Un título un poco ostentoso pero no por eso irreal: la película de 1976 dirigida por Martin Scorsese fue un antes y un después en mi vida. Fue un descubrimiento personal gigantesco que hasta el día de hoy me sigue sorprendiendo. Si tenía que escribir sobre algo algún día, sería sobre mi película favorita y llegó el momento: hablemos de Taxi Driver.
En muchas ocasiones desde que comencé a trabajar con contenidos de películas (ya sea como creador o crítico), me suelen agarrar los famosos bloqueos creativos. Algunos diminutos y otros enormes. En las últimas semanas atravesé uno muy grande: me sentaba en la computadora y no salía nada. Cada uno tendrá sus métodos para salir de eso, pero el mío es ver y hablar sobre mi película favorita de toda la vida.
Todos tenemos esa cinta que atesoramos con mucho cariño. No porque sea buena, no porque sea una obra maestra, simplemente porque nos impactó e hizo un click. Taxi Driver fue ese click para mi en la adolescencia. Desde pequeño, mis papás siempre me llevaron al cine, compraron algún VHS o alquilaron un DVD para disfrutar; la cultura de ver películas estaba instalada. Pero un día en un foro me topé con una imagen de un joven Robert De Niro en cuero, con una cresta y armas sobre la mesa, haciendo una especie de buche con una cerveza y quedé obsesionado: tenía que saber qué era eso.

Busqué por internet, descubrí que se trataba de una película y admito avergonzado que la terminé descargando en el famoso Ares. Apenas pude ver Taxi Driver me voló la cabeza. Obvio, no sabía qué era un plano, qué era el montaje, para qué servía el guion. Ni hablar de que conocía a De Niro por las comedias que veía en los canales de aire. ¿Martin Scorsese? ¿Paul Schrader? Ni idea, me mataste. Pero algo me cambió en la cabeza: no era lo que estaba acostumbrado a ver.
No recuerdo bien la edad, pero estoy casi seguro que fue alrededor de mis 15 años. Desde ese entonces hasta la fecha, intento verla una o dos veces por año para redescubrir la pasión que siento por las películas y en momentos como este de bloqueos creativos, me inspiran a seguir. ¿Cursi, no? Bueno, algo parecido le pasó a Paul Schrader en su momento, vayamos directamente a la cinta.

El primer guion que Schrader escribió en toda su vida fue el de Taxi Driver y lamentablemente su vida sirvió de inspiración. Según sus palabras, se “encontraba en un lugar muy oscuro de su vida” y “que no tenía lugar dónde vivir”. Se la pasaba tomando y fumando y a sus 26 años ya tenía problemas graves de salud. Un día se le cruzó por la cabeza cómo era la vida de un taxista, encerrado en su auto todo el día, ya que era algo parecido a lo que él mismo estaba experimentando a su manera. “Puedo escribir sobre él, no convertirme en él”, declaró Paul, quien admitió que este guion le sirvió como terapia. En esos momentos cargaba siempre un arma con él. Hasta se dice que escribió casi todo con un revólver apoyado en la mesa. Qué forma de motivarse, ¿no?. Tranquilos, no voy a hacer eso ante la falta de creatividad.

Y a partir de acá, podemos decir que el mismísimo Brian de Palma tuvo un rol importantísimo. Primero, fue quien presentó a Scorsese y De Niro para que ambos trabajaran en Mean Streets. Luego, el guion de Schrader le había llegado a él pero no podía hacerlo y le dijo a su amigo Martin si lo quería. Marty lo habló con su pareja y lo aceptó de inmediato.
En cuanto al actor que le daría vida al personaje principal, no había dudas de que a quién querían: Robert De Niro, quien en ese momento había ganado su primer Óscar por The Godfather II y se encontraba en Italia grabando Novecento de Bertolucci, pero nada de eso le impidió aceptar el papel de Travis Bickle junto a alguien que respetaba mucho como Scorsese. Algo que agiganta su figura fue que De Niro incluso, sacó una licencia real y trabajó como taxista durante un corto período de tiempo para interiorizarse en su personaje.
Otro factor importante que siempre me gusta destacar es la música: Scorsese tuvo que convencer al “viejo malhumorado” de Bernard Hermann, quien no quería aceptarlo hasta que por fin cedió. Lo quería a él sí o sí y no se equivocó: el compositor le dio la atmósfera perfecta a la película. Una ironía de la vida fue que en 1975, el año que terminó de componer todo para Taxi Driver, Hermann murió un 24 de diciembre y Marty confesó: “nadie podrá igualarlo”.

Hablar sobre esta película no tiene demasiado sentido. Todos sabemos qué pasa y de qué va. Si estás leyendo esto y aún no la viste, por favor, corré y mirala. Es uno de los grandes pilares en la carrera de Martin Scorsese, quién la definió con la palabra “soledad”. Y qué bien le queda, ya que reducir esta cinta a una sola palabra es muy difícil. Travis Bickle se convirtió en un ícono de un género cinematográfico, en el cual se explora el aislamiento del hombre y la salud mental.
¿Cuál es esa película que marcó su vida?
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