
Estuve viendo Los puentes de Madison para poder escribir sobre este reto. No tengo muchas vivencias porque soy aún muy joven, pero por algunas que he visto de mi familia, creo que el desamor viene no solo por las desavenencias entre ambos, sino por la parte económica, que ataca mucho en la mesa y a toda la familia. Y me refiero a las peleas de unos tíos míos, con un matrimonio roto, pero que se mantenían juntos por no saber qué hacer después de separarse. Cada uno vive en diferentes cuartos; comparten la casa, pero son solo compañeros de casa.
En Los puentes de Madison, no era por la parte económica, sino por el desamor, la falta de interés del esposo por ella, su frialdad e indiferencia; es posible que su carácter y conducta sea así, ser frío, o el tiempo enfríe todo. Mi tía no decidió darse una oportunidad con otro o tal vez tenía miedo, ese miedo que le metían a las mujeres de generaciones atrás, que uno no debe estar saltando de hombre en hombre, uno se casa hasta que la muerte lo separe, y todas esas barbaridades donde el deseo de ser y realizarse quedan en un segundo plano para dar prioridad a la nada, a la no existencia.
En Los puentes de Madison, Francesca Johnson era invisible, con una vida monótona de esposa, madre y fantasma, porque el marido, Richard ya no la mira como antes. Él fue un soldado estadounidense y fue enviado a Italia a servir, allá la conoció y allá se casó con Francesca, la trajo a vivir con él a los EEUU, al medio oeste del país. Llevan una vida de granjero y es un esposo seguro y estable económicamente y sin traición, pero con una vida donde el romance cayó en un segundo lugar.
No creo que mi tía se hubiera dado esa libertad de conocer a alguien y cambiar su vida a una nueva esperanza y deseo de existir. Yo tuve un novio cuando tenía 16 años, pero no le veía vida. Andábamos en su moto, pero de vez en cuando él se fumaba algo de olor fuerte, desagradable y raro, que me mareaba por momentos. No lo probé porque era algo fuerte y me daba ganas de vomitar, y me hizo cortar con él por esa mala costumbre de fumar delante de mí algo de tan fuerte olor que lo ponía medio extraño cuando manejaba la moto.
Siendo yo joven y con mente actual, tuve otro novio, pero como no trabajaba, vivía de sus papis, no tenía ni para comprarme un perro caliente y, comparándolo con los novios de mis mejores amigas, era un fiasco y lo corté también, lo mandé junto con sus videos juegos al pozo sin fondo (“F"). Tuve otro novio y era muy celoso y no quería que nadie se me acercará y me controlaba mi forma de vestir y decidí soltarme y deshacerme de ese nudo que me estrangulaba, y después tuve otro novio y hasta ahora sigo con él, pensamos igual, pero vivir la vida de Francesca Johnson, como la mujer invisible no sé, creo que sería algo desesperante para mí, hay que tener esa mente de la época donde la prioridad que es uno queda de lado por los otros, como mi tía que prioriza lo que digan los demás y su crianza.


Creo que Francesca Johnson hizo algo bueno despertó a tiempo abandonó esa vida de no existencia y se fue con Robert Kincaid fotógrafo de National Geographic que vino a Madison a tomar fotos de Los puentes de Madison, pero eso fue rápido justamente cuando el padre y los hijos estuvieron afuera de la casa porque fueron a la feria del estado, mientras ellos se divertían muy confiados Francesca también lo hacía, por otro lado, dentro de su propia casa, empezaba a vivir y a darse de cuenta que aún estaba viva.


Mi tía tiene miedo de darse cuenta de que aún está viva; ella siempre dice: “No a todas nos sale un fotógrafo de National Geographic, bien parecido y llamado Robert Kincaid".
No nos sale.
Es posible que el miedo a dar el paso sea por no saber si el nuevo hombre quiere algo bueno o solo una pasantía. Como yo soy joven, creo que no tengo nada que perder; yo no he fundado nada como mi tía, que hizo una casa con una familia. Creo que tener cosas estables da más peso que no tener nada y la edad es un factor de peso importante también.

Uno debe darse una oportunidad en la vida; se vino a vivir, no a no existir viviendo. Mis tíos son el perfecto desamor, pero no hay Los puentes de Madison en ellos; ninguno de los dos quiere dar ese paso, tienen miedo, prefieren vivir cada uno por separado dentro de la misma casa; cada uno duerme en cuartos apartes.
Por un lado, viéndolo a través de los ojos de ellos, divorciarse, después vender la casa, dividir el dinero para que cada quien se vaya, ¿dónde van a comprar una casa igual? Y, del mismo valor. Sí, ahorita tienen problemas para poder poner una comida decente en la mesa. ¡Sí es duro!, no la tienen fácil. Lo mejor que pueden hacer hasta ahora es compartir la casa y vivir dentro de ella, como amigos. Hasta que la muerte los separe, pero no por amor, sino por acorralamiento.



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