim Burton, 1989).
Sin embargo, la actriz encara su trabajo desde un registro diferente: Nicholson ponía el acento en la extroversión caótica, mientras que Madigan construye su performance desde la deformidad de lo familiar. En ese tren es que la película se vuelve terminalmente freak.
Digresión al paso: es hora de que la Academia de Hollywood rompa con su tradición de ignorar este tipo de labores a la hora de las nominaciones.

Los niños
Nada fue igual desde que hace medio siglo íconos del terror de Hollywood como The Exorcist (William Friedkin, 1973) o The Omen (Richard Donner, 1978) abrieron la puerta a que los infantes participen de escenas macabras. En este punto Weapons también da un paso adelante. Resulta perturbador el recurso de un niño (alerta spoiler) dándole de comer a sus padres y que después estos, delante de él, se claven tenedores en la cara. Y es solo uno del puñado de elementos que trastocan la corrección en el opus.
El tráiler de un ex país
Es difícil de entender la existencia de Weapons por fuera del contexto político que viven desde hace ya varios años los Estados Unidos. El film se estrena en un momento en que el gendarme del norte alimenta día a día, decreto a decreto, una fractura social expuesta. No hay intención de cauterizar; las cartas parecen echadas y la inminencia de algo oscuro parece amenazarlo todo. Los niños primero, parece enunciar el subtexto.
Cregger, como Todd Phillips en Joker (2019), por citar otra crónica del fin del mundo made in USA, apela a la ficción para hablar del presente desde la caricaturización del mal desde una ficción que parece documental. En este film de 2025, en tanto, se echa mano a la parábola como fantasía y también como espejo deformado de un terror posible.
Quizá Weapons sea un tratado sobre la desintegración. Algo dicen sobre ello, también, los segundos finales, antes de los créditos. Un posible tráiler de lo que vendrá.

Bonus track: Así empezó todo
La génesis de Weapons está en una experiencia personal de Zach Cregger, más precisamente en el duelo por un amigo. “Perdí a uno de mis mejores amigos en un accidente y no tenía un lugar donde canalizar esas emociones. No me senté con la intención de escribir una película, simplemente quería vomitar mis emociones. Nace de un impulso más visceral que intelectual”, señaló.
Al respecto, apeló a Stephen King: "Me siento muy identificado con Stephen King cuando explica que, como escritor, sos un paleontólogo y estás desenterrando un esqueleto de dinosaurio, hueso por hueso. No sabés qué tipo de dinosaurio es, solo podés descubrirlo a medida que avanzas”.
El guion de "Weapons" fue escrito mientras terminaba la postproducción de Barbarian, en plena catarsis emocional. "No tengo muchas otras salidas saludables para ese tipo de cosas. Y Weapons es la película que surgió de eso, pero no por ello es una película sobre la muerte de mi amigo, sino sobre mí enfrentando ese dolor".
Sobre el tono de la película, advirtió que "no es un bajón; es una montaña rusa muy divertida. Da miedo, es graciosa, tiene de todo. No creo que nadie pueda anticipar de dónde viene cuando la vea, pero es verdad que el motivo de su creación fue terriblemente personal".
Weapons EEUU. 2025. Dirección y guion: Zach Cregger. Edición: Joe Murphy. Fotografía: Larkin Seiple. Música: Zach Cregger, Hays Holladay, Ryan Holladay. Make up: Luca Lemolato. FX: Richie Bearden. Elenco: Julia Garner, Josh Brolin, Amy Madigan, Cary Christopher, Alden Ehrenreich, Austin Abrams, Benedict Wong, Jason Turner.



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