María Félix inició su carrera en el cine mexicano a principios de los años cuarenta, consolidándose rápidamente como una presencia principal en pantalla y construyendo una persona pública distintiva conocida como La Doña. Su trabajo abarcó 47 largometrajes, donde se centró en la colaboración con directores, productores y cinematógrafos para proyectar una identidad de personaje dominante. Félix desarrolló un enfoque profesional basado en el control de su imagen, eligiendo papeles que reforzaban una persona en pantalla coherente de fuerza e independencia. Participó tanto en producciones de estudio como en coproducciones en América Latina y Europa, manteniéndose deliberadamente en el cine en lengua española. Su trayectoria refleja una evolución desde sus primeros papeles cinematográficos hasta una fama sostenida, con énfasis en la construcción de la persona pública, la autonomía profesional y el impacto cultural en mercados hispanohablantes.