El gran actor
La historia de un planeta en el que los seres humanos sirven de fuerza esclava a simios inteligentes tuvo éxito, secuelas, y fuente literaria. Un fenómeno que hoy continúa con una nueva tanda de películas, algunas mejores que otras, pero todas consecuentes con la novela origen. La planete des singes (1963), de Pierre Boulle -mismo autor de El puente sobre el río Kwai-, se concreta como versión cinematográfica en 1968, de la mano del productor Arthur P. Jacobs y del director Franklin Schaffner. Este último, había sido sugerido por el mismo actor, Charlton Heston.
Al revés de lo que se supone, Heston impulsó proyectos que a primera vista podrían parecer ajenos a su idiosincrasia e ideología. Si se tiene en cuenta su republicanismo explícito y su tarea como presidente al frente de la Asociación Nacional del Rifle, bien podrían sustentarse tales objeciones; pero, las más de las veces, operan como reduccionismos. El “ser norteamericano”, si es que algo así es posible, es una rareza -tan fascinante como cualquiera otra- que debiera ser pensada en sus propios términos.
Dicho esto, Heston alumbró, por ejemplo, un film emblemático del cine negro como Touch of Evil (1958), e hizo posible la participación de Orson Welles como su director. Se sabe que esto sucedió a raíz de una confusión, que no desdice el asunto: el actor entendió que Welles dirigiría el film -algo que los productores no querían-, por eso accedió a participar, y por eso se le ofreció el sillón de dirección a Welles.
Como sea, Heston fue una de las grandes estrellas de su tiempo.
Una sociedad ¿distinta?

Tal vez desde la perspicacia o intuición, Charlton Heston se había sentido atraído por el guion de El planeta de los simios y al revés de las suposiciones generales, que desdeñaban al argumento por sus particularidades y riesgos inherentes, de alguna manera proclives a la comedia antes que al drama. Sin embargo, el interés de Heston influyó, y Richard Zanuck -director de la 20th Century Fox- financió el proyecto.
El planeta de los simios (The Planet of the Apes, 1968) propone una sociedad dividida en castas, cuyas características responden al origen primate: los orangutanes son la clase gobernante y sacerdotal; los chimpancés integran una suerte de clase intermedia, de posibilidades intelectuales y científicas; en tanto que los gorilas constituyen la fuerza bruta, sin capacidad de diálogo. A este mundo imprevisto arriba Taylor (Heston), un astronauta perdido en el tiempo y en el espacio, que debe confrontar con una sociedad simia de raíces primitivas (1), en un planeta desconocido, donde los seres humanos parecen desprovistos de la capacidad del habla. Su empeño por descubrirse ante los otros como un ser pensante -Taylor no puede hablar a causa de un disparo en la garganta-, lo lleva a una búsqueda traumática. A lo largo de su periplo, el astronauta es perseguido, torturado y enjuiciado: los gorilas le pegan, los orangutanes lo desprecian, los chimpancés lo utilizan para experimentos. Taylor encarna dos papeles simultáneos: por un lado, es el hombre blanco -norteamericano y soldado-, ante el que se expresa el rechazo de quienes fueron, alguna vez y en el pasado (como el argumento revelará), reprimidos; por otro lado, aparece como el poseedor de un saber que parecía olvidado y debe ser suprimido, de lo contrario, el orden de la sociedad simia peligraría. Este doble hallazgo encuentra, en las figuras de sus guionistas, ciertas claves.
Una película “a escondidas”

El primero de ellos, Rod Serling, fue el responsable de una de las series televisivas más increíbles de todos los tiempos: La dimensión desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964); su tratamiento argumental fue luego reelaborado por Michael Wilson, guionista que supo integrar la "lista negra" de Hollywood (2). En virtud de ello, no es difícil encontrar conexiones con el juicio al que Taylor es sometido y en el cual, ideado como una gracia entre Heston y Schaffner, los tres orangutanes que lo interrogan adoptan la postura del "see no evil, hear no evil, say no evil" (cada uno, con sus manos, encarna una acción distinta: tapar la vista, los oídos, la boca).
Si bien Zanuck se dedicó a desmerecer el contenido político del film, el equipo de trabajo sabía que estaba rodando una película política "a escondidas" (3). La hoy clásica imagen de la Estatua de la Libertad destruida se enmarcaba en un contexto donde el conflicto en Vietnam y los asesinatos de figuras como Johh Fitzgerald Kennedy o Martin Luther King, acompañaron un decaimiento general de las supuestas virtudes del american way. Taylor culmina su búsqueda de igual manera que la gran estatua: derruido, sin uniforme, y llorando ante la mirada desconcertada de Nova, ¡su hembra!(4)
El planeta de los simios es también expresión del auge particular que la ciencia-ficción tuvo en el cine hacia finales de la década de 1960. Género apropiado para el análisis, la metáfora y también la diversión, la ciencia-ficción fue el género elegido por films como Alphaville (1965, Jean-Luc Godard), Fahrenheit 451 (1966, François Truffaut), 2001: Odisea del espacio (1968, Stanley Kubrick), y THX 1138 (1971, George Lucas). En cuanto a la perspicacia de Charlton Heston y visto su recorrido, bien puede aseverarse que no estuvo equivocada, al volverse uno de los rostros arquetípicos de la ciencia ficción de esos años, en títulos como El hombre omega (1971, Boris Sagal) y Cuando el destino nos alcance (1973, Richard Fleischer).
Secuelas monas
El éxito de los monos provocó secuelas. El argumento de cada una de ellas lo dejamos a la curiosidad del espectador, sólo comentaremos algunos aspectos, que permitan acercarse a cada una de las películas, todas valiosas; y que constituyen el preámbulo necesario para el disfrute de las actuales producciones de la franquicia:

-Debajo del planeta de los simios (Beneath the Planet of the Apes, 1970, Ted Post) contó con un primer borrador protagonizado por un niño mitad simio, mitad humano; el argumento se descartó merced a la disposición del estudio de oponerse a “la relación entre distintas especies”.
-Escape del planeta de los simios (Escape from the Planet of the Apes, 1971, Don Taylor) se apega mucho más a la novela de Boulle, aunque de manera inversa: los chimpancés Zira (Kim Hunter) y Cornelius (Rody McDowall) viajan al pasado, conviven con los seres humanos y tienen un hijo.
-Conquista del planeta de los simios (Conquest of the Planet of the Apes, 1972, John Lee Thompson) tuvo problemas de censura. Ante el alarmante discurso final que tiene César (hijo de Zira y Cornelius) proclamando la victoria y rebelión final ante los humanos, la productora intervino y modificó sus partes más comprometedoras: lo que antes era rebelión, la FOX lo transformó en “pacificación”. Aun así, sigue siendo la película más violenta de la serie.
-Batalla por el planeta de los simios (Battle for the Planet of the Apes, 1973, J. L. Thompson) tuvo un primer borrador que fue rechazado; en éste se contaba cómo César peleaba contra seres humanos rebeldes que poseen una bomba atómica, para luego ser asesinado por un general simio. La condición para el nuevo guion y su rodaje fue la siguiente: “ciencia-ficción para chicos”. Esta es, claro está, la más floja de la serie.
Existe también una serie de TV que se emitió en 1974 y una serie de animación de 1975, además de los cómics publicados por numerosas editoriales, entre las cuales destacan Gold Key y Marvel. El planeta de los simios se transformó en un fenómeno que, sin embargo, no eclipsó los cuestionamientos sociales y morales que directores y escritores procuraron.
Notas:
(1) A raíz del escaso presupuesto, la sociedad simia tecnificada que Boulle ideó en su novela fue transformada por Schaffner en su opuesto, lo que constituyó un verdadero hallazgo creativo.
(2) La “lista negra” se originó en los interrogatorios y persecuciones ideológicas que incentivó el senador Joseph McCarthy en la década del ’50 ante la supuesta “amenaza comunista”. La industria del cine fue uno de los blancos preferidos de la así llamada “caza de brujas”.
(3) En el film documental Behind the Planet of the Apes (1998), Zanuck, entre otras cosas, aduce que la Estatua de la Libertad en ruinas no fue nada más que un golpe de efecto para el entretenimiento del público. El resto de la gente entrevistada opina, por supuesto, todo lo contrario.
(4) Por cuestiones “morales”, se filmó y se eliminó una escena que revelaba el embarazo de Nova.
Leandro Arteaga



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