"La sustancia": La nueva carne rompe sus límites 

El cine perturbador, se encuentra en un estado de lo más perturbado. Y es que, si hace unos años, era impensable ver una película como “La sustancia” en un festival como Cannes, ahora no es que se haya visto, es que además ha sido galardonada con el premio al mejor guión de esta pasada edición. Sin duda, es un fenómeno digno de investigación, y aunque estas líneas están dedicadas a hablar del film de Coralie Fargeat por encima de intentar encontrar la grieta sociocultural por la que la directora ha metido la cabeza, no está demás hacernos ciertas preguntas al respecto.

Una película con muchas más capas de las que parece

Sin duda, desde la primera década del nuevo siglo, la “nouvelle vague” del terror francés, con títulos como “Martyrs” de Pascal Laugier, o “A l´interieur” de Alexandre Bustillo y Julien Maury, dejó entrever los nuevos caminos por los que se comenzaban a abrir paso una serie de propuestas que llamaban la atención por su falta de concesiones a la hora de mostrar escenas truculentas aderezadas con el gore más salvaje. No obstante, estos títulos no fueron más allá de los festivales de género fantástico hasta que Julia Ducournau entró en escena, allá por el 2016 con su film “Raw”. Poco a poco, la inclusión de temáticas sociales en un discurso que se balanceaba entre el puro terror y lo simplemente malsano hicieron que festivales de “clase A” – como Cannes – apostasen por programar este tipo de propuestas, ya que venían cubiertas de una provocación casi reivindicativa, empatando con lo que en otros circuitos comenzaba a tener la etiqueta de “terror elevado”.

“Titane”, de la citada Ducournau, fue la guinda del pastel al ganar la Palma de Oro en 2021. Este galardón fue muy polémico, ya que la cinta no gustó a todo el mundo, por ser excesivamente violenta y gráfica en una especie de mezcla entre el cine de David Cronenberg y Gaspar Noé. A propósito de este primero, la directora lleva muy lejos el concepto de “nueva carne” que se le acuñó al cineasta canadiense en sus primeros trabajos, desde una necesaria perspectiva femenina. Además, el hecho de que las cineastas comiencen a tener mucha más presencia en el género fantástico y de terror, encaja muy bien en las políticas actuales de ciertos festivales, en ocasiones, de manera gratuita, y en otras no tanto. Por fortuna, gracias al tiempo en que vivimos, muchas directoras tienen la oportunidad de demostrar su enorme talento y creatividad en terrenos que tradicionalmente han sido ocupado por hombres. Esto, tiene un cariz sociocultural, ya que estamos hablando de un género que promueve la incomodidad en el espectador, algo que – hasta ahora – estaba mal visto que proclamase una mujer. Hace unos años, no era nada habitual que las directoras citasen a Cronenberg como una de sus principales influencias.

Ahora no solo lo dicen, sino que aportan su necesario punto de vista al respecto, demostrando que no están ahí para cubrir una mera cuota. Este fue el caso de Ducournau, pero también el de la directora que nos ocupa en este artículo, Coralie Fargeat.

De “La sustancia”, es mejor no decir demasiado, aunque podríamos resumir que es una especie de “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde sustituyendo la poesía y la sugerencia por la física y la explicitud. En ella, la otrora celebridad del cine Elisabeth Sparkle (una insuperable Demi Moore), acaba de ser despedida de su trabajo como conductora de un programa televisivo sobre fitness. Ademásn, su jefe - un Dennis Quaid muy pasado de vueltas - se burla de su edad mientras “consume” repulsivamente langostinos. Ante semejante situación, Elisabeth sufre tal depresión que no encuentra otra solución que recurrir a una extraña sustancia que promete hacerle ser “su mejor yo”. Tras inyectársela, una Elisabeth mucho más joven (Margaret Qualley)saldrá del propio cuerpo de la “matriz” – la Sparkle original – durante 7 días. Pero lo que parece un sueño hecho realidad, se acabará convirtiendo en su peor pesadilla.

Moore, en su papel más importante desde “Ghost”

Lo más sorprendente de “La sustancia” es que sea la segunda película de su directora. A sus 48 años, Fargeaut debutó en 2017 con “Revenge”, otra loquísimo film de venganza que la puso en el foco mediático, aunque a un nivel mucho más suave del que ahora está sucediendo. Sorprende que su filmografía sea tan corta por la absoluta valentía que la directora demuestra al enfrentarse a un argumento que a simple vista podría ser bastante convencional. No es la primera vez que disfrutamos de cintas que critican la superficial industria del espectáculo (“The neon demon” de Nicolas Winding Refn , sería un buen ejemplo), y las parodias sobre la obsesión estética se remontan hasta la década de los noventa con películas como “Brazil” de Terry Gilliam o “Death becomes to her” de Robert Zemeckis.

Lo maravilloso de la propuesta de Fargeaut es su absoluta irreverencia, no solo con el género, sino con su propia película. La directora hace una minuciosa tesis, no solo sobre la hiper -sexualización del cuerpo femenino, adoptando un punto de vista cinematográfico puramente masculino, sino sobre como afectan los cánones estéticos al propio cine.

Como si ella misma se estuviese inyectando la sustancia a la hora de dirigir, la degradación de Sparkle afecta también al propio discurso cinematográfico de la cinta, pasando de la elegancia más kubrickiana al body horror más extremo del Peter Jackson iniciático. Pero lo que en otras manos hubiese sido un batiburrillo sin sentido, posee aquí un desarrollo bastante coherente, constituido en base a dejar perplejo al espectador desde el primer minuto. Una vez que entras en su juego, los sucesos que suceden en “La sustancia” son tan adictivos como la sustancia misma, dejando al espectador completamente indefenso ante la previsión de lo que pueda pasar, y al mismo tiempo relativizando el suceso extremo que presenció hace un par de secuencias. De esta manera, la directora da un gran salto al vacío poniendo toda la carne – nunca mejor dicho – en el asador, contentando a las demandas del público contemporáneo para – posteriormente – retorcerlas hasta lo grotesco y demostrándonos como somos víctimas de aquello mismo que deseamos.

Este artículo sería interminable si entrásemos a diseccionar el increíble juego formal que supone “La sustancia”, que si bien no tiene un guión absolutamente modélico – de hecho su dirección sobresale por encima de este – si que aprovecha todo el potencial del mismo para elevar la historia a algo casi metafísico, mostrando explícitamente las limitaciones del cuerpo. Consigue semejante hazaña gracias a unas interpretaciones memorables, pero también a un dirección artística exquisita, unos maravillosos efectos especiales y de maquillaje, y un trabajo de sonido envolvente y completamente hipnótico.

Qualley, la otra gran reina del show.

Desde el mismo comienzo, con ese plano del huevo que te resume el film, seguido del de la estrella de la fama, Fargeaut demuestra que es una directora superdotada. Lo es, al ser capaz de mostrar lo más complicado de la manera más sencilla, y a la inversa. Y desde luego, no tiene ningún miedo en llevar la historia hasta las últimas consecuencias poniendo en peligro que los espectadores se bajen del viaje en su último acto. Es este de tal exceso – digno del David Lynch de “El hombre elefante” mezclado con la “Carrie” de Brian De Palma – que no podemos hacer otra cosa que asistir boquiabiertos a un “Grand Gignol” para el que no todos estaremos preparados.

Y es que, como todas las obras que perduran en el tiempo, “La sustancia” toca temas completamente tabú a través de discursos cinematográficos relativamente minoritarios – como el fantástico – y de mano de cineastas que saben de lo que hablan en primera persona, ya que un hombre jamás podría haber dirigido esta película con una crudeza tan honesta y dolorosa.

Sin duda, estoy ansioso por ver cual será la próxima locura de esta directora, una “doctora frankenstein” que con su creación ha demostrado que nada es imposible.

Fargeat con su premio en Cannes.

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