¿Una hostoria de un niño de madera?
No.
Una historia sobre la fragilidad de la vida y la fuerza del amor verdadero.
Pinocho de Guillermo del Toro, comienza narrándonos sobre un hombre ya mayor y su desmedido amor por su hijo pequeño llamado Carlo, allá en la vieja Italia. Carlo es un ángel a simple vista, obediente y muy cariñoso hacia su padre.
Pero no todo va a ser rosas en la pradera y Guillermo nos los advierte cuando menciona la muerte del niño.
Después de la tragedia, Geppetto se enoja con Dios y decide crear un nuevo Carlo hecho a base de madera, irónicamente cortando el arbolito que este sembró años atrás. Sin embargo, el cielo o en este caso el bosque, deciden darle una oportunidad de volver a amar, pero no como se lo esperaba.
Nace Pinocho.
Al principio de la cinta es un poco perturbador y hasta dan ganas de caerle a martillazos, pues resulta en todo lo contrario a la personalidad de Carlo; es demasiado curioso, desobediente e impulsivo.
Pero…
Aquí viene la magia del desarrollo de personaje.
Pinocho va aprendiendo sobre la vida gracias a Sebastián y a su padre. En unos cuantos acontecimientos inesperados se da cuenta de que el valor de la vida no es cuánto dure, sino el aprender a amar y a dejar ir por más doloroso que sea.
Es una historia que refleja la fragilidad de la vida, el amor verdadero y el aprender a dejar ir gracias a un devastador final.
Sin embargo, aunque es una cinta dolorosa está llena de momentos de humor bien colocados.
Absolutamente hermosa.


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