Encuentros y despedidas 

Este será mi último artículo oficial para Peliplat, por lo menos por un buen tiempo. Otros rumbos laborales me llevarán a vivir nuevas aventuras, que serán también comunicadas por aquí. Por supuesto seguiré respondiendo comentarios y leyendo los artículos de los demás. Sólo dejará de estar esa frecuencia en la publicación que me impulsó a completar 170 notas en estos dos años completados en la plataforma.

Quiero agradecer a Peliplat por la oportunidad de escribir y a todos los lectores que comentaron los artículos y a veces me hicieron repensar lo que había escrito. A Liza, mi correctora oficial en todo este tiempo, y a varios amigos que extraoficialmente se ocuparon de leer las notas cuando salían y señalar algunas cosas que se podían mejorar.

También fueron parte central de estos escritos mis alumnos, en particular los que forman parte de la Peña Peña, que los alimentaron con sus inquietudes, luego los acompañaron y finalmente les dieron difusión.

Una primera idea para el contenido de este artículo, más allá de los agradecimientos era hacer un balance del año, como sucedió en el año anterior con mi nota El año pasado en Peliplat. No ocuparé un artículo completo con eso, pero sí vale la pena mencionar algunos números generales y características salientes lo vivido en el 2025.

Como ya he señalado los artículos en total fueron 170, y entre todos completaron más 441.000 visualizaciones. Los me gusta fueron más de 4.500. En cuanto al contenido, sostuve las temáticas del año pasado pero intenté desarrollar dos áreas de mi interés, la cobertura de festivales y las entrevistas. Todos esos artículos se pueden encontrar juntos en los siguientes links. En cuanto a la cobertura de festivales me ocupé como siempre de Mar del Plata y del BAFICI, repetí la buena experiencia de Cosquín y sumé uno que de alguna forma logró amalgamar lo mejor de los otros tres, el FICER, así que será cita obligada en el futuro. Sobre esto he publicado 27 artículos en total.

Las entrevistas han sido lo más satisfactorio de la experiencia Peliplat 2025, gracias a la muy buena predisposición de los entrevistados, y eso me ha impulsado a dedicarme más a fondo a ello en el futuro. He publicado 16 en total, pero sólo 4 el año pasado y 12 en este.

El año nuevo que nunca llegó

Suficiente balance. Quedarán en carpeta muchos temas que tenía apuntados para futuras notas. Ahora sólo quiero rescatar un repaso de las películas comúnmente llamadas navideñas, porque transcurren en un período de cambio y revisión de lo vivido similar al mío, más allá de coincidir en fechas.

Debo adelantar que no soy muy afecto al cine navideño, y aún así encuentro buenos exponentes del género. Muchas de las películas que caen en esta categoría suelen ser algo ñoñas y cursis, algo que también vale para una categoría mayor conocida como “películas para toda la familia” (a esas últimas en general les escapo). Aún así, por algún milagro navideño, siguen quedando buenos títulos de los que se puede hablar.

La primera pregunta que hay que hacerse es si existe algo que se pueda calificar como “película navideña” y que esté relacionado con su espíritu más que con su superficie, o alcanza con que la acción de la película esté situada en navidad para entrar en esa categoría. Algunos de los títulos referidos parecen formar parte de este mundo con más comodidad que otros, pero intentaré a abarcarlos a todos.

En el cine internacional las referencias parecen infinitas. De todas las posibilidades me limitaré a mencionar diez, navegando entre las modélicas y las rebeldes.

En esa centralidad del modelo las películas apelan a la familia como sostén y a la unión antes las vicisitudes, con un mensaje esperanzador y las dosis de ñoñez y cursilería advertidas. Son las más abundantes, pero me quedo con dos porque siguen siendo grandes películas a pesar de todo y, lo más sorprendente, a pesar de uno mismo, que habitualmente condena lo que celebra en ellas. Es lo que se conoce habitualmente como placer culposo, aunque habría que dejar la culpa de lado. La primera de ellos es Realmente amor (2003), de Richard Curtis, que se sostiene gracias a su dream team de intérpretes británicos y se burla de su propia condición de película navideña de la misma forma descarada que el personaje de rockero decadente (gran Bill Nighy) se burla de la versión navideña de su propio hit. El segundo caso es el que con mayor facilidad puede considerarse LA película navideña (así con mayúsculas), y siempre rankea primera en cuanta lista surja. Se trata de ¡Que bello es vivir! (1946), de Frank Capra. Clasicismo puro tan bien hecho que resulta inoxidable e inolvidable. Un milagro atemporal copiado hasta el infinito y más allá por otras obras que solo refuerzan la idea de que no era tan fácil hacer algo así.

Qué bello es vivir

Habría que sumar a este grupo aquellas películas en principio anti navideñas que terminan siendo tan navideñas como las anteriores. Allí entran dos títulos más, y muy conocidos, El Grinch (2000) de Ron Howard, que también se hace fuerte en base su intérprete, aunque en este caso sea uno sólo, y El extraño mundo de Jack (1993), de Henry Selick (muchos creen que es de Tim Burton, pero él es sólo el autor de la historia en la que se basa). Conviene aquí recordar el título original, Pesadilla antes de Navidad. Las dos expresan un costado rebelde pero a fin de cuentas afín a ese espíritu buscado.

Si hubiera que pensar una auténtica película anti navideña esa sería, a mi juicio, El día de la bestia (1995), de Alex de la iglesia, ideal para quien crea necesario cortar con tanta dulzura. Como vamos de a pares, podría señalar también a Gremlins (1984), de Joe Dante. En estos dos casos la rebeldía expresada es mayor.

Otro itinerario posible es el aquellas películas que simplemente están situadas en esa época tan particular del año pero ello es sólo un marco de referencia, allí se encuentran por ejemplo la extraordinaria y exquisita Carol (2015) de Todd Haynes y la reciente El año nuevo que nunca llegó (2024) de Bogdan Muresanu, que muestra los días previos a la caída de Ceaucescu en Rumania en 1989.

Hay una película que, a mi entender, es todo lo señalado a la vez, y quizás por ello sea tan popular, esa película es Duro de matar (1988), de John Mc Tiernan.

Falta una pero quiero hacer un paréntesis para referirme al cine argentino, que parece no ser tan afecto al cine navideño. Sin embargo a más de 20 títulos que se pueden señalar, de todos ellos me quedo con cinco. Dos recientes: Ven a mi casa esta Navidad (2023), de Sabrina Campos y Las fiestas (2022), de Ignacio Rogers. Un documental, Todo el año es navidad (2018), de Nestor Frenkel (hay otra con el mismo título de 1960). Un clásico, Navidad de los pobres (1947), de Manuel Romero y con Nini Marshall. Y una que bien puede rankear como LA película navideña argentina, Felicidades (2000), de Lucho Bender. Todas las películas y series sobre el 2001 (que son muchas) entran en sintonía con la película rumana ya mencionada.

Felicidades

Los tiempos de balance sirven para ordenar un poco el pasado pero también para proyectarse al futuro, por eso quiero terminar con una película del año que viene, aún no estrenada, Amarga navidad, nada menos que de Pedro Almodóvar, y con Leo Sbaraglia en el protagónico. Es tiempo de empezar a vislumbrar el futuro.

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