¿Destino Final? Matar el Horror Elevado Spoilers

Década de los 60, algún lugar de Estados Unidos. Una joven junto al que será su futuro prometido viaja a un lugar sorpresa. Ella las odia, pero nosotros, los espectadores…muchas veces las amamos. En el auto donde viajan suena “Bad Moon Rising” de Creedence, una canción que habla sobre la convulsionada sociedad norteamericana en torno a la Guerra de Vietnam, la sensación de fatalidad e inestabilidad inminente, pero, sobre todo, habla sobre los tiempos de cambio. Tal era la necesidad de la saga más traumática de todas por reinventarse, que nos dejó en su sexta entrega las pistas muy temprano, pero no para saber cómo morirían los protagonistas, sino para que entendamos que su puesta en escena es pura simbología.

La pareja baja del auto. Él le da la sorpresa: reservó una cena de lujo en la imponente Torre Sky View, una estructura arquitectónica tan avanzada para la época que de sólo pisar un pie ya da miedo. El paralelismo es evidente. ¿Ascender a la cima de un nuevo tipo de terror, o quedarnos en lo seguro? Iris, nuestra protagonista, es la clave para la doble vara que maneja la narrativa. Como en todas las entregas anteriores, en el preámbulo hay un desastre colosal que involucra a muchas personas, una vuelta en el tiempo y una carrera contra el tiempo.

Pero el giro se da tempranamente cuando se nos revela que no es Iris quien tiene estas visiones, sino Stephanie, su nieta, varias décadas después. Y es que Iris, en el presente, se encuentra cual Clear Rivers en la segunda entrega de esta saga: aislada, deteriorada…pero en este caso a niveles postapocalípticos. Un hogar digno de cualquier fortaleza en ‘The Walking Dead’ es lo que refugia a la sexagenaria, que inesperadamente recibe a una Stephanie sedienta de curiosidad. Las explicaciones comienzan, Stephanie toma el legado en sus manos. Es hora de la sangre.

El desastre inicial es el mejor elaborado de toda la saga

¿Qué es la muerte? ¿Un rayo que cae cerca nuestro, un viento que sopla leve en la cortina del baño, un tronco? ¿Son las señales que esquivamos y no queremos ver? ¿Es algo más allá de nuestra comprensión? ¿Acaso tiene forma? Con el boom de las historias adolescentes en los 90s y el éxito de Los Expedientes Secretos X, el director James Wong (no confundir con James Wan) se vio inspirado por el plot de una película de los 80s algo olvidada para iniciar su propia saga de suspense/terror. Y casi sin quererlo inició un viaje en el que las posibilidades parecen infinitas ya que el enemigo a vencer es el más viejo de ser humano, ese que al nombrarlo nos hace erizar los pelos y nos invita ingenuamente a querer olvidarnos de él, aun sabiendo que siempre estará presente.

Con la muerte no hay accidentes. No hay coincidencias, no hay percances…y no hay escapes. Cada movimiento que hacemos, de lo mundano a lo monumental, la luz roja en la que paramos (o no), la gente con la que nos acostamos o la que no quiere, los aviones en que viajamos o de los que nos bajamos. Todo es parte del esquema sádico de la muerte que nos lleva a la tumba. ¿Pero qué tal si podemos engañar a la fuerza más implacable e invisible de todas, y hacerle creer que no estamos preparados para su tan esperado “momento” como ejecutante? Tony Todd resumió en aquel primer intrigante encuentro entre su personaje Bludworth y los jóvenes Alex y Clear la trama a la que tanto nos aferramos por años, pesadillas del inframundo que nos hicieron dudar de si ponernos detrás de un camión repleto de troncos o subir a una montaña rusa era la peor idea posible.

¿Qué tal…si pudiéramos controlar nuestra fecha de despedida?

A partir de esa sangrienta y muchas veces ridícula exploración del choque entre la vida, la supervivencia y la muerte a la que se le dio vida veinticinco años atrás, muchos traumas quedaron en el camino. Las dos primeras entregas nos dieron algunas de las muertes más icónicas de este siglo (re-explotadas grandiosamente en la comiquísima El Mono de Osgood Perkins), pero a medida que la fórmula se repetía sin mucho esfuerzo ni originalidad, algo se perdió. ‘Destino Final 5’ fue la frutilla podrida que coronó a este amargo postre estrenado hace catorce años. Un intento vacío e inocuo por llamar la atención de los no fanáticos (y poco ávidos) que desconocían el impacto de la primera, y un nuevo desperdicio para los que nos habíamos maravillado con aquel desopilante pero no poco aterrador concepto de la muerte como un ente.

No fue hasta este 2025 en el que la dupla de directores Lipovsky/Stein se decidió por darle un shock de reanimación a la saga con este buen soplo de aire fresco titulado Final Destination: Bloodlines. Sí, los tiempos cambiaron, y con el los intereses de la audiencia. El género de terror viene transicionando desde hace unos varios años con la simbólica inclusión del horror elevado, un término progre que sólo denota la necesidad de muchos por etiquetar y catalogar todo lo que parece ser “diferente”. En esta línea de colocar a la familia y las relaciones como el eje de sus historias (Ari Aster con ‘Hereditary’, Robert Eggers con ‘La Bruja’ o Jordan Peele con ‘Get Out’ podrían entrar en el listado quizás como las más significativas), la lucha más primitiva volvió para darle forma a un festín de sangre, tripas y muertes ingeniosas que va a ser materia de memes dentro de un par de años (o meses, teniendo en cuenta los tiempos de redes sociales que corren).

Así como sucede con la muerte, no pudimos evitar las secuelas mediocres en su momento. Es hora de darle una vuelta a la página. Somos como un ratón con un gato detrás agarrándole la cola. En este caso el gato sería el equivalente a la falta de ingenio. El núcleo diegético de Destino Final siempre será el mismo, pero no por eso debe ser extinguido. Sí redefinido, pero nunca dado por muerto. Al fin y al cabo, la muerte no tiene fecha de caducidad.

Espero que estén bien…

Miren bien cuando se les caiga un vaso de vidrio, recojan todos los pedazos. No utilicen demasiados piercings, y definitivamente si ven una moneda antigua, desháganse de ella lo más rápido posible.

Nos vemos pronto. O no…


POR JERÓNIMO CASCO

Publicado el 2 de JUNIO del 2025, 21.38 PM | UTC-GMT -3

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