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76 89 03

76 89 03 (2000)

Esta película en blanco y negro dirigida por Flavio Nardini y Cristian Bernard encuadra a 3 amigos durante 3 instancias de su vida. En una jovial instancia escolar, en la noche de mayor inflación de la historia del país y en un 2003 futurista y desesperanzado. Es una película grotesca, en blanco y negro y repleta de porteñismos ácidos y desvergonzados. Oídos sensibles abstenerse.

Comenzamos con un curso de colegio donde el alumno Paco (Diego Mackenzie) levanta la mano para ir al baño acusando un dolor estomacal. En realidad, bajo el uniforme oculta una revista para adultos, mucho mas interesante que la lección reaccionaria y clerical de su profesor. Lo vemos en el baño culminando su sesión masturbatoria valiéndose dela estrella del momento: Wanda Manera (Sol Alak). El alumno es descubierto por su profesor quien notifica a sus padres.

Ya en su casa los padres de Paco alias “el rengo” se deshacen en insultos que descalifican al otro por la imposibilidad de ganar buen dinero, arguyendo que el hijo en cuestión será igual de fracasado. Paco, sale de su casa en bicicleta donde tendrá un accidente que lo bautizara con ese apodo. En el círculo de gente rodeada, vemos a Wanda Manera arrodillada, dejando ver algo más que la preocupación en su rostro.

La segunda instancia es en el año 89’. Los tres amigos: Dino (Sergio Baldini), Salvador (Gerardo Chendo) y Paco beben en un bar del centro para despedir la soltería de Paco, quien embarazó a su novia y debe casarse más por obligación que por gusto. Los amigos en cambio, no paran de despotricar contra la futura novia quien más allá de tener sobrepeso, pareciera tener con rienda corta al pseudo resignado de Paco. Es una película que no duda en exponer la xenofobia, gordofobia y la violencia de esos años. Pero no en vano. Es una radiografía exacerbada (y no tanto) de los caminos del neoliberalismo salvaje y su desenlace siempre cruel. Una guiño a los rostros estampados contra una vitrina mirando la última televisión que no podrán comprar.

A su manera, cada amigo es preso de su falencia y se esfuerza por mostrar sus aciertos. Dino dice ser un gran hombre de negocios, pero habla, toma y gasta más de lo que tiene. Paco pareciera tener la vida más ordenada por estar en pareja, pero debe tolerar los comentarios descalificadores de su suegro y de sus amigos, quienes insisten que es imposible que un hombre se case con una ballena. Por otro lado, Salvador, vive con su madre y no se le ha conocido pareja. Maneja un flamante Torino “celeste académico” (alcaremos que tanto Flavio Nardini como Gerardo Chendo ambos son fanáticos de Racing) y esa pareciera ser toda la carátula de su hombría. Pero algo tienen en común los 3: Todos adoran a Wanda Manera desde sus más íntimas –y no tan íntimas- fantasías.

Los vasos de whisky van bajando mientras con una calculadora minuto a minuto el barman actualiza los precios del líquido. La trama pega un giro inesperado cuando al salir del bar y realizar unas cuadras con su auto, Salvador se percata que el vehículo en el cual hicieron varias cuadras no es su auto, se confundió y agarro uno idéntico. En ese auto encuentran en el baúl, un portentoso maletín y se deciden a intentar venderlo para regalarse y regalarle a Paco, una última noche de verdadero sexo. La fantasía y el desafío es conseguir a Wanda Manera.

Sin entrar en spoilers, las actuaciones de los 3 son muy parejas y forman un tríptico compensado. Se mueven con soltura en un guion sin fallas que facilita deslizarse por los textos con soltura y simpleza. Hay un código muy bien aceitado en este grupo de amigos que se deja ver inmediatamente

Pero debo decir que siendo quien les escribe, un actor que mira muchas películas, si tuviera que elegir un rol para esta película no sería alguno de los 3 protagonistas. Es que llegando hacia el final de lo que se deja ver como 1989 (instancia donde transcurre el grueso de la película) aparecen dos personajes tan desopilantes como caricaturescos: Simón Movicom (Fernando Cia) y Rudi (Claudio Rissi) parecieran sacados de un guion de Tarantino que no vio la luz. Retratan a la perfección la perversión de la vida en la noche porteña. Parecieran sacados de Fear and Loan en las Vegas si se hubiera filmado en el microcentro.

Personalmente amo esta película. Es la muestra viva que se pueden hacer grandes cosas con un presupuesto acotado, lo que le da valor doble al resultado final. Estilísticamente coquetea con la Nouvelle Vague utilizando fondos a negro como separadores con alguna presentación de mundo o de personaje. El blanco y negro sellan de atemporalidad esta historia. ¡Muy buena!

Pd: Recién la tercera vez que la vi note que Martin Slipak aparece. Tiene una escena preciosa en la que quizás sea su primera película. A ver si, notificados de antemano lo identifican…

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