De Acapulco, Guerrero, México para el Mundo entero:
- ⚠️Atención: esta crítica contiene spoilers
Acabo de salir de la función de El Drama (2026), la nueva película de Kristoffer Borgli para A24, y aún siento que me falta el aliento. No es una comedia romántica convencional. Es una dramedia afiladísima que abordó un tema polarizante: los tiroteos escolares en Estados Unidos.
Acá, a su vez, lo vuelve un cuestionamiento incómodo sobre cómo gestionamos (o no) nuestros traumas en las relaciones interpersonales más íntimas.


ANALIZANDO EL CONTEXTO FRÍAMENTE
Emma (Zendaya) y Charlie (Robert Pattinson) son una pareja a punto de casarse que, a simple vista, parece haberlo resuelto todo; llámese la boda de ensueño a la vuelta de la esquina, lxs amigxs entrañables y las vidas “estables”.
Una semana antes del enlace matrimonial, durante un juego de “la peor cosa que hayas hecho”, Emma confiesa algo que descoloca a su pareja y a sus mejores amigos: ella a los catorce años planeó un tiroteo en su escuela, el cual no llevó a cabo.
Previamente - y lo que sí hizo- fue cargar en soledad el duelo de la muerte de una compañera, el bullying sistemático que la aisló y la terrible fascinación peligrosa por la estética del poder armado que, en redes sociales, le ofrecía una ilusión de control en un mundo que la había rechazado.
La película no juzga a Emma (aunque los personajes, en un principio, sí). La observa con una objetividad que te trastoca. Vemos, en flashbacks intercalados, cómo una adolescente solitaria grababa videos confesionales y practicaba con el rifle de su padre (donde perdió la audición de su oído derecho).
Es importante mencionar que la película no hace apología del delito; hay comprensión, en cierto sentido, de este mecanismo. El arma, en ese momento, era su único lenguaje que le otorgaba visibilidad y seguridad.


El nudo dramático no se encuentra en sí en el pasado de ella, sino más bien, en la reacción de él. Charlie comienza a sobrepensar después de la confesión de su prometida. Cada detalle es la sospecha de estar a lado de una enferma mental propensa a cometer ilícitos. Cuando socializa la confesión con sus amigos (Mamoudou Athie y Alana Haim), el conflicto se expande en una horrible mancha que le impide a Emma defenderse porque nadie ha escuchado su contexto, y al mismo tiempo, la gente a su alrededor la crucifica por un error, dejando de mirar sus 99 aciertos.
Y sí, lo que pudo haberse arreglado con una conversación asertiva, se transforma en un colapso interno para Charlie. Aquí entra el tema central de la película: la responsabilidad afectiva no se trata exclusivamente de decir la verdad, es saber recibirla sin que el otrx se quede con dudas, en una especie de rompecabezas o en un bucle infinito de fatalismos.
Borgli (el director del filme), que ya ha demostrado su capacidad para empalmar lo grotesco en lo cotidiano; construye en esta película un tercer acto donde la tensión se estira hasta lo insoportable. Las secuencias finales son una bomba tras otra.

La comedia surge precisamente de lo bizarro. Sabemos que situaciones como estas en la vida real nos congelarían de horror, y acá en la ficción, paradójicamente, nos hacen reír.
Bueno, tal risa incómoda es el gran hallazgo de la trama. Nos obliga a reconocer que, a veces, únicamente en la ficción podemos procesar aquello que la realidad (automatizada) nos impide: PRESTAR ATENCIÓN.
Técnicamente, El Drama es una joya rítmica
La fotografía de Arseni Khachaturan (rodada en 35 mm) alterna entre la calidez de los colores dorados en la intimidad de la pareja y en los tonos neutros de los flashbacks.
La edición de Cécile Gariépy corta y encaja el presente y pasado con precisión quirúrgica sin generar confusión alguna; por ejemplo, en unos de los close-up de Zendaya adulta, se encuadra magistralmente con el de la adolescente, y de pronto entiendes que el conflicto no es un capítulo cerrado debido a que nunca se trabajó propiamente en terapia (pero sí con otras alternativas, como el activismo contra el uso de armas).
La banda sonora minimalista eleva la ansiedad de Charlie de forma física, llevándolo a somatizar sus emociones, y por ende, a realizar acciones fuera de lugar.
PATTINSON Y ZENDAYA SON LOS MEJORES INTÉRPRETES DE SU GENERACIÓN
Zendaya entregó, para mí, su trabajo más maduro a la fecha (además de la increíble Malcolm and Marie 2021) acá crea una Emma contenida en sí misma; es una mujer que a solas hizo el trabajo interno, para así ser una persona saludable de manera integral.
Pattinson, por su parte, canaliza la intensidad (que ya vimos en The Devil All the Time 2020), con un Charlie que se ahoga, que se desmorona y que desafortunadamente, explota en su propia psique. Es un personaje complejo que retrata cómo al sobreanalizar se estira la liga del autocastigo.
La película no se queda en la pareja. Va más allá y señala, con discreción y firmeza, nuestra responsabilidad colectiva como sociedad. Digámoslo como es: los tiroteos escolares no son anomalías individuales ni tampoco hechos aislados; son el síntoma de un sistema que ha abandonado a los adolescentes, por la falta de apoyo psicológico, y la normalización del bullying; prácticamente por una cultura que romantiza el (mal) uso del poder dañando a terceros.
Emma encontró salida en el activismo, sin embargo, ¿cuántas Emmas no lo logran? ¿Cuántxs jóvenes están atrapadxs en un abismo de ideación porque nadie les tendió una mano a tiempo?
Uf, casi de soslayo, Borgli tocó un nervio perturbador; es decir, en un entorno todavía marcado por dinámicas patriarcales, los hombres como Charlie han aprendido a procesar el miedo y la decepción en silencio, en una distorsionada “fortaleza emocional”, sobrepensando en lugar de verbalizar lo que les pasa.

La película sugiere que debemos sentarnos frente al otrx y decir: “Esto me duele. Charlemos”.
El cierre es preciosamente simple, no obstante, es conciso; es una invitación clara a reaprender a comunicarnos a partir de la honestidad, sin filtros ni temores a que la verdad rompa lo que supuestamente es inquebrantable.
CONCLUSIONES Y PREGUNTAS PARA TI Y PARA MÍ

El Drama no deja una moraleja sencillita. Creo que nos acompaña al salir del cine con preguntas como ¿cuántas conversaciones difíciles estamos postergando por el horror a descubrir realmente al otrx… o incluso a nosotrxs mismxs?
¿Cuántas veces hemos preferido sobreanalizar en vez de externar “me estoy destrozando, escúchame”?
Si el amor verdadero incluye aceptar lo más oscuro del otrx, ¿por qué tememos a que nos acepten en nuestra versión más rota?
¿Estamos preparadxs para la honestidad radical en nuestras relaciones interpersonales, o nada más la pedimos cuando nos conviene?
Y la más difícil de todas: en una sociedad que sigue fallando a sus adolescentes y que continúa castigando más la vulnerabilidad masculina que a la violencia misma, ¿quiénes somos nosotrxs para juzgar severamente a quien casi cruzó la línea… si apenas estamos aprendiendo a no cruzarla con nuestro propio silencio? ¡Ops!
La película nos recuerda que la salud mental empieza en las conversaciones que evitamos tener.
Por otro lado, también nos regala un aprendizaje vital:
✓ Con amor genuino y una disposición a sentarse, escuchar y hablar sin tapujos, todo es posible. Y me refiero a… sanar heridas que en muchas ocasiones creemos que son imposibles de curar.
✓ Existe la posibilidad de rehabilitar una relación que estuvo al borde del colapso si ambas partes colaboran mutuamente.
✓ Mirarse a los ojos después de conocer a flor de piel al otrx y elegir quedarse, brindando apoyo, no es ingenuidad; es la esencia más transparente y fehaciente del amor. Amar es una valentía consciente.
Cierro…
El Drama vale minuto a minuto en la pantalla grande. Y, sobre todo, vale el tiempo porque la reflexión incómoda se irá contigo posteriormente al encendido de luces de la sala (o cuando te desconectes de tus dispositivos y te pongas a meditar).
Finalmente, les regalo este rolón del argentino Diego Torres, esperando que la esperanza nos alcance a todxs.
Por. Alma Raquel Alonso Lucena
Ingeniera, Mtra Admón, Podcaster y Amante del cine
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