The vanishing (el que avisa no traiciona) Spoilers

The vanishing

Esta película basada en la novela “The Golden egg” de Tim Krabbé comienza con un viaje de una pareja, iniciando las vacaciones, relajados. Saskia (Johana Ter Steege) y Rex (Gene Bervoets) van jugando juegos de palabras mientras manejan el Peugeot 404 por las afueras de Nimes, Francia. La pareja holandesa transcurre en las escenas con la inquietante pasividad que caracteriza este tipo de género. Sabemos que estamos viendo la calma previa a la tormenta. Resulta muy fácil de ver la veracidad del vínculo de ellos. Más allá de mostrar una vinculo estable, en un contexto relajado como lo es irse de vacaciones, se ven claramente las tensiones y las diferencias entre ellos, el intento de conciliar con la cadencia del otro.

El coche avanza por la zona montañosa y rural y tras meterse en un túnel, el auto se queda sin nafta. La tensión entre ellos crece, ya que es una negligencia por parte de Rex. Discuten y él decide dejarla allí para irse a buscar combustible. Al regresar, no la encuentre en el auto aparcado peligrosamente en la banquina. Avanza con el coche hasta el final del túnel y se topa con ella. Vuelven al ruedo y deben rápidamente detenerse a cargar combustible. Hacen las paces y Rex se disculpa por su actitud. Vemos momentos de ternura y profundo enamoramiento entre ellos mientras cargan combustible y aguardan para retomar el viaje. En paralelo a esto, vemos a un hombre que parsimoniosamente se coloca un yeso en el brazo, toma un viejo periódico y un tarro de un líquido sospechoso. Se dirige a la entrada del mercadito y aguarda pasivamente. En principio no entendemos bien qué pretende, pero hay una expectativa perturbadora en su mirada. Saskia decide ingresar al mercado a comprar algunas bebidas para el viaje. Rex espera 10, 15,30 minutos y Saskia no aparece. Se asusta y comienza a buscarla por todos lados. A partir de este punto en la película, no volveremos a verlos juntos.

Merece una mención aparte la actuación de Bernard Pierre-Donnadieu con su personaje Lemorne. Es un obsesivo de pura cepa y un sociópata. Vive con su mujer y sus hijas, a quienes ama y con quienes siempre está atento a sus necesidades. En el medio de la campiña francesa desarrolla su vida diaria teniendo que hacer varios kilómetros de ida y de vuelta. Una obsesiva idea se mete en su cerebro. Es en estos viajes comienza a levantar mujeres que hacen dedo. Su timidez vuelve medio sospechosas sus ofertas de aventón. Y se embarca en un fino camino de perfeccionamiento de su accionar para lograr su cometido. Este antagonista es puntualmente complejo porque en todo momento se nos expone su perversión y, lo que es más: Se busca que entendamos -o empaticemos- con la retorcida psiquis del francés. Viajamos a anécdotas de su infancia y juventud para comprender qué tipo de sucesos llevaron a este sujeto al presente que vemos en la pantalla. Es un villano que querrías de vecino, un hombre que no aguanto más y sucumbió. Es casi adorable y aunque sea el responsable de un crimen espantoso, casi dan ganas de abrazarlo.

Pero volvamos para atrás: Saska desapareció en la estación de servicio y desde entonces Rex sin descanso comienza a buscarla. Ininterrumpidamente. Luego de 3 años, vemos como con una pareja o affaire nuevo, camina las mismas calles donde perdió a Saska buscando algún tipo de señal o respuesta. Hace un tiempo viene recibiendo cartas del supuesto asesino de su ex novia, pero aún no se deja ver. Toda esta danza de cartas y encuentros ocultos es parte del fino trabajo de Lemorne para constatar cada una de sus hipótesis y acercarse cada vez más al destino que tiene preparado para Rex. Lieneke (Gwen Echkhaus) es la actual pareja de Rex y está cansada de que su hombre no suelte lo anterior. Ve una buena persona detenida y obsesionada con el suceso que marco su verano hace 3 años. Su actuación es de un dolor silencioso que aturde, realmente conmovedora. Espera que algo cambie, pero sabe que es imposible. Es imposible cerrar algo que quedó trunco e inconcluso. Su belleza, inteligencia y pragmatismo son innegables, pero no dialogan con las emociones del corazón. Así y todo, lo acompañara a Rex por los distintos vericuetos hasta abandonarlo al pie del tercer acto.

La película gana capas narrativas muy interesantes conforme avanza la trama. Vemos al Rex en programas de televisión contando su periplo. Vemos como se dirige al conductor y posteriormente habla a cámara. Salimos de su mirada para ver a Lemorne en un sillón recibiendo el mensaje que explícitamente Rex le dedica, volvemos al set de televisión donde la entrevista terminó y Rex recapitula su mente luego de ese momento. Va hacia atrás y hacia el presente contantemente completando las piezas de una imagen que nos fue enunciada pero no mostrada. Sabemos lo que ocurrió, pero necesitamos ver las razones y los pormenores. El espectador es llevado en un estado de embelesamiento por los recovecos oscuros y agrios de esta historia. Personalmente admiro cuando una película de este género no cae en los lugares comunes del susto repentino ni de entornos sombríos y oscuros. Que se desarrolle donde lo hace y que haya tantas escenas diurnas es un claro acierto.

El último acto comienza y asistimos con la ilusión de que no ocurra lo que esperamos. Al igual que en las tragedias antiguas, los personajes están condenados a realizar unívocamente la acción que los condena. Como pieza de un engranaje mayor, o como si quisiera que ese fuera su destino, Rex ve llegar el peligro y lejos de correr, se afirma en el piso. Eventualmente, el hambre de saber que le ocurrió a Saskia es más fuerte que cualquier pulsión de vida o de aviso de peligro. En parte se debe a que Lemorne constantemente pone sus cartas en la mesa. Muestra sus razones, el origen de sus pensamientos y sus conductas. Pone muy pocas condiciones. Es un hombre que ha tenido años para diagramar esta situación y sus posibles problemas contra otro que ha pasado 3 años extrañando a una mujer y se encuentra muy vulnerable. En el final, el desenlace se presenta como ineludible y unívoco, pero algo en nosotros esperaba que todo el tratamiento de la película y la profundidad a la que llegamos con algunos personajes nos permitan ver un final no diría feliz, pero al menos más acomodado o pacífico. Pero no. El gran acierto de esta película es ir meciéndonos con elementos que le escapan al género haciéndonos creer que se trata simplemente de una película dramática y no una de suspenso psicológico. Creo que es de las piezas mas bonitas que he visto de este género, con actuaciones poderosas y un tratamiento admirable del sonido. La cámara se mueve parsimoniosamente siendo siempre novedosa y testimonial. Excelente.

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