La película El Jockey (Luis Ortega, 2024): si la defino, la limito. 

La película argentina El Jockey (2024) se encuentra actualmente en cartelera y va cosechando reconocimiento en los festivales internacionales más importantes del cine como el Festival de San Sebastián donde ganó el Premio Horizontes Latinos. Este premio fue recibido por el actor Nahuel Pérez Biscayart, el protagonista de la película, que dio un discurso de agradecimiento recordando la situación crítica en la que se encuentra la cultura argentina en general. El director de El Jockey es Luis Ortega y cuenta con el apoyo de distintas casas productoras de diferentes partes del mundo. El director cuenta en entrevistas que le fue difícil encontrar financiamiento, luego de ver la película se entiende su complicación ya que se trata de un film que escapa de estructuras convencionales y es bastante experimental.

Es tal la experimentación que se torna difícil describir o contar de qué trata la película. Lo que se puede decir es que la película tiene lugar en Buenos Aires y se focaliza en la vida de Remo Manfredini, un jockey (Nahuel Pérez Biscayart) que fue campeón de las carreras de caballos hasta hace poco tiempo, pero que en el presente está inmerso en un mundo de alcohol y drogas a causa de experiencias pasadas de sufrimiento que no le permiten rendir en el deporte. Tiene un vínculo amoroso con otra jockey llamada Abril (Úrsula Corberó) que también es de las mejores corredoras y que está esperando un bebe junto con Remo. Ambos son manejados por el mafioso Sirena (Daniel Giménez Cacho) quien es el dueño de los caballos. En una carrera definitoria Remo tiene que ganar por la presión de Sirena, sin embargo tiene un accidente en la carrera y despierta con una lesión cerebral, a partir de allí les invito a que vayan al cine a verla porque el recorrido de Remo será un renacer inexplicable, de descubrimiento y con muchos giros.

El film es una indagación del formato audiovisual cinematográfico, por lo cual vivir esta experiencia en una sala de cine es disfrutarla en su esplendor, sumado a escuchar una gran banda sonora con canciones de Sandro, Palito Ortega, Virus, Nino Bravo y Mozart.

El Jockey es un film de intriga, suspenso y con tonos humorísticos generados por el absurdo que deja a libre interpretación del espectador muchas situaciones. Luis Ortega se permite usar los recursos de la puesta en escena para construir sentido por medio de las posibles asociaciones que pueda hacer el público, casi como un juego psicológico apelando a la potencialidad del cine, lo cual lo convierte en una vivencia totalmente refrescante del visionado audiovisual, sin poder predecir qué va a pasar después y dejando a la imaginación el atado de cabos inconexos.

Este tipo de películas son una jugada arriesgada en el sentido que puede salir muy bien o muy mal, al leer sólo el guión se le habrá dificultado a los actores saber si la película iba a ser algo excepcional o algo inentendible en el que el público no llegaría a comprender la esencia del film. Lo que hace que la película se acerque al lado artístico y metafórico es, en una primera instancia, las actuaciones, especialmente la de Nahuel Peréz Biscayart. El actor pasa por distintos registros actorales que adentran al espectador en la historia por completo. Al comienzo de la película tiene muy pocos diálogos, pero con su rostro, expresividad y corporalidad logra llevar adelante un guión complejo sin una estructura tradicional, pero apoyado en su interpretación como hilo conductor de la trama. El Jockey cuenta con un elenco de renombre nacional como Daniel Fanego y Roly Serrano e internacional tales como Úrsula Corberó, Mariana Di Girólamo y Daniel Giménez Cacho.

El Jockey es una película anacrónica ya que hay varios dispositivos de distintas épocas que conviven, ya sea un celular con pantalla táctil, una balanza antigua, vestuario que parece de los años 60 por momentos y que va a tono con la elección de algunas canciones de Argentina de los años ‘60 también. Esta convergencia de elementos ayudan a crear una Buenos Aires onírica y surrealista, sin un tiempo determinado. Las imágenes de la película y los personajes son potentes, varios planos quedan grabados en la mente del espectador sin comprender del todo por qué. Hay planos de la cinematografía del film que recuerdan a las películas del finlandés Aki Kaurismäki por la composición, iluminación y tono de la actuación. Por ejemplo, en una escena donde Abril y Remo están bailando, se muestra a los tres matones de Sirena viéndolos bailar con cara seria generando en esa contraposición el tono de comedia. Estos guiños no son casuales cuando vemos que el director de fotografía de El Jockey es el finlandés Timo Salminen, el mismo director de fotografía de la película Fallen Leaves (2023), Le Havre (2011) y The Man Without a Past (2002) de Kaurismäki.

Todos estas decisiones son aciertos del director de la película. Luis Ortega llevó adelante un proyecto que convirtió a la salida de ir al cine nuevamente en una experiencia única. El Jockey dista bastante en estilo y estructura de la película anterior de Luis Ortega, El Ángel (2018), la cual tiene una impronta clásica en su guión. Sin embargo, quedan vestigios del autor en la elección de la banda sonora ya que en El Ángel también se escuchan canciones de los años 60 de Leonardo Favio, Palito Ortega y La Joven Guardia, especialmente porque el relato de la película tenía lugar por los años 60 y 70.

El Jockey por su esquema de producción, actores de renombre nacional e internacional, la trayectoria del director, recorrido en festivales, innovación en el guión y calidad cinematográfica ha logrado captar la atención del público y marcar antecedente en los formatos de películas argentinas del ambiente comercial, estableciendo que no necesariamente hay que repetir esquemas narrativos o seguir fórmulas tradicionales para lograr que una película tenga espectadores y reconocimiento. La particularidad de que sea difícil definir de forma clara la trama de la historia es un signo de que gran parte del entramado de la película se da en su visualización. En sus planos y cómo se construye la relación visual de uno con el otro, apostando a que la película y su trama se logre configurar entre lo que el film tiene para mostrar y lo que el público ve y elabora en su interpretación, dejando la posibilidad de que no haya una única forma de ver la película o entenderla, sino que las conclusiones a las que se pueden llegar (si es que se llega a alguna) son tan variadas como la cantidad de personas que la vean e, incluso, una misma persona puede tener múltiples interpretaciones que quedarán resonando en su mente.

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