Últimamente, cuando hablo con mis amigos sobre series y películas, solemos decir: "¡Lo de ahora es simplemente... aburrido!" Quizás sea yo, que me estoy poniendo más grande y me estanco en mis ideas, o quizás realmente sea que las películas están perdiendo su encanto. Pero justo entonces vi el desafío en Peliplat, “La película que te marcó” y me puse a pensar en aquella historia que me cautivó por completo. No necesité darle muchas vueltas al asunto, esta película siempre está en mi mente y me llena de emoción: estoy hablando (nada más y nada menos) de Corre, Lola, corre.
Esta película tiene algo diferente, no miento. Te guste o no, es ese tipo de historia que se queda grabada en tu memoria por siempre. Piensa en Lola: siempre está corriendo con su cabello rojo intenso al ritmo de una música electrónica palpitante mientras experimenta una historia en loop, como en un videojuego. Todos estos elementos crean esta experiencia inmersiva que simplemente te envuelve por completo, especialmente si la primera vez que la viste eras una adolescente obsesionada con los videojuegos.
Hace unos días la volví a mirar y descubrí que hicieron una restauración en 4K que se estrenó en los cines estadounidenses para celebrar su 25° aniversario. También descubrí que el director Tom Tykwer tenía más o menos mi edad cuando hizo la película. El tiempo y los números parecen dos aspectos inevitables al hablar de Corre, Lola, corre.
La trama es bastante directa. Lola (interpretada por Franka Potente) y Manni (interpretado por Moritz Bleibtreu) son una pareja joven. Un día, Manni pierde una gran cantidad de dinero y se enfrenta a una amenaza de muerte. Lola, si decide aceptar la misión, debe reunir 100,000 marcos alemanes en 20 minutos para salvar a su hombre. 100,000 marcos en 20 minutos. Suena casi como una misión de un videojuego, ¿no? Y a medida que avanza la historia, más se siente como uno: aparecen animaciones dibujadas a mano, la opción de reiniciar y los NPC con los que Lola se encuentra cada vez que corre. Incluso el tiempo que dura cada intento, unos 20 minutos, es casi el mismo que emplearíamos en una partida real.
Corre, Lola, corre no es la primera película que hace que el personaje principal atraviese diferentes historias. Antes, el director polaco Krzysztof Kieślowski ya había experimentado con esta idea en El azar. El personaje principal se embarca en tres viajes de vida diferentes, y cada uno conduce a un final distinto. Entonces, podemos decir que Corre, Lola, corre es una película que sigue el camino trazado por El azar, explorando la narrativa no lineal. Sin embargo, se diferencia con la primera por el entrenamiento lúdico, más evidente en sus cortes de escena rápidos.
Fíjate en esto: Corre, Lola, corre tiene alrededor de 1.581 transiciones (montajes, disoluciones, fades… el nombre que quieras darles) en 71 minutos de acción (es decir, con excepción de los créditos y la secuencia previa a estos). Eso significa que cada escena sólo dura unos 2,7 segundos en promedio. Hoy en día, las escenas son cada vez más cortas, pero hasta 2005 todavía duraban una media de 4 segundos. Por lo tanto, en comparación con otras películas de la época, las escenas de Corre, Lola, corre son definitivamente más rápidas y cortas.
Estos cortes rápidos, junto con la narrativa ajustada, hacen que Corre, Lola, corre desdibuje la línea que separa al cine de los videojuegos. A finales del siglo XX, era como un cartel de neón informándonos que en el nuevo siglo nos divertiríamos cada vez más con el mundo virtual, ya que incluso las películas copiaban contenidos distintos al mundo real. Pero para mí, una chica que creció jugando videojuegos, lo mejor de Corre, Lola, corre es que muestra lo increíbles que eran esos juegos que los adultos no entendían. Esa genialidad se muestra en la película. ¿Quién puede resistirse a un mundo virtual en donde a nadie le importa en verdad quiénes somos? En cuanto a la dura realidad que se esconde detrás de todo esto, es algo que sólo empecé a comprender cuando crecí.

Otra razón importante por la que esta película quedó grabada para siempre en mi memoria (y probablemente en la de muchas personas) es la propia Lola. No podemos olvidar su pelo pelirrojo (de hecho, la actriz llevaba peluca) o su frenético recorrido por Berlín con sus Doc Martens. Curiosamente, la actriz, Potente, no se entrenó para este papel porque el director no quería que pareciera una corredora profesional. Potente cree que la película trata sobre una persona que, en un momento crucial, usando unos borcegos, decidió confiar en sí misma y seguir adelante. Su interpretación revela un punto interesante: las constantes acciones en las que ella corre son una parte significativa del personaje de Lola y de toda la película.
Entonces, ¿por qué Lola siempre está corriendo? La razón más obvia es que necesita reunir 100.000 marcos en 20 minutos para salvar a su novio. Esta dinámica, en la que la mujer salva al hombre, contradice el habitual tropo cinematográfico del héroe salvando a la damisela en peligro. Sin exagerar, esta fue la primera película en la que realmente sentí el poder de un personaje femenino (a excepción de Lara Croft en el juego de Tomb Raider). Pese a ello, al final, cuando todo se resuelve, Lola parece seguir siendo la típica mujer tranquila al lado de su hombre.

Además de completar las misiones que le asignan, Lola cambia su propio destino y el de los demás con sus acciones. Incluso logra salvar a una persona moribunda al tomarle la mano, la tercera vez que corre. Para mí, lo más importante es que, a través de todos estas acciones, ella no se limita a seguir pasivamente su destino, sino que toma sus propias decisiones. Al final, logra cambiar su destino con libre albedrío. El tema del "libre albedrío vs. destino" es tan fascinante que Tykwer continuó explorándolo en Cloud Atlas: la red invisible y Sense8, en los que incluso introdujo la idea de multiversos.
Por último, quiero hablar de la visión romantizada del amor, con una cuota de pesimismo. La película realmente no proporciona ningún trasfondo para la relación de Lola y Manni, pero desde el principio se nos dice que ella cree que el amor puede vencer a la muerte. Con esta creencia, se embarca en una aventura épica para salvar a su novio, arriesgando incluso su propia vida. Por otro lado, el padre de Lola tiene una aventura, lo que no sólo sugiere el fin de su amor por la madre de Lola, sino que también muestra la naturaleza inestable de esta aventura: una visión más realista de las relaciones adultas. Quizás sea esta realidad la que hace que la relación de Lola y Manni parezca un romance que trasciende la vida real (incluida la muerte). Es curioso porque cuando era adolescente creía totalmente en este tipo de amor. Pero ahora entiendo mejor el pesimismo de Corre, Lola, corre: si hubiera una segunda parte, tal vez el objetivo principal de Lola no sería salvar a Manni, sino sacarlo de su vida.




¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.