Los colonos: el despertar de La Malinche 

A medida que la niebla se disipa lentamente, podemos ver a una familia de nativos americanos que descansan en una choza con techo de paja. Se sientan tranquilamente junto a una fogata, la luz del fuego hace que su piel de color amarillo pálido brille y resalte las pequeñas sonrisas en sus rostros. Este breve momento en la película chilena Los colonos (2023) es sumamente impactante. Es un estudio antropológico fugaz, así como la última vez que vemos a estos nativos americanos, ya que la siguiente escena muestra su masacre por parte de los colonizadores. Sin embargo, la película no sólo retrata el genocidio; también se centra en la perspectiva de una mujer y en una película que se está realizando.

En 1521, el conquistador español Hernán Cortés lideró a unos cientos de colonizadores para conquistar el Imperio Azteca, estableciendo lo que hoy es la Ciudad de México sobre las ruinas de la capital azteca, Tenochtitlán. Un aspecto significativo del mito de la conquista de Cortés es su asistente clave: una mujer indígena conocida como la Malinche, que sirvió como su amante, traductora, consejera e intermediaria. Durante más de 500 años, los latinoamericanos han tenido opiniones muy contradictorias sobre ella: es vista como una diosa y una madre, además de una prostituta y una traidora. Los mexicanos se refieren a sí mismos como descendientes de la Malinche (Los hijos de la Malinche): la descendencia de una mujer violada.

Curiosamente, la Malinche también aparece en Los colonos del director chileno Felipe Gálvez. Sin embargo, en esta película ella no es sólo una mujer indígena violada o una traidora con las manos manchadas de sangre; también es una figura del despertar: una rebelde que utiliza la "perspectiva de los derrotados" como arma.

Los colonos está basada en hechos reales y cuenta la historia del comerciante español José Menéndez (1846-1918) quien envió al teniente retirado del ejército británico Alexander McLennan (1871-1917, apodado Chancho Colorado o "Cerdo Rojo") a exterminar a los indígenas Selk'nam. La película presenta dos formas de violencia: violencia física (genocidio) y violencia lingüística (borrado de la historia).

La doble perspectiva del mestizo

Los colonos presenta tres personajes principales: uno es un aventurero británico (inspirado en la película británica Zulú), otro es un vaquero estadounidense (inspirado en la película estadounidense Más corazón que odio) y el tercero es un niño mestizo llamado Segundo (basado en la película del Nuevo Cine Latinoamericano Chileno, El chacal de Nahueltoro). En los últimos años, una serie de películas anticoloniales, como Zama (Argentina, 2017), Blanco en blanco (Chile, 2019) y Los asesinos de la luna (EE.UU., 2023), han adoptado una perspectiva blanca. En contraste, Los colonos elige la perspectiva de Segundo, un niño mestizo (alguien de sangre indio-europea) con apariencia indígena que habla español con fluidez, conoce íntimamente Tierra del Fuego y también es un riflero. Esto crea una perspectiva dual: Segundo es tanto blanco como indígena, víctima y perpetrador, narrador y sujeto de la historia. En otras palabras, esta es la perspectiva sensible y conflictiva de un chileno (el 75% de la población chilena es mestiza). La dualidad de esta perspectiva impregna la película de una atmósfera de contradicción, duda y terror.

Otro "personaje" importante de la película es Tierra del Fuego, ubicada en el extremo sur de Chile y Argentina, que es también el lugar de la Tierra más cercano a la Antártida. Antes de la apertura del Canal de Panamá en 1914, Punta Arenas en Tierra del Fuego era el único puerto que conectaba los océanos Pacífico y Atlántico, lo que le otorgaba un inmenso valor estratégico. La película simplifica el trasfondo histórico y adopta las convenciones del western, utilizando numerosos planos de gran angular para representar la belleza y el peligro de Tierra del Fuego. Esto sumerge gradualmente a la audiencia en un contexto histórico. Para ocupar esta vasta tierra, sólo se necesita eliminar un único obstáculo: los pueblos indígenas que la habitaron durante generaciones. Esto refleja la simple lógica del colonialismo.

Al principio, Segundo es más bien un espectador, un testigo y un guía vacilante. Cuando el equipo colonial se embarca en la primera cacería en la niebla, la película utiliza ocho primeros planos del rostro de Segundo para mostrar su lucha interior y su miedo: podemos ver cómo levanta y baja su arma una y otra vez, oscilando entre la resolución y la duda. La densa niebla que apesta a sangre, como se ve en la imagen, es también la niebla que oscurece la propia moral e identidad de Segundo. En primeros planos con cámaras de mano, él guarda silencio mientras se desarrolla la masacre, mientras sus compañeros les cortan las orejas a los indios muertos y violan a una mujer. La transformación de Segundo comienza con el asesinato de la mujer indígena. Cuando los británicos le ordenan violarla, él "misericordiosamente" la estrangula hasta la muerte. Este acto también significa matar una parte de sí mismo, la parte que lo hacía dudar. A partir de ese momento, deja de permanecer en la periferia para convertirse en un miembro del equipo colonial.

A través de los ojos de Segundo, vemos cuando los blancos matan y violan a los nativos, y también somos testigos de cómo los blancos son asesinados o violados por otros más poderosos. Vemos que, esencialmente, la violación y el asesinato son las soluciones más directas para establecer autoridad dentro de las relaciones entre las personas. De hecho, después de que a MacLennan lo violan los piratas, aparecen tres hombres que caminan a caballo sobre el mar. Esta escena es una parodia y sátira de la religión; como todos sabemos, el paseo de Jesús sobre el mar fue un testimonio de su identidad divina. Sin embargo, quienes caminan sobre el mar en Tierra del Fuego son los colonizadores angustiados e inquietos. La religión siempre ha sido una fuerza importante en el proceso de colonización. Durante la masacre del pueblo Selk'nam, las matanzas directas y el exterminio provocaron la muerte de entre 2.500 y 4.000 nativos (alrededor del 84% de la población total), y el posterior establecimiento de misiones religiosas trajo enfermedades mortales al resto de la población. Como dice una frase de la película anticolonial de México y Alemania Occidental de 1972, Aguirre, la cólera de Dios: “(…) por el bien de nuestro señor, la Iglesia siempre ha estado del lado de los fuertes”.

La masacre más brutal de la película no se presenta directamente en pantalla; en cambio, Segundo la narra frente a la cámara en español. En su narración usa repetidamente el pronombre "nosotros": "...entonces tomamos los fusiles y empezamos a disparar. Los indios empezaron a correr, se metieron en el mar. Los perseguimos y los estrangulamos con las manos hasta que se detuvieron. El mar se puso rojo." Cuando Segundo se refiere a sí mismo y a los blancos como "nosotros" y a los indios como "ellos", la película demuestra que ha completado su construcción de identidad como colonizador y perpetrador. Así, Segundo también es en cierto modo la Malinche; es intermediario, participante y testigo. El director Felipe Gálvez. cree que centrarse en la perspectiva del perpetrador es importante porque la película no trata de cuestionar o condenar las acciones coloniales, sino de “plantear preguntas y dejar que el público las responda” (“la perspectiva del victimario puede plantear una pregunta…Prefiero que la responda el espectador").

El dinero no es el motivo real de Segundo para participar en esta expedición; pero sí lo es un caballo. La parte más conmovedora de la película es la interacción de Segundo con el caballo. En primeros planos, acaricia el pelaje del caballo, observa sus ojos, siente su agitación y comprende su lenguaje. Cuando Segundo se suma a la matanza, la mirada del caballo reemplaza a la de Segundo, convirtiéndose en observador y testigo. El caballo también es un colonizador, una especie invasora. Desesperadamente, no se encuentran inocentes en la película. Una perspectiva dual tan fragmentada en la película crea tensión: los hermosos paisajes se yuxtaponen con masacres sangrientas, poesía contra la crueldad, sangre fría y fuego cálido, lo que casi hace que el acto de mirarse a sí mismo se sienta como un "pecado original".

El pecado original del cine y el despertar de La Malinche

Esta película no sólo explora el colonialismo; también trata del cine mismo. A diferencia de la idea de André Bazin del “mito del cine total”, que postula que el cine puede replicar mecánicamente la realidad y documentarla fielmente, el director Felipe Gálvez. cree que “el cine y las películas pueden distorsionar la realidad a través de la imagen” y reescribir la historia. Si dividimos la realidad en tres partes (la realidad misma, la realidad construida por el cine y la realidad formada por el acto de filmar), entonces Los colonos busca presentar las tres realidades en su sección final.

Luego de que Segundo relata ese extenso testimonio, aparece la cámara, y detrás de ella, hay una bandera chilena plantada en un pequeño barco. Organizados por un enviado presidencial, Segundo y su esposa, Kiepja, están vestidos con ropa europea y sentados frente a la cámara. Aunque él muestra cierta autorreflexión durante la narración de la masacre, se muestra dócil frente a la cámara, permitiendo que el enviado lo manipule en nombre de la óptica y la estética, con la ingenua esperanza de encontrar justicia a través de la verdad.

Comparada con Segundo, la indígena Kiepja es una rebelde que está por fuera. Cuando aparece por primera vez, es la traductora del pirata británico Coronel Martin, como la Malinche, pero le expresa a Segundo su fuerte desdén por esta forma de vida y le pide irse. Cuando aparece de nuevo, es un agente de acción, es quien corta la leña para ayudar a sostener la cabaña detrás de ella y a los hombres que están adentro, una de las acciones que originalmente Segundo realiza al comienzo de la película. Además, ante la cámara, reconoce instintivamente la brecha insalvable entre la realidad y la realidad que se está contando, por lo que se niega a cooperar. Sin embargo, ella no es una heroína; es simplemente una mujer despierta y enojada. Primero mira a la cámara real de Los colonos, luego vuelve a mirar a la cámara dentro de la escena. Este "blooper" revela el triple "pecado original" de la película: 1) la distorsión y reescritura de la realidad por el cine; 2) la glorificación y defensa del colonialismo en películas (como las del oeste); y 3) la implicación del cine en la construcción de mitos nacionales.

En otras palabras, la única realidad a la que tenemos acceso es a la construida por la cámara, moldeada por el acto de filmar, mientras que la realidad original se convierte en lo que Kant llamó la orilla inalcanzable (en alemán: Jenseitigkeit). El segmento final de la película presenta un registro histórico teñido de rojo, subrayando el tema de la "lente sangrienta". Concluye con un primer plano del rostro afligido de Kiepja, y esta mirada de la derrota destroza la glamorosa fachada de la historia, exponiendo las imágenes falsas meticulosamente cosidas por la cámara e interrogando silenciosamente al público frente a la pantalla.

Si matar con un arma y borrar la historia con una cámara son hechos igualmente violentos, ¿cómo evita Los colonos este "pecado original"? La respuesta está en los colores distorsionados y las imágenes deformadas, así como en las realidades exageradas combinadas con expresiones contenidas; esencialmente, sin intentar nunca restaurar la realidad. En la película, el rojo es casi el único color saturado. McLennan, apodado "Cerdo Rojo", viste un uniforme rojo del ejército británico que simboliza las ambiciones del imperio y las guerras pasadas, e indica que los colonizadores han llevado el racismo y la jerarquía predominantes del viejo mundo a todos los rincones de América. Bañados por la cálida luz del fuego, los cadáveres ensangrentados del pueblo Selk'nam parecen un lienzo pintado.

A diferencia de las imágenes, la aparición repentina de la percusión es mucho más impactante. La película termina con “Hush a bye”, la única canción en inglés interpretada por el cantante chileno Víctor Jara, quien fue asesinado durante el golpe militar en Chile en 1973. Esta canción entrelaza los asesinatos coloniales con el contexto histórico del golpe de 1973, haciendo que los espectadores reflexionen sobre cómo se repite la historia.

En 1974, murió el último Selk'nam de sangre pura.

En los tiempos de la conquista, Darwin llegó a Tierra del Fuego en 1832 y registró la vida de las tribus indígenas: no tenían jefes ni divisiones de clases; unas diez pequeñas familias vivían juntas y formaban una tribu de 40 a 50 personas donde todos eran iguales...

Quizás la mejor vida es la que no tiene historias, la tierra más bella es la que no tiene humanidad y la mirada más bella es la que carece de deseo.

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