Wicked me dio ganas de ser POPULAR (sólo por cinco minutos) 

Toda mi vida he sido una persona impopular, callada. Poco egocéntrica. Para nada llamativa. Era aquel que en la primaria, mientras todos en el recreo se juntaban en grupos de cuatro o cinco gritando sin sentido alguno y queriendo llamar la atención, se quedaba solo en una esquina. Observando. Era un niño Batman casi sin saberlo. Hay algo en esto de analizar a las personas que siempre me pareció fascinante. Y no es una mera auto lamida a mis sentidos: realmente me apasiona tratar de desenmarañar los misterios detrás de cada ser humano al que me cruzo.

No opté por querer o pretender ser “distinto”. Simplemente lo soy. No soy mejor ni peor que nadie. Soy. Y no tengo nada de qué avergonzarme. Soy aquel que opta por la nula falsedad, por desnudar mis sentimientos cuando así lo desea y que prefiere ser uno mismo antes que pertenecer al montón, aunque eso tenga ciertas consecuencias.

En la fabulosa Wicked de Jon M. Chu sucede algo similar: Elphaba Thropp es la hija de un gobernador que siente rechazo a su propia hija desde que nació. Los únicos que empatizan con ella son los animales que conviven en su enorme hogar…y todo porque tiene la piel de color verde. Bueno, yo nunca la tuve de ese color ni tampoco sentí rechazo de mis padres pero logré captar a los tres minutos de qué iba todo esto. La vida muchas veces nos empuja a desnudar nuestro costado más malvado, pero es en esa lucha interna (y diaria) en donde decidimos con qué parte nuestra quedarnos. El día contra la noche, el bien contra el mal. Eterno.

La realidad es que la película nunca estuvo en mi radar. Antes de darle play en Hbo Max pensé que iba a estar ante una tonta y superficial adaptación del musical basado en la icónica El Mago de Oz de Victor Fleming. Y a pesar de que sí contiene todos los elementos básicos para poder definirla de esta manera, yace en lo profundo una historia mucho más compleja y humana: la del miedo a lo desconocido. ¿Y qué mejor manera de recrearlo en una realidad paralela y desconocida como la que componen la Ciudad Esmeralda, Munchkin Land y todos sus alrededores?

En esta suerte de “Harry Potter se mezcla con el Mago de Oz” tenemos color y efusividad, amores platónicos y fugaces, y un complot mediático en el que la maldad es formada a fuerza de encantos disfrazados y miradas llenas de nada. En donde la magia se concentra como el atributo más deseado por jóvenes que nada tienen de magos. Elphaba es nuestra Harry reversionada, la “diferente” que sobrevivió no a Voldemort, sino a Oz y sus secuaces.

Una realidad en la que todo es posible para estos muñecos de cera danzantes, pero a costas del maltrato animal. Donde la sensación de poder, y no el poder como tal, es solo una herramienta de control y dominio sobre aquellos que se someten fácilmente ante las malas influencias. ¿Donde quedó el libre pensamiento?, me pregunté una y otra vez mientras veía a Elphaba destrozarse por dentro ante la repulsiva y desgastante mirada de los demás estudiantes. ‘Wicked’ contiene una interesante metáfora de una porción de nuestra actualidad en relación a la opinión de las masas. Elphaba, mejor conocida como “La Bruja Malvada del Oeste”, no comete ningún acto de maldad durante las dos horas y cuarenta minutos de metraje.

Es una historia de origen en donde se desmitifica a las brujas. No existen ni existieron. Se nos mintió toda la vida (perdón Eggers, amo ‘The Witch’ pero no creo en ellas). Siempre fueron una excusa para glorificar al hombre como el género dominante.

Si ella es tan diferente al resto y nunca hizo nada malo, ¿será que soy un brujo? Quizás sí, pero también quise ser el personaje de Ariana Grande por cinco minutos. Y no para tener a un hermoso Jonathan Bailey bailando a mi lado y que me diga lo perfecta que soy, no.

Quise sentir lo que verdaderamente sucede desde el otro lado, desde la inocencia maquillada con sonrisas inquietantemente eternas y peinados artificiales dignos de algunas figuras de acción que tengo en casa. Quise por un momento entender qué sucede en aquellos que no aceptan un no como respuesta, qué les revuelve las entrañas por querer llamar tanto la atención…y como hacen para salir adelante ante tanta falsedad reflejada en sus ojos.

‘Wicked’ se siente como mi historia real, en la que imitaba al niño más popular de mi grado queriendo copiarme su jopo en la frente. Elphaba intenta ser Glinda (o Galinda, es lo mismo, a final de cuentas ni a ella le importa su propio nombre) moviendo su oscura melena pero no puede, sabe que no “encaja”. Como seres racionales no es hasta que llegamos a un cierto punto de nuestras vidas que nos damos cuenta de que ser vale más que intentar ser. Ese momento de realización en Elphaba se da cuando conoce al Mago De Oz y se da cuenta de que su figura es una mentira, de que él está detrás de toda la conspiración contra lo natural, contra los mismos animales que cuidaron de ella.

¿Y cuando te llegó ese momento de realización, se estarán preguntando? La respuesta podría ocultarla, pero si no ¿para qué estoy haciendo este artículo?

Hace ocho años tuve un accidente que me cambió la vida: me abrieron la cabeza porque tenía un coagulo que me estaba matando lentamente debido a una fractura interna. Sin pensarlo algo cambió en mí, así como en Elphaba. Era ese tipo de persona que siempre intentaba sacarle una sonrisa a todo el mundo, que siempre estaba para los demás, que siempre se preocupaba. Pero no me oscurecí, sencillamente enfoqué mi energía en lo que realmente importa.

Quizás como Elphaba, decidí revelarme contra todo aquel que le haga daño a lo que más aprecio. Estoy lejos de volar por los aires y manipular objetos como por arte de magia, pero también tengo una escoba a pocos metros míos y muchas ganas de dejarlo todo para irme a lo profundo del bosque en soledad. ¿Eso me hace malvado, o simplemente alguien…diferente?


Publicado el 24 de JULIO del 2025, 21.29 PM | UTC-GMT -3


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