Videoclub | Wolfs (2024) 

Producida y protagonizada por George Clooney y Brad Pitt, Wolfs iba a llegar a los cines argentinos en el mes de septiembre. Por razones inentendibles, no comunicadas por Apple TV, dicho estreno no sucedió, ni acá ni en el resto del mundo (el film apenas tuvo un estreno limitado de una semana en Estados Unidos, para luego pasar a la plataforma de la manzanita). Una verdadera lástima, no sólo porque dicho mes fue una lágrima a nivel taquilla en nuestro país (si la lastimosa secuela de Beetlejuice pudo vender más de 420 mil entradas, fue menos por mérito propio que por la nula oferta de títulos en la cartelera local), sino porque, además, con su elenco estelar, tono liviano y trama criminal, Wolfs hubiese llevado a los cines a ese público cada día más olvidado por los estudios: los adultos.

En cualquier caso, si hubiera que buscarle un lado positivo a dicha cancelación, éste sería que la distribuidora local se ahorró el desatino de estrenarla con el título mal traducido Lobos. En efecto, lobo en inglés es wolf y su plural no es wolfs, sino wolves. Como habrán notado en el póster, el título está escrito con F, pero esto está lejos de ser un error gramatical, ya que Wolfs no referencia al animal que le aúlla a la luna, ni a su solitario equivalente humano, sino a un nombre propio: el de Winston Wolf, el personaje creado por Quentin Tarantino e inmortalizado por Harvey Keitel en Pulp Fiction (1994). Si recuerdan aquella obra maestra, Winston era ese hombre enigmático, circunspecto y sobre todo eficiente que, sin perder tiempo en cordialidades, se ocupaba de resolver los problemas más complicados de los demás (como la desaparición de un cadáver y la limpieza del auto que lo transportaba). Tan efectiva y memorable fue su caracterización que, en el imaginario colectivo, “The Wolf” devino sinónimo de la figura del “fixer”. Por ello, al contar la historia de dos de ellos, la nueva película de Jon Watts (director de las últimas Spiderman) pertinentemente se titula Wolfs (y si les queda alguna duda con respecto a esto, la trivia de IMDb los invita a comparar las patentes de los autos de Clooney y Keitel en ambos films).

Detalles ortográficos de lado, hablemos de la película: todo comienza bien simple, con el sonido de un golpe, un vidrio rompiéndose y una mujer gritando. Un par de planos de establecimiento de la ciudad de Nueva York más tarde, vemos a una fiscal famosa (Amy Ryan) en una habitación de un hotel de lujo, contemplando el cadáver de un joven (Austin Abrams) que no es un prostituto (uno de los chistes recurrentes del film). Pronto arriba su salvador, el Sr. Clooney, quien la tranquiliza y, mientras limpia la escena del crimen, diluye su incredulidad contándole que él no sólo existe, sino que además es el único que hace ese tipo de trabajo. Segundos después, ingresa a la habitación el Sr. Pitt, convocado por el hotel para encargarse del mismo problema. Debido al conflicto de intereses entre los involucrados, los fixers, contra su voluntad, deberán trabajar juntos. Claro está, una larga noche los espera, puesto que el cadáver no está tan muerto que digamos y, encima, lleva consigo cuatro ladrillos de droga que deberán devolver cueste lo que cueste.

Mucho más cerca de la trama enroscada, el dúo carismático y el andar relajado de The Nice Guys (2016) que de la odisea nocturna llena de tensión y reversos de After Hours (1985), Wolfs no se preocupa tanto por los vericuetos de su relato, que se complejiza conforme pasan los minutos, sino más bien por aquello que lo sostiene: su dúo dinámico, los Sres. Wolf del título. Habiendo provisto sobrada evidencia de su química juntos (en entrevistas y, sobre todo, en la trilogía de La gran estafa de Soderbergh), los amigos Clooney y Pitt le prestan sus hombros a Watts para que éste apoye sobre ellos buena parte del peso narrativo de la película. Como en toda buddy movie, es la evolución del vínculo entre los protagonistas lo que la saca adelante: de no querer estar en la misma habitación a tolerarse, de percatarse de que pueden aprender cosas el uno del otro a entenderse sin siquiera abrir la boca, y de cuestionarse mutuamente a reconocer que juntos trabajan mejor que solos. Y si todo este arco evolutivo está llevado adelante con gracia y fluidez, en parte es gracias al guión y a secuencias logradas como la de la persecución y la del casamiento, pero particularmente es gracias a las expresivas miradas que los actores se dirigen y que la atenta cámara de Watts captura, ahorrándonos así innecesarios diálogos expositivos. No obstante, así como el conflicto moral de Clooney es manifestado con cierta sutileza, ésta brilla por su ausencia en otros aspectos del film, como su banda sonora, la cual parece empecinada en constantemente subrayar todo lo que los protagonistas callan.

Olvidé mencionar que ambos fixers carecen de nombre, una omisión desde ya justificada narrativamente (debido a la naturaleza de su profesión, los personajes no pueden andar develando su identidad), que además refuerza uno de los temas del film: detrás del anonimato, de la máscara cool, de la figura del título que todo lo puede, hay una persona, un ser humano solo, cansado y conflictuado. A su manera, Wolfs nos habla no sólo de los gajes del oficio de sus protagonistas, sino también de los de los actores que los interpretan: detrás del dúo Clooney-Pitt, detrás de la fama y la fortuna, de la credencial de “sexiest man alive” y de la imagen pública de estrella de cine que todo lo puede, están George y Brad, dos tipos cuyos problemas pueden pasar desapercibidos para los demás, menos para ellos mismos. Para muchos (como para el joven Abrams), tal vez representen un aspiracional, pero su soledad y el dolor en sus espaldas sólo ellos lo conocen (entre “lobos” se reconocen). Sin mucho esfuerzo, uno puede imaginarse por qué el guión de Watts les resultó atractivo, a tal punto que ambos decidieron producirlo.

En una crítica reciente, mencioné tres de las películas que Apple TV estrenó en este 2024 —omitiendo involuntariamente al drama Fancy Dance (cuya existencia desconocía) y a la desastrosa Argylle (sobre la cual escribí aquí)—, y destaqué cómo, luego de años de financiar proyectos sin un norte claro, el estudio finalmente parecía haber encontrado su rumbo gracias a producciones pasatistas con elencos de renombre, tales como Fly Me To The Moon, The Instigators y Wolfs. Cabe señalar, sin embargo, que sólo dos de los cinco títulos citados fueron estrenados en la cartelera local. Podrían haber sido tres, puesto que, como dije al comienzo, Wolfs iba a llegar a nuestras salas. Pero además de volver aún más cuestionables las decisiones comerciales de Apple, la cancelación de dicho estreno significó también la cancelación de la secuela que Watts ya estaba escribiendo. Nuevamente, una lástima: si una producción de este calibre, protagonizada por dos de las estrellas de cine más grandes del planeta, no merece ser estrenada en cines porque el estudio desconfía de su rentabilidad, me pregunto qué le queda al resto de las películas. Para colmo, ésta encima era buena.

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