Reseña "Martín García" (2024) 

La isla Martín García es un lugar extraordinario de la geografía de nuestro país. Única frontera seca entre Argentina y Uruguay, esta reserva natural no solo es importante por la cantidad de flora y fauna autóctona (por poner un ejemplo, hay más de 800 especies de plantas y más de 250 especies de aves, además de diversos peces, reptiles, anfibios, etc.) que conserva sino que también fue escenario de sucesos históricos de nuestro país. Desde ser campo de concentración de los derrotados de la Conquista del Desierto hasta ser prisión de presidentes argentinos como Yrigoyen, Perón, Frondizi y Alvear; la isla ciertamente está envuelta en un aura de misterio y suele despertar la curiosidad de todo aquel que oye su nombre.

No es extraño entonces que la historia que propone el film haya surgido a través de una inquietud. El director Aníbal Garisto nos cuenta que el viaje del protagonista le llegó a partir de un amigo, el cual le contó que a principio de los 2000s, vivían en la isla unos cien habitantes, de los cuales uno solo era adolescente. Con la pregunta ¿Qué hace un adolescente solo en una isla? en mente, Garisto junto a Vanina Sierra idearon este guion, donde temas como el amor y la identidad entran en juego junto con la conexión con la naturaleza.

La película comienza con el viaje de Germán (Ignacio Quesada) y su madre Carla (Mora Recalde) desde el puerto de Tigre en dirección hacia la isla. Al llegar, a él lo vemos caminar lenta y pesadamente por el muelle y la voz en off del adolescente nos termina de confirmar lo que estamos pensando: Germán no quiere estar allí. Pero lo hace por su madre, que ha decidido mudarse a la isla para vivir junto a Julio (Rafael Ferro), su pareja más reciente y dueño del restaurante de la isla. A Germán le cuesta en un principio encontrar su lugar, ignorando los intentos de los habitantes de la isla de hablar con él (lo que le gana el apodo del “Mudito”), e incluso empieza con el pie derecho su relación con quien será su interés amoroso: la guardaparques de la isla, interpretada por Thelma Fardín. Junto a ella (es ciertamente una decisión bastante errada que su personaje no tenga un nombre propio como el resto de los personajes), Germán irá descubriendo la isla y, poco a poco, amigándose con su nuevo hogar.

A estos personajes se agregan la isla y su entorno, convirtiéndose no solo en el lugar donde sucede la historia sino también en un personaje más de la película. Desde las diversas especies que la habitan hasta sus atardeceres, todo es capturado de una manera muy natural y documental. Esto puede deberse a la extensa carrera del director en la rama del documental. A pesar de que Martín García es su opera prima en el terreno de la ficción, Garisto ha dirigido diversos largometrajes documentales como El Polonio (2011), Los Ojos de América (2014, ganadora de un Martín Fierro), y Kombit (2016), además de las series documentales, Libertarias (2019, ganadora mejor guión de serie documental Argentores) y La Mirada de Lestido (2022). Esta carrera desarrollada mayoritariamente en el mundo del documental le da sin duda una ventaja a la hora de encuadrar y contar el espacio. Indudablemente, lo más destacable de la película.

No solo la fotografía aprovecha este lugar increíble sino que desde el trabajo del sonido se aprecia la magnitud del escenario natural. Los silencios aportan mucho a la hora de desarrollar las relaciones de los personajes sino que dejan que la isla “hable” por sí misma (es muy elogiable el trabajo del sonido directo). En contraposición a estos silencios, aparece la voz en off de Germán como recurso para contar lo que va sintiendo a medida que conoce la isla. Si bien como recurso es admisible, lo molesto es que esta aparece en abundancia durante la primera parte de la película pero desaparece abruptamente en lo que resta de la cinta. Podría haberse dado de manera más paulatina, si la idea era que ese sobrepensar muy propio de la adolescencia desapareciera una vez que el personaje se adentra más en la isla.

Por otra parte, hay que mencionar la banda sonora de la película. La música es una gran aliada de la trama a la hora de contar los sentimientos de Germán y ese traspaso de la ciudad a la naturaleza. La misma atraviesa de manera muy inteligente los sentimientos del personaje. Algo muy interesante es que si bien las letras de las canciones se ajustan muy bien a las escenas, estas no fueron compuestas exclusivamente para la película. Luego de haber presenciado su show como teloneros nacionales de Green Day (en su visita a Argentina en Septiembre del 2022), Garisto contactó al grupo Bastardos del Under para que sus canciones formaran parte de Martín García. Un gran acierto ya que el repertorio de la banda se ajusta muy bien al desarrollo de la trama. Comenzando por temas estridentes, de corte punk, que se relacionan con el ambiente de la ciudad de donde proviene Germán, para luego terminar siendo más melódica y acústica, más a tono con lo natural y tranquilo de la naturaleza. Lo que forma un arco armónico de la travesía de Germán y de su crecimiento como adolescente y personaje.

Partiendo de una premisa simple, que es exaltada por el alucinante entorno en el que se desarrolla, Martín García es una película amable y cálida. Gracias a la conexión lograda entre la naturaleza y el crecer adolescente, Garisto compone una coming of age disfrutable que se desarrolla de manera orgánica y sin demasiadas sorpresas en su camino.


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