Un lugar y un tiempo precisos, pero a la vez tan remotos que hacen que sus fronteras se desdibujen. Un pueblo perdido en el norte de Italia, con sus propias costumbres y rigores, al final de una segunda guerra que parece suceder muy lejos, pero que impacta en la ausencia de los jóvenes que han partido a cumplir sus compromisos, y en otro que llega intentando evitarlos.

Una familia, la del maestro local, Cesare Graziadei, que oscila entre el fervor de su vocación, la conciencia de su importante rol en la comunidad y los rigores extremos de su formación (y de su tiempo). Tommaso Ragno, visto en Lazzaro Felice (2018), de Alice Rohrwacher, compone un personaje complejo y cargado de contradicciones, algo que también sucedía en la película mencionada. El cine de Delpero tiene algunos puntos de contacto con el de Rorwacher, un sustento clásico neorrealista trabajado con perspectivas más propias del presente que genera obras que parecen estar fuera del tiempo.
El peso del relato recae en la hija mayor de Cesare, Lucía (debut de Martina Scrinzi), que deberá encontrar un equilibrio entre el deber y el deseo al relacionarse con Pietro, un soldado desertor oriundo del otro extremo de Italia.

De fondo, pero omnipresente, otro rigor, el del propio paisaje invernal de Vermiglio como soporte de esa tensión entre la historia con minúsculas y la historia con mayúsculas. En ese equilibrio delicado y austero radica la principal fortaleza del film de Delpero.
Sobre la directora
Maura Delpero nació en Octubre de 1975 en Bolzano, una localidad de Trentino-Alto Adigio, al norte de Italia, a unos 80 kmts de Vermiglio. Estudio Letras en la Universidad de Bolonia y en La Sorbona, y en principio se dedicó a la docencia. Como realizadora ha hecho toda su carrera hasta ahora entre Italia y Argentina.
Su primer largometraje fue el documental Signori professori (2008) que sigue a tres colegas para reflexionar sobre el rol de la docencia en estos tiempo. Luego llegaría Nadea e Sveta (2012), sobre dos mujeres migrantes en Italia, provenientes de Moldavia. Los lazos entre mujeres parecen ser el corazón de su cine. Esta película obtuvo una nominación al David di Donatello ese año.
Su carrera continuó en Argentina, con el montaje del documental 7 Salamancas (2013) de Marcos Pastor y la dirección de Hogar (2019), sobre dos madres adolescentes que viven en un refugio religioso en Buenos Aires. Como en Vermiglio, la maternidad está en el centro de una historia que por momentos parece transcurrir fuera del tiempo y en la que todos los involucrados tienen algo que aprender.
La muerte de su padre impulsó a Delpero a retratar tradiciones familiares con las que ella misma creció. De esa inquietud surgió Vermiglio, que obtuvo mucho reconocimiento y llegó a competir en el Festival de Venecia. Allí obtuvo el Gran Premio del Jurado, el premio a la mejor película italiana en competencia y el premio a la revelación femenina para Martina Scrinzi.
Sobre el lugar
Vermiglio es un remoto pueblo de los Alpes Italianos que al igual que Bolzano forma parte de la región de Trentino -Alto Adigio. Tiene menos de 2000 habitantes. La película lo muestra mayormente en pleno invierno.

Mi propia familia proviene de una zona relativamente cercana del norte de Italia, Forni di Sopra, una localidad aún más remota y aún más pequeña de la provincia de Udine, en la región de Friuli-Venecia Julia a unos 240 kmts al este de Vermiglio. Eso seguro tendrá algo que ver con la elección de esta película, pero se imponen sus propios méritos. Más allá de sus locaciones Delpero es una directora que habrá que seguir teniendo en cuenta.




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