Las personas son disparadas con flechas, empaladas, aporreadas, mutiladas, incendiadas o cortadas o apuñaladas con armas blancas, lo que ocasionalmente resulta en chorros de sangre y detalles sangrientos.
Los prisioneros esclavizados son azotados y golpeados, dejándoles la piel ensangrentada.
A las personas se les rompe el cuello o la espalda durante la batalla.
También se matan varios animales, aunque no hay pruebas de crueldad animal real.
Los detalles de las lesiones tras la violencia incluyen heridas sangrantes, sangre en los rostros y la ropa de las personas, y campos de batalla sembrados de cadáveres ensangrentados.