“Mi cerebro siempre va a ganar, la mente supera la fuerza”
Lex Luthor (Superman - 2025)
Vivimos en la denominada sociedad moderna, una forma de organización del mundo que comenzó a gestarse con el empoderamiento científico del hombre capitalista burgués del siglo XVI, un ser humano que, en medio del llamado “Renacimiento” europeo, comienza a proyectarse sobre el mundo conocido desde diversos puntos de vista (medicina, navegación, comercio, etc), y además, se atreve a indagar e investigar más allá de las fronteras del conocimiento de la época: estos son los tiempos de Nicolás Maquiavelo, Cristóbal Colón, la expulsión de los judíos del sur de España y los primeros viajes de los portugueses en el continente africano.
Desde entonces, el ser humano a pasado a través de un proceso de secularización, a través del cual, se ha ido imponiendo la fuerza de “la diosa razón”, por encima de toda “superstición” y creencia religiosa; algunos han vivido bajo cierto escepticismo, en la aceptación tranquila de lo que puede ser la vida: creen en el destino, pero asumen que cada paso dado tiene sus causas y efectos en tanto proceso humano y no sólo un proceso regido por fuerzas supremas; otros, se inclinan más a cierto pesimismo e indiferencia en medio del existencialismo; así mismo, hay quienes rayan en el ateísmo bajo el criterio simplista de que “no se puede creer en algo que no se ve”.
Sin embargo, la modernidad, en medio de sus contradicciones propias de la misma condición humana que la ha creado, sigue creyendo en “cosas que no se ven”; de manera práctica, un director de cine puede leer su guión escrito, de la misma manera que lo hace un poeta frente al verso y un músico frente a la partitura; no obstante, la emoción que suscita la creación artística en sí misma, no es observable y, en muchos casos, apenas puede ser controlada o esperada por el creador mismo: muchas veces el propio artista puede sorprenderse al observar en una audiencia reacciones inesperadas a partir de su propia creación.
En este orden de ideas, me parece tremendamente interesante una frase que, en mi criterio, resume el contenido y el argumento de la película Superman (2025):
“Mi cerebro siempre va a ganar, la mente supera la fuerza”

La sentencia es dicha por un Lex Luthor eufórico (Nicholas Hoult), justo en el clímax de la trama, cuando aparentemente, el villano está por derrotar al héroe kryptoniano; el hecho es que a tal altura del filme, la narrativa nos ha ido mostrando una historia de ciencia-ficción en la cual hay una serie de elementos que, hacia el final de la película nos encara al lado más humano de sus personajes y a un cuestionamiento de la avanzada tecnología presente en dicha historia. Vamos a tratar cada uno de esos elementos:
1. Los robots de Superman
Ciertamente, Superman cuenta con un conjunto de robots antropomorfos que tienen un comportamiento bastante humano, basado fundamentalmente en la en el valor de la “consideración” y en una metódica “vocación de servicio”; sin embargo, actúan más bajo la mecánica de la memoria de un ordenador, que bajo la espontaneidad de un humano propiamente dicho, recordemos por ejemplo, la escena en que Clark Kent (David Corenswet) le da las gracias al “Robot 4” y éste, en respuesta, le explica que él está diseñando para ayudarlo, pero que dada la carencia de emocionalidad no puede corresponder a su agradecimiento.
He aquí un aspecto interesante de la llamada Inteligencia Artificial de nuestro mundo moderno: tal inteligencia puede pensar, pero no puede sentir. Mientras tanto, el cerebro humano, sigue representanto un espacio infinito, tanto es así, que ciertos fenómenos, como la parte de la masa encefálica que proceso la experimentación de los músicos, como la improvisación, sigue siendo un misterio para la ciencia: se sabe que el cerebro percibe la música, pero no se sabe exactamente en qué parte del mismo.
2. La estrategia geopolítica
Como parte del entramado de Superman (2025), cuando aún estamos al inicio de la pieza cinematográfica y se nos presenta parte de lo que sería el desarrollo de la historia, Clark Kent (David Corenswet) y su pareja Lois Lane (Rachel Brosnahan) discuten sobre la ética presente o ausente en las acciones intervencionista del héroe en la zona de Jarhanpur y la observación que la opinión pública tiene sobre el asunto; esta discusión (que termina pareciendo más una caprichosa pelea de novios) concluye en malas términos, con un super héroe que por encima de las ideas políticas sobre el Estado, alega que de no ser por su actuación, mucha gente habría muerto.
3. La selfie como forma de espionaje
Desde el inicio de la película, cuando “El Martillo de Boravia”, ataca la ciudad de Metrópolis bajo el control de Luthor, nos encontramos a Eve Teschmacher (Sara Sampaio) fotografiándose a mí misma constantemente; la escena, que puede resultar hasta ridícula, contraste tremendamente con la destrucción de la ciudad y un Superman que acaba de ser estrellado en el suelo de una de sus calles; personalmente, de entrada este personaje suele resultar chocante, antipático y superficial. No obstante, cuando Superman se entrega a las fuerzas de Luthor y el fotógrafo Jimmy Olsen (Skyler Gisondo), recibe información secreta de parte de Eve sobre los planes del villano, la cinta muestra un vuelco en relación a la actitud, los sentimientos y hasta la conducta moral de este personaje femenino; entonces se comprende que la aparente superficialidad del selfie, en realidad fue “la excusa”, “la justificación” para pasar por alto, una sutil y hasta coqueta forma de espionaje, toda una táctica que da cuenta de un personaje que además de usar su belleza, también usa su inteligencia.
4. El dilema moral y el problema identitario de un superhéroe
“No se quién soy”, le dijo Clark Kent a su padre de crianza (Pruitt Vince), tras descubrir a propósito del mensaje de sus padres biológicos que fue enviado al planeta Tierra para dominar a los seres humanos. En este punto de la película, nos encontramos a un héroe emocionalmente derrotado, está confundido porque siente que el mundo le señala por algo que en realidad él no es; en esencia, Clark quiere ser un justiciero de la humanidad y en un su conciencia, no existe la más mínima intención de gobernar y muchos menos de esclavizar a las personas.
Entonces su padre le hace saber que está orgulloso de él, que cree en su persona y que él debe creer en sí mismo a partir de sus propias acciones y no, de lo que el “mundo” juzgue sobre él. Y con tal lección, el héroe kryptoniana logra remontarse a sí mismo como persona, para transmitirle fuerza a su “yo” héroe.
5. El pecado capital de Lex Luthor
En Superman (2025), el cineasta James Gunn, nos muestra a un Lex Luthor (Nicholas Hoult) eufórico, arrogante, seguro de sí mismo, desafiante, luchador y tremendamente inteligente, el villano salta a la escena con una inigualable capacidad de liderazgo y dominio que, en el peor de los casos alcanza la humillación; recordemos por ejemplo, la escena en la que con toda intención, tumba al suelo los lápices para que sus empleados se agachen a recogerlos. Se deja ver también, entre la actuación de Nicholas y los planos subjetivos del cineasta, una mirada ardientemente ambiciosa llevada por una furiosa búsqueda de poder, Luthor, sin duda alguna sabe qué quiere y en qué dirección moverse, y así lo asume cuando le expone a Superman abiertamente (mientras el kryptoniano pelea a muerte contra su propio clon), que el conflicto bélico entre las naciones Boravia y Jarhanpur no es más que una justificación para destruirlo; por su parte, Superman lo ataca catalogándolo de envidioso y Luthor asume su envidia y, de la misma manera, a través de la acción y el diálogo, el villano deja saber que de alguna forma, su envidia es el motor de su ambiciosa acción: como cualquier ser humano, busca una causa, un motivo para vivir. Por otra parte, cuando Lex Luthor ve a “su clon” de Superman derrotado en batalla, Nicholas Hoult, en una actuación magistral, nos impresiona al mostrarnos a un héroe tan humano y sensible, que termina llorando como un niño tras dicha derrota.

En conclusión, la eufórica frase de Lex Luthor, en un momento clave del desenlace de la pieza cinematográfica, nos resume en buena medida la trama y justifica el comportamiento y las palabras de varios de los personajes de la historia; en tal sentido, podemos asumir que los pensamientos son superiores a cualquier fuerza externa porque el cerebro humano (más allá de toda creación tecnológica) resulta ser el órgano más complejo y completo existente en la Tierra, el cual a través de la mente lleva a cabo el planteamiento de problemas y la resolución de conflictos de toda índole presentes en la vida misma (tengamos por caso la visión geopolítica, el dilema moral y la envidia como elementos importantes en la película); por otra parte, la tecnología no representa, ni puede representar un sustituto de la mente humana, en todo caso, cuando más, alcanza a ser un canal, un medio, una vía, para que el ser humano logre tales planteamientos o resoluciones de conflictos en función de su propio bienestar y, en algunos casos, del bienestar de su comunidad, tal es el ejemplo, del uso de la selfie de Eve y los robots “ayudantes” de Superman.
En otras palabras, toda máquina es una creación humana, y en ese orden de ideas, debe estar al servicio de la Humanidad y no al contrario.




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