One Battle After Another
(162 min) ¡¡¡¡Contiene algunos spoilers!!!
One Battle After Another de Paul Thomas Anderson es la cinta más comercial que haya realizado su director. Aparte de un presupuesto colosal –entre 130-175 millones de dólares–, una historia que hace guiño a un tema contingente como la migración y un ritmo más al grano que sus películas anteriores, esta película para muchos se sentirá como disfrutable pero cualquiera que empiece a repetir en conversaciones que se trata de una obra maestra, tal vez debiera fijarse en el hecho de que cuando un estudio invierte tanto en una película solo para apenas recuperar la inversión, no le queda otra que convertirla en un éxito crítico esperando que con el tiempo la película de réditos por medio del streaming y se lleve los premios de prestigio de la industria. Lo que trato de decir es que los comentarios positivos son solo subliminales lo que es el fin último de la publicidad cinematográfica. El caso es que al igual que como paso con una cinta anterior de Anderson There Will be Blood (2007), la categorización de “clásico”, “obra maestra” es una exaltación no merecida. One Battle After Another no solo no es una gran película (lo que no es su verdadero crimen) sino que aparte de no indagar seriamente en los temas sociopolíticos que propone tampoco es el espectáculo que uno espera de una producción de este calibre. Al verla en el cine me preguntaba ¿en esto se gastó tanto dinero? Aparte de dos secuencias de acción y bueno el cheque abultado de Di Caprio y la aparición de otras dos estrellas como Sean Penn y Benicio del Toro, nada en la cinta te hace levantarte de la silla de la forma que te esperas de un blockbuster o incluso un blockbuster con contenido.

Como la mayoría de las películas de Anderson, que es un buen heredero de Altman en las tramas corales, el reparto hace de las suyas con algunos excéntricos personajes pero la actuación protagonista de Di Caprio como el fumeta Pat Calhoun/Bob Ferguson es un fracaso. Si al final la intención del director es brindar esperanza a la audiencia haciendo triunfar a padre/hija frente a la adversidad reaccionaria el resultado es desprolijo puesto que en ningún momento sentimos que Di Caprio sea padre de la adolescente que interpreta Chase Infinity o que el “Viva La Revolución” que grita enérgicamente al menos dos veces durante el metraje se sienta autentico.
La historia de One Battle After Another se basa libremente en la novela Vineland de Thomas Pynchon, la cual no pretenderé haber leído, pero que se dice está ambientada en los EE.UU. de Ronald Reagan. Anderson altero varios nombres de personajes y reciclo los elementos que más le interesaban para hacer esta cinta, que es la primera desde Punch Drunk Love (2002) que se sitúa en la contemporaneidad. Pynchon, una suerte de autor contracultural, ya fue materia prima para una anterior cinta de Anderson, la impenetrable Inherent Vice (2014). En esta ocasión el director ha matizado las excentricidades y establece un hilo conductor bastante sólido, quizá el mejor aspecto de la película junto con la interpretación de Sean Penn como el reprimido y reaccionario coronel, villano central en esta historia.
La película versa sobre unos revolucionarios de corte antiimperialista, conocidos como los French 75, que se dedican a liberar inmigrantes ilegales de los centros de detención fronterizos del estado de California. En uno de sus operativos en Otay Mesa, San Diego, la líder afroamericana Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor) comete el error de entrar en el ojo del teniente Steve Lockjaw (Sean Penn) a quien humilla sexualmente antes de escapar de la misión junto a su pareja y experto en bombas Pat (Leonardo Dicaprio).

Cuando Lockjaw desarrolla una obsesión con Perfidia, se siembra el fin para este grupo. Tras sorprenderla in fraganti mientras coloca bombas en un edificio corporativo, el teniente la soborna con sexo a cambio de hacer que no la arresten a ella y al resto del grupo. Pronto Perfidia queda embarazada y en un estado de cordura alterado sigue en su rol de terrorista pese a que el inocente Pat la insta a criar a su hija “en común” y abandonar su labor de activista.
Con el tiempo Perfidia es atrapada tras una fallida misión en un banco (donde de paso elimina a un guardia negro) y Lockjaw intercede para que su amante/rehén entre al programa de protección de testigos y delate a sus compañeros del French 75, varios de los cuales terminan siendo detenidos o asesinados. La heroína se saca un haz bajo la manga y escapa hacia México para desgracia de Lockjaw que creía ilusamente haber encontrado al amor de su vida.
Dieciséis años pasan al menos y Pat (ahora bajo la identidad de Bob Ferguson) y su hija Willa viven ocultos en la localidad ficticia de Baktan Cross. Bob es una suerte de Big Lebowski, permanentemente fumando hierba y paranoico respecto a la seguridad de su hija que al igual que su madre tiene inclinaciones activistas y se entrena en artes marciales con el sereno sensei Sergio St. Carlos (Benicio del Toro).

Respecto a Lockjaw que ahora tiene el rango de coronel, al llegarle la posibilidad de formar parte de un selecto grupo supremacista denominado como los Christmas Adventurers, cae en cuenta que su membresía está en peligro de saberse que tiene una hija mestiza con su desaparecida amante por lo que decide usar su influencia para invadir Baktan Cross y deshacerse tanto de Pat como de Willa. El coronel despliega todo su poderío militar y policial en el pueblo al mismo tiempo que los pocos sobrevientes del French 75 dan las malas nuevas a Pat/Bob, mientras su hija está en una fiesta de instituto y le instan a abandonar su casa y reunirse con ellos en los conocidos puntos de encuentro, petición que resulta difícil dado que el ex miembro no recuerda mucho sobre las contraseñas y ni siquiera en los momentos críticos esto está permitido. En ese aprieto, Pat/Bob no le queda otra que recurrir al sensei interpretado por Del Toro que como se devela, tiene una gran operación de albergue de indocumentados en el edificio que comparte junto a su esposa. Willa en tanto es rescatada por una antigua colega de Pat interpretada por Regina Hall, quien esconde a la adolescente en un convento de monjas afroamericanas que cultivan marihuana (ja ja).
A partir de aquí la película deriva en sendas escenas de escondites y persecuciones y por supuesto las improbables salvadas de último minuto. El cine es cine, y siempre he creído que dependiendo del material y la representación que hayamos logrado con los personajes, no se puede culpar a un director de darle al público lo que quiere. En esta obra, la más sentimental de Anderson si descartamos Licorice Pizza (2021) las emociones son un tanto artificiales. Di Caprio que ha caído en el error de interpretarse a sí mismo en varios de sus últimos roles no hace nada distinto con el personaje del fumeta que le ha dado el director y se queda corto de lo que hizo alguna vez Jeff Bridges en The Big Lebowski (1997). Cuando lo vemos increpar desesperado al miembro del French 75 que le solicita la contraseña por teléfono, sus rabietas son del mismo tipo que las que tienen sus personajes en Once Upon a time in Hollywood (2019) o Don’t Look Up (2021). Como trabaja poco y su imagen de niño bonito nunca se quedó con él, de alguna manera vemos factible que le den el papel de un fumeta holgazán y alcohólico pero al ver varias de sus escenas en la primera parte del filme (que se siente como una larga introducción) en ningún momento uno se logra comprar a Di Caprio como un revolucionario experto en bombas y cuando grita el “Viva la Revolución” ya sea en la secuencia en Otay Mesa o cuando se despide del Sensei antes de la malograda fuga, se siente como “too much”. En este respecto, la estrella debiera acordarse de su patrimonio de más de 300 millones de dólares antes de aceptar el rol de un revolucionario.
Sobre el arco padre e hija, no se puede decir que el guión les de muchas escenas juntos a Di Caprio y a Chase Infinity por lo tanto se siente como si estuviéramos obligados a creer que son padre e hija respectivamente y eso quita credibilidad a la desesperación de Pat/Bob por dar con el paradero de Willa una vez esta es atrapada por Lockjaw. La única vez que tenemos una evidencia de como interactúan ambos es cuando ella lo reprende por haber llegado tan tarde tras una noche de juerga. Aparte de un tiro fallido a Lockjaw cuando el coronel se apresta a trasladar a Willa del convento, Di Caprio no tiene ningún momento de acción real y su hija se salva con sus propios medios (y algo de suerte) tanto de que la asesinen unos paramilitares contratados por Lockjaw o del hitman de los Christmas Adventurers que la persigue en la carretera.

En cuanto a los alcances progresistas de One Battle After Another, la película se queda corta como propuesta artística en contra del clima reaccionario que se vive en EE.UU. Películas como El Norte (1983) de Gregory Navas no planteaban el tema inmigratorio como una broma y te metían de lleno en la experiencia de ingresar ilegalmente a la gran potencia solo para vivir pequeñas victorias y luego grandes derrotas. El tono comedia no es un delito realmente, pero al menos los chistes deberían resonar. Cuando los críticos o directores como Spielberg o Scorsese reverencian a la película por reflejar los tiempos actuales supongo que se refieren a escenas como la del largo plano secuencia que sigue a Di Caprio y Del Toro mientras se esconden de los conscriptos que han mandado a capturarlos. Si bien se desarrolla un disturbio clásico a la woke en el centro del pueblo, el interés del director está en la actitud de Pat/Bob y su compulsiva necesidad de cargar el celular que lleva con él, una obvia metáfora sobre la dependencia a los móviles ¿Es necesario gastar tantos recursos para hacer una escena así mientras lo importante sucede en el disturbio? Si nos ponemos a pensar, en la película todos los inmigrantes son extras, ni uno forma parte del reparto principal lo que me da para pensar que la cinta cae en lo paternalista: Como siempre, el gringo es el único capaz de salvar el día. Me recuerda a la falacia de aquella cinta de David O Russel, Three Kings (1999) donde teníamos que creer que el trio de soldados liderados por George Clooney estaba tan compenetrado con los disidentes de Husseim como para arriesgarse a una corte marcial. En fin, hasta un tipo como Anderson tiene aspiraciones a la Top Gun: El Heroe es el Norteamericano.
La mejor escena del filme ocurre cuando Lockjaw que no sabe que los Christmas Adventurers han descubierto su secreto, atrapa a Willa y la somete a un test de paternidad con un dispositivo ultra avanzado. Penn logra en esta escena junto a la personaje de Chase Infinity, una química actoral que Di Caprio nunca desarrolla del todo con su colega. Cuando ambos personajes esperan el resultado del test, Lockjaw le hace a Willa las típicas preguntas que le haría un padre ausente, solo para que ella le contra pregunte “¿Por qué tu polera es tan apretada?” En todo este arco del personaje de Lockjaw y su vínculo con los Christmas Adventurers se nota un deje de Dr. Strangelove por parte de Anderson, y cuando Penn le grita a su hija “Cállate, puta mestiza” y la cámara apunta a su rostro de ojos vidriosos y rictus impotente, es una pirueta Kubrick, casi al mismo nivel que todos los planos de rostros dementes que haya realizado el fallecido director.
En términos de ritmo, Anderson ha conseguido contar una historia de 162 minutos de forma bastante ágil, y eso hace que sea su película más accesible. La deliberadamente tensa banda sonora de Jonny Greenwood así como en el filme más reciente de Nolan, Oppenheimer, le da pulso a gran parte de las escenas pero sin caer en lo rimbombante pues al final de cuentas Anderson siempre ha mostrado más preocupación por los personajes a diferencia del popular director británico. Pero para una película que gastó más de cien millones en su producción de alguna forma te preparas para un espectáculo y ese espectáculo no lo recibes. La única secuencia de acción importante es la persecución entre el Hitman de los Christmas Adventurers y Willa. Si bien los ángulos de cámara en la carretera ondulada son de una perfección que equipara a la steadicam que perseguía a Danny con su triciclo en The Shining (1980), Anderson resuelve la escena de forma tan abrupta y simple que te quedas con gusto a poco. Por muy injusto que pueda sonar, toda esta escena de persecución se me hace gratuita, al igual que lo hizo la escena de persecución en The Batman (2022). Una vez que el Hitman se deshace de Lockjaw (aparentemente) ¿Cuál vendría a ser la utilidad de matar a Willa? Supongo que darnos un clímax. Algunas reseñas (y los creadores de esta cinta) han hecho paralelos de esta escena con el trabajo de Friedkin en The French Connection (1971) pero no hay punto de encuentro. Aquella película se hizo con 1 millón y medio de dólares de la película de la época y ofrecía no solo una sino tres grandes secuencias de acción o suspenso. Pero aparte de eso había una cadencia lógica de los sucesos.
¿En qué diablos se fue tanto dinero de todos modos? Supongo que gran parte en el reparto con al menos 3 estrellas consagradas y en las sendas estrategias de marketing. El hecho de que la película fuera filmada en un formato como el VistaVision y se halla hecho tanto bombo y platillo al respecto se basa en una estrategia desesperada de Hollywood por convencer a la gente de mantener los cines con vida (lo mismo que pasa con el IMAX de Nolan o Villeneuve). Si uno pone se pone a pensar, este consorcio entre Anderson y Warner no sonaba como un mal plan: un director autor que viene haciendo ruido desde los 90’s, un gran presupuesto, Di Caprio, más de 100 millones en producción. El tema es que se ha intentado disfrazar esta película como una obra maestra solo porque no logro ser un éxito en taquilla. Creo firmemente que algo huele raro cuando veteranos directores, sitios online como Rotten Tomatoes, Sight and Sound y contando, todos simultáneamente se pongan de acuerdo en que One Battle After Another es una obra maestra. Es parte de una avanzada por revitalizar el cine como cine, lo que no es indigno pero al menos se debiera ganar la batalla honradamente.
Paul Thomas Anderson ha demostrado talento en retratar a seres humanos complejos e interconectados. Es un buen creador sin un estilo demasiado propio. Quizá en esta película quiso poner a prueba lo que era ser respaldado bajo un gran estudio, o tal vez solamente lograr un resultado que le reportara los premios que le han sido esquivos. Esta pelicula tiene todo lo que le gusta a los votantes: Reparto multiracial, temas progresistas, una trama que propone pero que no se excede, etc y etc. One Battle After Another ganara una estatuilla que se siente más como un reconocimiento a la obra que a la película en cuestión.



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