Nos hacemos la peli con El Gatos con Botas, el últimos deseo, un filme que desafía todos los parámetros de la realización animada conocidas hasta el momento.
Dreamworks recupera nuestra mayor admiración al ponernos delante de una de las películas animadas más irreverentes y juguetonas de los últimos años. Entendiendo al personaje interpretado por la seductora voz del infalible Antonio Banderas, resulta curioso que un aledaño personaje de una línea secundaria merezca su historia personal en forma de filme.

Pero lo cierto es que sorprende cuánto exprimen los creadores de la película la era de amor fanático a los michis, creando momentos de ternura y contraste entre una lucha desalmada con los movimientos verosímiles y absolutamente ordinarios de los gatos, que se vuelven épicos, como la utilización de otros géneros, como el western o el animé, incluso algunos guiños tarantinescos en la presentación de los villanos.

La revolución en las técnicas de animación hollywoodense permiten texturas que imitan el 2D por encima del modelado 3D; renders inusuales cercanos al cómic; y menos fotogramas por segundo de lo habitual, cosa que dota a ciertas escenas de un aspecto de acción vertiginosa.

Una verdadera sorpresa grata que tras una trama llena de simbologías y con la presentación de un antagonista imbatible, el filme nos pone de frente temas como el amor, la amistad y la profunda filosofía que hay en el valor de la vida. El gran acierto radica en volver al Gato con Botas un ser vulnerable que hasta se enternece y da nombre a un perrito sin mayores pretensiones que agradecer su desdichada vida. Muy recomendable para los fans de los michis y de Shrek, pues el final del filme evoca cierto halo de continuidad que involucraría a los personajes de Far far Away.
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