Una joven que cuida de su madre enferma encuentra una vía de escape produciendo un podcast sobre fenómenos paranormales hasta que un caso convierte su escape en una pesadilla
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El otro día me crucé en las redes con una frase que se repetía un montón: “Undertone es la mejor película de terror del año”. Bueno, a ver, bajemos un cambio. No creo que llegue a tanto, pero tengo que admitir que la bala pasó raspando. Es una película enorme, gigante, pero no por sus cualidades visuales, sino por cómo te destroza psicológicamente usando las herramientas sonoras. El laburo de sonido que tiene esta cinta es una locura que me dejó completamente loco: cada golpe seco, cada susurro milimétrico lo sentí al lado de la oreja. Me sentí en peligro real durante toda la hora y media. Les juro que cuando empezaron a sonar esas canciones infantiles en reversa, se me erizó la piel de una forma que casi me hace vomitar del terror. Qué desesperación, hermano.

No tengo muy claro si esta película llegó a pasar formalmente por las carteleras de los cines de acá, pero lo que hubiera dado por verla en una sala grande, con un sistema de sonido envolvente, no tiene nombre. Mis auriculares zafan y no se quedan atrás, pero todos sabemos que nunca es lo mismo. Además de la experiencia auditiva que te liquida, me sorprendió muchísimo la tremenda austeridad de la puesta en escena. Está filmada en una sola locación, que encima es la casa real del director Ian Tuason, el lugar donde él mismo tuvo que cuidar a sus padres cuando se enfermaron. Ese dato se nota en la pantalla: te transmite una sensación de encierro, de poco escape y de falta de aire que le suma mil puntos a la experiencia claustrofóbica.
Paréntesis para manijas del insomnio: Hablando de ambientes asfixiantes, ruidos extraños en el living y esa paranoia hermosa que te agarra cuando todos duermen... si son de los míos y se quedan boyando en la cama a las tres de la mañana, tienen que ir ya mismo a descargarse mi libro digital, “Películas para ver sólo a la madrugada”. Es el puente perfecto para esos momentos de desvelo donde cualquier crujido te hace flashear que hay algo abajo de la cama. Un mimo para el cinéfilo trasnochador, lo bajan desde el link de siempre.
En cuanto a las actuaciones, todo el peso se lo carga al hombro la protagonista, encarnada por Nina Kiri, y la verdad es que está descomunal. Bah, en realidad es prácticamente la única actriz en pantalla, porque su co-estrella es una perturbadora voz que sale de la computadora, la voz de Adam DiMarco. También está la actriz que hace de la madre, pero se la pasa el 80% de la película postrada en una cama sin emitir palabra. Eso sí: las pocas escenas que tiene la vieja son una cosa de locos. Hay una secuencia en particular que me dio muchísimo miedo, un cagazo total de los que te dejan tieso en la silla; cuando la vean, se van a dar cuenta al toque de cuál les hablo.

La trama hay que decir que no es física cuántica, no es demasiado complicada, pero es súper efectiva y, en mi caso, me resultó de lo más interesante. Todo ese mambo del podcast sobre cosas paranormales me llamó la atención desde el minuto uno, y viendo lo que terminaron haciendo con esa idea, confirmo que tuve toda la razón del mundo al esperanzarme. Es una excelente propuesta pero mantengo mi postura: no le da para ser la mejor del año.

¿Y ustedes qué onda? ¿Ya la vieron o la tenían fuera del radar? ¿Se bancan el terror que se basa más en lo que escuchás que en lo que ves? Los leo en los comentarios, que se arme el debate en la comunidad.





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